este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
Afuera todo es gran agitación, ruido de tráfico y
ajetreo, de velocidad, de impaciencia...ruido de vida. ..y la Vida está
aquí.
Cuando
las personas tienen mucho que pensar, mucho que caminar, mucho que
correr... andan ahí, Señor, ahí afuera. Desde aquí se oye el clamor del
mundo. Ruido de coches, motocicletas, ruido de gran tráfico y ajetreo,
de velocidad, de impaciencia. Hace mucho calor. Afuera todo es gran
agitación, ruido de vida...y la Vida está aquí. En esta
soledad, en este silencio, en esta semipenumbra, en esta quietud...
La nave desierta... Mármol, vitrales, imágenes... nada tiene vida,
todo es materia muerta, solo hay algo que tiembla, que se mueve, que
parpadea... es la lámpara roja del Sagrario. Está señalando que en ese
silencio, en esa quietud, en esa gran paz está Dios. Un Dios que siendo
el Rey de todo lo creado, está oculto tras unas cortinillas y una
pequeña puerta. Silenciosa y humilde espera. Entrega y sumisa esperanza
de un Dios que es todo amor. Mansedumbre infinita, paciencia de
siglos... Locura de amor de un Dios enamorado de sus criaturas. Sólo a
un Dios que muere por amor se le podía haber ocurrido semejante entrega.
Ahí estás, Señor, encerrado en todos los Sagrarios del mundo, desde
los de oro y piedras preciosas, en las imponentes y majestuosas
catedrales hasta los más humildes y simples de madera, en las iglesias
perdidas de las sierras y en las casi legendarias misiones. Ahí te
quedaste, Señor, paciente y sumiso, esperando. Porque los enamorados no
pueden dejar a quien aman y tu te ibas a la Casa del Padre Celestial, a
tu verdadero Reino con tu Madre, con los Santos, con los Ángeles...y
nosotros aquí, solos, tropezando, cayendo perdiendo el CAMINO...,
teniendo cada vez más lejano, más borroso, el recuerdo de tu paso por la
tierra.
Pero no, te quedaste aquí, dando todo por nada; esperando, siempre
esperando en tu gran locura de amor; para que sepamos que no te fuiste,
que estás aquí, para ser nuestro alimento, carne de nuestra carne,
sangre de nuestra sangre; para compartir nuestra alegría, para
acompañarnos en nuestra soledad y nuestras penas.
¡Supremo amor de todos los amores que no pudo dejar solo al corazón
del hombre porque sabía que tarde o temprano el corazón del hombre lo
buscaría, lo necesitaría, lo llamaría... Y Él, sin pérdida de tiempo le
daría la respuesta de amor: