Buenos Aires, 15 Jun. 10 (AICA)

Hoy, 15 de
junio, se celebra el “Día Internacional de la toma de conciencia del abuso y
maltrato de la vejez”. Con ese motivo, el Área de Adultos Mayores del Secretariado
para la Familia, de la Conferencia Episcopal Argentina, lanzó una invitación a
sacerdotes, grupos de la tercera edad, ministros extraordinarios de la
Comunión, agentes de pastoral familiar y laicos en general a unirse a la
celebración internacional y tomar conciencia acerca del abuso y maltrato de las
personas ancianas.
En este contexto, AICA entrevistó a la doctora María
Elisa Petrelli de Aliano, quien junto con Marta Cánepa, se desempeña en la
mencionada Área de Adultos Mayores.
-Doctora
Petrelli, ¿por qué se estableció este día y cómo nació la idea de celebrarlo?
-Tras los horrores que el hombre generó a sus
pares en la II Guerra Mundial, se intensifica en la conciencia de los pueblos
la defensa de la dignidad de todo ser humano, lo que se concreta el 10 de
diciembre de 1948, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba y
proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos, y pide a todos los
Países Miembros publicar el texto de la Declaración y dispongan que sea distribuido,
expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de
enseñanza, sin distinción fundada en la condición política de los países o de
los territorios.
-En esa
Declaración no se habla específicamente de los derechos de los ancianos.
-Sin embargo, en el siglo XXI el concepto de
dignidad humana alcanza derechos más sutiles y no menos importantes, así se
comprende que igualdad ante la ley requiere distinguir las especificidades de
los grupos humanos, para que realmente exista y sea efectiva dicha igualdad. Se
crean los derechos del niño, y los derechos específicos de los adultos mayores,
porque son sectores sociales vulnerables y muchas veces sin posibilidad de
ejercer o reclamar por sus necesidades. En esta sutileza defensiva de derechos
hemos tomado conciencia de muchas conductas que consideramos normales, pero
implican actitudes violentas contra la dignidad del mayor. Así, podemos
distinguir los maltratos institucionales, sociales y familiares, entre otros
que sufren a diario.
-¿Cuáles cree
usted que se consideran maltratos de la vejez en el ámbito institucional?
-Desde los Estados que no aplican políticas
públicas orientadas hacia los mayores, cuando pagan jubilaciones magras o
derivan fondos de las cajas jubilatorias para otros fines, cuando las políticas
de salud no contemplan sus enfermedades crónicas con cobertura total de la
medicación, cuando las políticas judiciales no promueven juicios rápidos.
También y desde otro ángulo se producen maltratos institucionales en algunos
hogares o residencias geriátricas, y no me refiero al abandono o golpes
físicos, sino a políticas que afectan sus derechos, como por ejemplo: No
permitir al residente conservar su autonomía y libertad, ni participar de las
tareas y actividades según su propio ritmo y deseos. No respetar su
religiosidad y modo de practicarla. No informales de todo lo que sucede en la
institución, en la comunidad y en el mundo, ni brindarles respuestas ciertas a
sus preguntas. Es un maltrato no permitirles poseer bienes personales, no
respetar su privacidad y pudor cuando entran en su habitación sin pedir
permiso, o para sus cuidados íntimos no hay una persona de su mismo sexo.
-¿Cuáles
serían, según su criterio, los maltratos a los ancianos desde el punto de vista
social?
- Inconscientemente hay un maltrato social
velado, que consiste en la exclusión de los mayores, ignorarlos, no querer ver
el envejecimiento del otro porque refleja nuestro inexorable envejecimiento. Si
no es feliz, activo, vital es culpa del mismo mayor, entonces contestamos como
Caín: “¿Acaso soy yo responsable de mi hermano?” Hay pequeños gestos que
constituyen violencia contra las personas mayores: los comerciantes que anotan
con números minúsculos los precios de la mercadería, los bancos que no tienen
baños, los empleados administrativos que exigen al adulto mayor concurrir más
de una vez para concluir un trámite, los empleados de la salud que exigen ir de
madrugada para conseguir un turno médico.
-Usted habla
también de maltratos en el ámbito familiar.
-Estos agravios son los más sutiles, pero más
dolorosos. Son actitudes, omisiones, rencores, falta de paciencia,
incomprensión. Algunas de las conductas son: no escucharlo, no dejarlo hablar
aunque repita siempre lo mismo, no dejarlo participar en los proyectos y
tristezas de la familia, dejarlo sin sus cosas o bienes, no respetar sus
tiempos y ritmo, burlarse, menospreciarlo. Todas estas actitudes producen
humillación, desesperanza, vergüenza.
-¿Qué hacen
ustedes en el Área de Adultos Mayores?
-El mundo fue cambiando y protegiendo a todos
los sectores sociales. Hoy la libertad implica no liberarse “de”, sino
liberarse “para” los demás. La Igualdad es igualdad de oportunidades ante la
ley y fraternidad hoy se entiende como solidaridad. Las corrientes de
pensamiento fueron cambiando, nos falta asumirlas personalmente,
individualmente, en nuestras familias, en nuestros vecinos y darnos cuenta de
todos los hechos que pueden lastimar a los mayores.
Debemos ser como Juan el Bautista “una voz que clama
en el desierto”, en un desierto social que no ve las necesidades de nuestro
prójimo.
Nuestro objetivo es crear una conciencia social de la
existencia del maltrato y abuso producido a los adultos mayores. Si logramos
que la sociedad comprenda lo inaceptable de ello, podremos crear un ámbito más
favorable para las vidas de los actuales mayores y de generaciones futuras.+
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