domingo, 02 de mayo de 2010
Autor: Desconocido






A TODAS LAS MADRES DEL MUNDO EN EL DÍA DE SU FIESTA

Tú eres, madre, mi centro de estas mal trazadas líneas que un hijo tuyo te envía. Un hijo, cerca de ti o alejado por distancias kilométricas por los primeros o lontanos años de la niñez. Esto no tiene importancia. El fin es el mismo, eres tú, el centro de su amor, reverbero de amor divino. Al leerlas, sé que tus ojos se iluminarán, temblarán tus labios, las estrecharás en tus brazos, contra tu corazón, como algo tuyo, como cuando era niño.
     Siento que recobras las fuerzas; que rejuveneces con pura juventud, libre de cosméticos; al ver que tu amor-sacrificio, es correspondido por algo tuyo, muy tuyo, por tu hijo.
     Tus besos, tus caricias, tu recuerdo, es rayo del sol que calienta y anima en las fatigas de la vida; un rayo de luna que ilumina mis días y las noches del olvido, de la desesperación, de la congoja, del desaliento.
     Eres el retrato de la mujer que se sueña para caminar a su lado en busca de felicidad terrena y eterna.
     Yo sé, madre, que a ti no te importa la fatiga, no te interesa la riqueza, no te pesa la vejez. Eres para mí la mujer más fuerte, la más rica, la más hermosa, la cosa más preciada del mundo.
     Cuando la tristeza nubla tus ojos; cuando amargas lágrimas surcan tus mejillas, te basta dar y recibir un beso a tu hijo y de tu hijo, para que ésas se transformen y brillen, como estrellas, tus lágrimas sean perlas de inestimable valor.
     Tus manos, manos delicadas y afanosas, no tienen reposo. Cosen, remiendan, hacen calceta, lavan, planchan, acarician, y esto, sin descanso, sin decaimiento, impulsadas por fuerzas ocultas, por la fuerza motriz del amor.
     Si, madre, estas son tus manos; manos blancas, luminosas, aunque estén surcadas por arrugas y tostadas por el sol. En este día y en todo momento, sobre todo cuando la tristeza nuble mi camino, quiera poder estrecharlas, besarlas, sentirme niño y susurrar muy bajito, perceptible sólo a tu corazón: sois santas, sois las más fuertes, las que lleváis tesoros de cielo y de vida.
     ¡Felicidades, madre! Que estas líneas sigan hablando por mí. Ve en ellas lo que no son capaces de expresar y que tu intuición materna sabe descifrar. Que Dios te lo premie.
     Un fuerte abrazo y en él todo mi amor y mi corazón.  TU HIJO


Publicado por flordelasnieves1760 @ 9:03
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