este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
La familia y uno más. La alegría de un
nuevo hermano
Con motivo del nacimiento de mi última hija me
han venido a la cabeza aquellas películas españolas de los
años setenta, de las que apenas recuerdo escena alguna y
sin embargo, permanece en mi memoria su claro mensaje: la
alegría de las familias numerosas. A pesar del mayor trabajo,
del esfuerzo económico, de los inevitables disgustos,...: un hijo más
es siempre un regalo. ¡Cuánto ganaría la sociedad si nos
lo creyésemos!
Ocurre con frecuencia que los niños te ayudan a ver
con claridad las grandes verdades. No negaré que cuando un
matrimonio que ya tiene varios hijos descubre que va a
tener otro siente la lógica preocupación: nuevos desvelos, más gastos,
uno más a quien dedicar tu escaso tiempo,...Sin embargo, mis
hijos, desde el primer momento tenían claro lo que significaba
la llegada de un hermano: una alegría enorme, desbordante, contagiosa.
Les faltó tiempo para descolgar el teléfono y comunicar la
noticia a familiares y amigos. Ninguno comentó que ahora tocaremos
a menos, cuando haya postre especial, por ejemplo, aunque saben
por experiencia que así será.
Con razón se dice que la familia
es la mejor escuela de virtudes. El hecho de esperar
un hermano es una ocasión magnífica para que un niño
crezca en optimismo, en generosidad, en agradecimiento,...Aprenden de
modo natural
a salir de si mismos. Incluso intentan portarse mejor, porque
“mamá va a tener un bebé y necesita descansar” –aunque
el propósito no les dure demasiado tiempo–.
Las convicciones que deseas trasmitir
a tus hijos, para que las hagan suyas y sean
los pilares de sus vidas, las entienden en toda su
profundidad sin necesidad de grandes discursos: la grandeza de la
persona humana, el carácter sagrado de la vida desde el
primer momento de su concepción,...Sienten por el hermanito que está
“en la tripa de mamá” una admiración y un respeto
que sin duda influirá poderosamente en sus vidas. Tienen la
seguridad de que ellos fueron igualmente queridos desde que sus
padres supieron de su existencia, y que se esperó su
llegada con la misma ilusión. Y ese convencimiento les ayuda
a desarrollar una personalidad serena y equilibrada.
A veces me preguntan
si un niño que tiene muchos hermanos no se sentirá
menos querido, por no poder recibir la misma atención que
un hijo único por parte de sus padres. Yo sonrío
al imaginar a mi hija pequeña concediendo una entrevista a
quienes piensan así. Tiene pocos meses, así que aún no
habla, pero por su perenne sonrisa no hay duda de
que le encanta tener a toda la familia alrededor. Se
pegan por cogerla en brazos, por ponerle el chupete, por
darle el biberón. Incluso alguna vez corre el riesgo de
ganarse un chichón, pero eso no parece importarle demasiado. Está
claro que es una bebé superfeliz rodeada de una familia
ciertamente ruidosa.
Bautizamos a Beatriz cuando tenía pocos días. Fue una ceremonia
sencilla, seguida de una merienda familiar. Era llamativo lo contentos
que estaban sus hermanos, especialmente los mayores, que fueron los
padrinos, y lo conscientes que eran, a pesar de sus
pocos años, de la importancia de ese acontecimiento. No hizo
falta un banquete, ni una sesión previa de compras, ni
ropa de marca. (El padrino había pedido a los reyes
una corbata, en previsión del evento).
Y es que la sobriedad
juega un papel esencial en la formación de los niños.
Crecen más libres, más espabilados, más capaces de disfrutar de
las cosas pequeñas y de las ocasiones importantes.
La experiencia demuestra
que el mejor legado que podemos dejar a los hijos
es enseñarles a querer, y una forma estupenda de aprenderlo
es a través del cariño de sus hermanos.
Patricia Gómez Garay Licenciada
en químicas. Post grado en Matrimonio y familia. Directora de
formación del
grupo educativo Coas. Vicepresidenta de Cofab. Madre de familia
numerosa