La
galanura de mayo ofrece a la vida, sobre los altares de la primavera,
un cáliz opulento de rosas. Pienso en el buen Dios que, cada amanecer,
pone un lujo de diamantes en el rocío, canciones en los pájaros, oro
maduro en los trigales y una tierna esperanza en el corazón del hombre.
Suspira San Juan de la Cruz, escoltado por los ángeles que habitan el
aire inocente del alba: "¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano
del Amado!". Y le responden, en un salterio de colores y de perfumes,
todas las criaturas humildes que resucitan con la primavera —las
golondrinas, las aguas de las fuentes, los almendros—para que el alma
enamorada se acerque más a su Dios.Tags: la Santa Cruz