
El estrés no es un asunto reservado para agentes de la bolsa de
valores o abogados poderosos. Está probado que hasta los bebés viven
situaciones estresantes.
El mecanismo que acciona todo el circuito del estrés es el modo
como percibimos una amenaza. Es como la persona a quien nada le importa,
a lo mejor reprobó ocho materias y terminó la relación con su novia y
no le pasa nada, pero hay otra que nada más porque perdió su celular
está todo tenso y no lo calienta ni el sol.
En su justa medida, el estrés no es malo, pues ayuda al organismo a
adaptarse a nuevas situaciones, mantiene tu integridad, nos pone en
estado de alerta. Es el estrés llamado “inapropiado” el que genera
cambios internos que conducirán al desarrollo de una enfermedad.
Este tipo de estrés se presenta ante una situación que creemos que
es peligrosa y que no podemos resolver positivamente. Cuando es
constante, todo se complica: el estrés disminuye la respuesta inmune, o
sea, puedes enfermarte más fácil y esa tensión repercute en distintas
funciones psíquicas (no, no te vas a volver loco), afecta el estado
anímico y, por lo tanto, tus relaciones con los demás y contigo mismo.
Esto genera un círculo vicioso, se agregan más preocupaciones y
aumenta tu nivel de estrés.
Si últimamente te enojas por todo, andas triste, en todos lados
sientes que apestas y nadie te quiere, el cansancio te mata y es
“evidente” que nada te sale bien, quizá se deba al estrés. Sigue estos
tips y defiéndete de él.
Relájate en cinco minutos
1. Busca un lugar a gusto, sin mucha luz y nada de ruido. Acuéstate
un rato y evita cruzar piernas y brazos, que descansen a los costados
del cuerpo.
2. Respira profundamente por lo menos tres veces, aguanta la
respiración unos segundos y déjalo salir despacito.
3. Piensa en todo lo bueno que tienes: familia, habilidades,
situaciones en las que resolviste ese problema imposible, etc.
El poder del sueño
Durante el sueño el cerebro aprovecha para acomodar todo lo que
viviste en el día y desechar lo que no sirve para no desperdiciar
espacio. Cuando no has dormido lo suficiente, lo obligas a trabajar de
más y lo pones en una situación de especial alarma. Esto quiere decir
que has preparado el terreno para estar estresado todo el día.
Si te cuesta mucho conciliar el sueño evita dormirte inmediatamente
después de cenar, no tomes bebidas con cafeína y date un tiempo para
desconectarte de la cruda realidad (leer es una estupenda opción). Lo
peor que puedes hacer antes de dormir es darle vueltas a los problemas
que tengas: piensa que ya no hay mucho que hacer para solucionarlos y
mañana tendrás más tiempo para ello.
No seas pesado
Es mentira que los gorditos anden todo el día despreocupados y
contentos. El sobrepeso trae consigo la aceleración del ritmo cardiaco,
una causa de estrés. Además, el ejercicio es una actividad que relaja y
te libera del estrés. Los deportes como el fútbol, el básquet o el tenis
son una muy buena oportunidad para desahogarte.