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Hoy, África es reconocida, en la mayoría de los casos, como continente de salidas fallidas y lentos avances. Y el reconocimiento tiene, en gran cantidad de países africanos, mucho de cierto. Sin embargo, África ha experimentado en los últimos años un progreso considerable –a veces impresionante- en muchos aspectos aunque esto sea algo que queda demasiadas veces olvidado entre las historias de pesimismo y fatalidad.
Los progresos, importantes pero invisibilizados.
Aunque apenas sin documentar, existen un gran número de buenas prácticas encaminadas a, por ejemplo, “africanizar” la legislación sobre infancia; conciliar los valores universales presentes en los instrumentos internacionales con las costumbres, actitudes y prácticas africanas e implementar los derechos socioeconómicos de los niños, incluso en los contextos más difíciles de pobreza y escasez de recursos.
Se han obtenido también resultados impresionantes y alentadores durante los últimos años en lo que se refiere a la prevalencia de enfermedades. La cobertura de las campañas de inmunización ha mejorado notablemente en un amplio número de países. El polio está a punto de erradicarse y las acciones para frenar la malaria han mostrado un gran avance. El compromiso de los gobiernos en muchos países ha permitido el acceso gratuito a medicamentos antirretrovirales para el tratamiento de VIH. Se ha logrado un incremento de cuatro veces en los suplementos de Vitamina A en todo el continente y, como consecuencia de ello, muchos países han logrado reducir la mortalidad infantil de un modo significativo.
En general, se han producido avances a la hora de asegurar el acceso a la educación para los niños y niñas de primaria. Algunos países casi han alcanzado la inscripción universal en educación primaria, mientras que otros han progresado en llegar a los niños y niñas más marginados y vulnerables a través de innovadores y alternativos programas de educación básica.
Los desafíos y los retos, en continuo crecimiento.
Sin embargo, a pesar de todos logros alcanzados, el estado de bienestar de la infancia en África permanece, en general, en un estado alarmante por las siguientes razones:
• Las economías de la mayoría de los países africanos siguen marcadas por una nefasta distribución de los ingresos y una pobreza absoluta, condenando así a los niños y sus familias a la pobreza absoluta y limitando la capacidad de los gobiernos para actuar.
• Los conflictos armados y los enfrentamientos, aunque menos frecuentes, no son menos intensos que en el pasado y continúan desolando a numerosos países.
• La mortalidad entre los menores de cinco años continúa siendo elevada. En torno al 60% de los casos de muerte entre los niños y niñas de menos de cinco años en algunas partes del continente se atribuye a la desnutrición, a pesar de la modesta caída en el número de niños con desnutrición durante los últimos años.
• Millones de niños y niñas no tienen acceso a servicios básicos. Un número considerable de niños y madres no cuentan con acceso básico a los servicios de sanidad y educación. Como resultado de ello, cada año, millones nacen muertos o mueren durante el primer día o mes de vida.
• Muchos países se enfrentan a un enorme y creciente número de niños y niñas huérfanos. Como muestra de ello, un dato: al final de este año, los niños y niñas huérfanos se equipararán o superarán al 20% de la población infantil en países como Bostwana, Lesotho, Swazilandia, Zambia y Zimbabwe. Se estima que existen 4.2 millones de huérfanos en República Democrática del Congo, 4.8 millones en Etiopía y 8.6 millones en Nigeria.
• Algunas estimaciones apuntan que un tercio de los niños y niñas entre los 2 y los 9 años en algunos países africanos viven con algún tipo de discapacidad. A pesar de estas enormes cifras, los niños y niñas con discapacidad (apenas mencionados en las discusiones sobre políticas) siguen siendo invisibles y ocultos.
• La violencia contra los niños y niñas sigue siendo un problema omnipresente. Millones de niños son víctimas de prácticas tradicionales dañinas, entre las que se incluyen la mutilación genital femenina y los matrimonios prematuros. Miles son víctimas de la guerra, muchas veces utilizados como objetivo y otras como instrumentos. Y muchos más están expuestos diariamente a una violencia incesante, como el abuso y la violación, en sus casas, en la escuela y en sus comunidades.
• A pesar del reconocimiento internacional de la educación como derecho humano fundamental y como llave para el crecimiento personal y el desarrollo comunitario, cerca de un tercio de los niños del África subsahariana en edad de educación primaria no van a la escuela.
En resumen, a pesar de los progresos durante las últimas décadas, la vida para millones de niños y niñas en África sigue siendo demasiado corta, pobre, insegura y violenta. La situación de estos niños y niñas representa una ofensa para África y los africanos; a su moralidad y consciencia y, por encima de todo, al sentido de validez y respeto propio de los gobiernos africanos. La alarmante y deteriorada situación de la infancia en muchos países cuenta con un innegable peso y urgencia y merece un puesto de prioridad absoluta en la agenda pública y política.
Laura Romano, www.vidapositiva.com
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