miércoles, 16 de junio de 2010

Buenos Aires, 15 Jun. 10 (AICA)

 abuelos

 

Hoy, 15 de junio, se celebra el “Día Internacional de la toma de conciencia del abuso y maltrato de la vejez”. Con ese motivo, el Área de Adultos Mayores del Secretariado para la Familia, de la Conferencia Episcopal Argentina, lanzó una invitación a sacerdotes, grupos de la tercera edad, ministros extraordinarios de la Comunión, agentes de pastoral familiar y laicos en general a unirse a la celebración internacional y tomar conciencia acerca del abuso y maltrato de las personas ancianas.

     En este contexto, AICA entrevistó a la doctora María Elisa Petrelli de Aliano, quien junto con Marta Cánepa, se desempeña en la mencionada Área de Adultos Mayores.

     -Doctora Petrelli, ¿por qué se estableció este día y cómo nació la idea de celebrarlo?
     -Tras los horrores que el hombre generó a sus pares en la II Guerra Mundial, se intensifica en la conciencia de los pueblos la defensa de la dignidad de todo ser humano, lo que se concreta el 10 de diciembre de 1948, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba y proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos, y pide a todos los Países Miembros publicar el texto de la Declaración y dispongan que sea distribuido, expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de enseñanza, sin distinción fundada en la condición política de los países o de los territorios.


     -En esa Declaración no se habla específicamente de los derechos de los ancianos.
     -Sin embargo, en el siglo XXI el concepto de dignidad humana alcanza derechos más sutiles y no menos importantes, así se comprende que igualdad ante la ley requiere distinguir las especificidades de los grupos humanos, para que realmente exista y sea efectiva dicha igualdad. Se crean los derechos del niño, y los derechos específicos de los adultos mayores, porque son sectores sociales vulnerables y muchas veces sin posibilidad de ejercer o reclamar por sus necesidades. En esta sutileza defensiva de derechos hemos tomado conciencia de muchas conductas que consideramos normales, pero implican actitudes violentas contra la dignidad del mayor. Así, podemos distinguir los maltratos institucionales, sociales y familiares, entre otros que sufren a diario.


     -¿Cuáles cree usted que se consideran maltratos de la vejez en el ámbito institucional?
     -Desde los Estados que no aplican políticas públicas orientadas hacia los mayores, cuando pagan jubilaciones magras o derivan fondos de las cajas jubilatorias para otros fines, cuando las políticas de salud no contemplan sus enfermedades crónicas con cobertura total de la medicación, cuando las políticas judiciales no promueven juicios rápidos. También y desde otro ángulo se producen maltratos institucionales en algunos hogares o residencias geriátricas, y no me refiero al abandono o golpes físicos, sino a políticas que afectan sus derechos, como por ejemplo: No permitir al residente conservar su autonomía y libertad, ni participar de las tareas y actividades según su propio ritmo y deseos. No respetar su religiosidad y modo de practicarla. No informales de todo lo que sucede en la institución, en la comunidad y en el mundo, ni brindarles respuestas ciertas a sus preguntas. Es un maltrato no permitirles poseer bienes personales, no respetar su privacidad y pudor cuando entran en su habitación sin pedir permiso, o para sus cuidados íntimos no hay una persona de su mismo sexo.


     -¿Cuáles serían, según su criterio, los maltratos a los ancianos desde el punto de vista social?
     - Inconscientemente hay un maltrato social velado, que consiste en la exclusión de los mayores, ignorarlos, no querer ver el envejecimiento del otro porque refleja nuestro inexorable envejecimiento. Si no es feliz, activo, vital es culpa del mismo mayor, entonces contestamos como Caín: “¿Acaso soy yo responsable de mi hermano?” Hay pequeños gestos que constituyen violencia contra las personas mayores: los comerciantes que anotan con números minúsculos los precios de la mercadería, los bancos que no tienen baños, los empleados administrativos que exigen al adulto mayor concurrir más de una vez para concluir un trámite, los empleados de la salud que exigen ir de madrugada para conseguir un turno médico.


     -Usted habla también de maltratos en el ámbito familiar.
     -Estos agravios son los más sutiles, pero más dolorosos. Son actitudes, omisiones, rencores, falta de paciencia, incomprensión. Algunas de las conductas son: no escucharlo, no dejarlo hablar aunque repita siempre lo mismo, no dejarlo participar en los proyectos y tristezas de la familia, dejarlo sin sus cosas o bienes, no respetar sus tiempos y ritmo, burlarse, menospreciarlo. Todas estas actitudes producen humillación, desesperanza, vergüenza.


     -¿Qué hacen ustedes en el Área de Adultos Mayores?
     -El mundo fue cambiando y protegiendo a todos los sectores sociales. Hoy la libertad implica no liberarse “de”, sino liberarse “para” los demás. La Igualdad es igualdad de oportunidades ante la ley y fraternidad hoy se entiende como solidaridad. Las corrientes de pensamiento fueron cambiando, nos falta asumirlas personalmente, individualmente, en nuestras familias, en nuestros vecinos y darnos cuenta de todos los hechos que pueden lastimar a los mayores.

     Debemos ser como Juan el Bautista “una voz que clama en el desierto”, en un desierto social que no ve las necesidades de nuestro prójimo.
     Nuestro objetivo es crear una conciencia social de la existencia del maltrato y abuso producido a los adultos mayores. Si logramos que la sociedad comprenda lo inaceptable de ello, podremos crear un ámbito más favorable para las vidas de los actuales mayores y de generaciones futuras.+

 


Tags: ancianos

Publicado por saavedragoffins102 @ 11:00
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