este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
Nuevamente
vuelvo a insistir en un tema que a veces lo pasamos por alto, pero que
es de vital importancia.
Es verdad que ante la vida de los demás, ante actitudes que nos parecen
extravagantes, extrañas, nos resulte placentero juzgar, a ver qué sucede
con esa persona. Nos gusta enterarnos de todos los detalles, de cuánto
ha hecho el del lado, para después, con la información que tengo,
crucificarlo con la lengua…
No nos damos cuenta cómo, es triste decirlo, del chisme, de la
murmuración, vamos haciendo temas que incluso nos llenan el día…
Es muy triste, amigos, hablar y hablar y nunca decir algo que esconda
“amor”….
Y nos justificamos: solemos escudarnos en nuestra psicología. “Somos
así”, mi personalidad me lleva a hablar de los demás, ¿Y nunca nos hemos
preguntado que quizás la psicología del otro puede ser causa de esa
actitud que yo comento con tan mezquino e hiriente interés?
Yo propongo la pureza como arma para extirpar este vicio tan terrible.
La pureza es un don. Viene de Dios…Lo que significa que por nuestros
propios medios, nunca seremos puros.
Muchas veces vamos a misa y todo nos parece aburrido. Pasamos de largo,
pensamos que todo lo que sucede es un rito. ¿Para qué ir a misa si
siempre es lo mismo?
Y no nos damos cuenta que somos nosotros los que siempre somos los
mismos. Nuestra alma llena de prejuicios, atiborrada de chismes y de
mentiras, no se da cuenta que Cristo está en la Eucaristía…Porque las
cosas espirituales pasan de largo para una persona carnal, impura, que
vive con su corazón, permítame decirlo, asqueado de sensualidad y
mentiras.
La pureza tiene relación con la castidad porque también la sensualidad
poco a poco nos va dejando ciegos, nos volvemos seres esclavos de
nuestros deseos y obramos tal….Y por esa razón, a la larga, todo lo que
no nos parezca sensual, lo rechazamos enérgicamente. Vienen el
aburrimiento, la tristeza, la pereza….Los pecados más terribles son la
causa de que digamos que “la misa no sirve”, “yo no me confieso con un
hombre”….
No seremos puros de corazón si nuestro cuerpo y nuestra alma, no está
liberada de estos pecados. Me he dado cuenta que vicios así están tan
arraigados que, incluso, se transmiten por el uso y la costumbre, de
generación en generación…
La felicidad de una persona está en estas cositas que parecen tan
insignificantes, sin embargo tan vitales ¡No perdamos la vida buscando
donde no hay, oración, fuerza y lucha para combatir estos males en
nuestra propia vida, y evangelizar a nuestros hermanos!. Pureza de
corazón, vivir limpios de cuerpo y alma para Dios….
Luis Robert