
Este año sacerdotal ha sido una gracia para toda la Iglesia,
cuyos beneficios son la santidad y la fidelidad de los sacerdotes en beneficio
de los cristianos y de la humanidad. Asimismo la riqueza de poder valorar por
parte de los mismos sacerdotes y fieles la presencia de Cristo en cada uno de
sus sacerdotes. “El sacerdote es el corazón de Jesucristo”, como lo definía el
Santo Cura de Ars y como nos lo propuso el Papa Benedicto XVI.
Cristo se
presentó en el evangelio como el Buen Pastor que da su vida voluntariamente por
sus ovejas. Son innumerables los testimonios de los sacerdotes que han reflejado
y continúan reflejando la imagen de Cristo, Buen Pastor.
El Padre Gereon
Goldmann, O.F.M. fue un claro ejemplo de sacerdote que hizo propia su misión de
Buen Pastor. Nació en el 10 de octubre de 1916 en la ciudad de Fulda, Alemania,
en el seno de una familia católica y numerosa. Desde muy pequeño, gracias al
testimonio de un franciscano misionero en Japón, tuvo la inquietud de ser
sacerdote para poder ayudar a los demás. Entró al noviciado de los franciscanos
en el año de 1936. En el verano de 1939 concluyó sus estudios de filosofía. La
situación política de Alemania comenzó a cambiar en una dirección cada vez más
autoritaria y los seminaristas fueron enrolados en el ejército.
En ese
ambiente hostil en el que se encontraba juntamente con otros doscientos
seminaristas de su campamento supo defender la fe e hizo ver la contradicción y
falsedad que encerraba la ideología nazista. Fruto de ello fue que logró la
conversión a la fe de muchos oficiales y soldados. Su liderazgo le llevó a
formar parte de las SS en donde vio la oportunidad magnífica para predicar el
evangelio a estos hombres que habían sido engañados. Lo supo hacer con buen
tacto logrando así conversiones pero al mismo tiempo enemistades. Para poder
seguir subiendo de cargo tenía que renegar de su fe firmando un documento, pero
él se negó, lo que le ocasionó que le estuvieran cambiando de frentes o
destinos.
Le tocó el período de entrada de las tropas aliadas a Italia,
por lo que tenía que ir replegándose del sur hacia el norte. En todo este
período se dedicó a ayudar a los soldados a bien morir. Él sabía que no era
sacerdote pero que como seminarista podía hacer mucho bien a las almas; la
inquietud de su sacerdocio se estaba realizando “poder ayudar a los demás”. Vio
la necesidad de administrar el viático a los moribundos y obtuvo el permiso del
obispo de Patti de poder distribuir la comunión. No sólo dio el viático a los
soldados alemanes, sino que también a los ciudadanos italianos víctimas de los
bombardeos de los aliados. Estando en Roma tuvo la posibilidad de tener
audiencia con el Papa Pío XII a quien le pidió el permiso de ser ordenado
sacerdote. Le mostró la necesidad que había, pero sobre todo su gran deseo de
ser sacerdote, y el Santo Padre, con un permiso extraordinario, le autorizó la
ordenación.
Estando en campo de batalla socorriendo a los heridos, fue
hecho prisionero por los ingleses en enero de 1944. Lo trasladaron al norte de
África, primero en Algeria y posteriormente en Marruecos, metiéndolo en un campo
de concentración que tenían los aliados y era gestionado por los franceses para
los prisioneros de guerra. Ahí recibió la ordenación sacerdotal el 24 de junio
de 1944, fiesta de san Juan Bautista, por Mons. Leynaud. Después fue trasladado
a diversos campos de concentración donde pudo ejercer secretamente su sacerdocio
con los soldados católicos alemanes y con las víctimas civiles inocentes
arrestadas en los horrores de la guerra. Obtuvo la conversión de los pecadores y
la educación en la fe y en la moral católica. Recibía libros de teología para
poder estudiar y poder ayudar con la formación católica a los presidiarios.
Construyó dos capillas en dos de los campos de concentración donde pasó
mayor tiempo. No todo fue fácil para el P. Gereon, se encontró con la hostilidad
de los prisioneros de ideología nazista que buscaban aniquilarlo, por su celo y
convencimiento sacerdotal. Escapó de la muerte inminente en múltiples ocasiones
gracias a ayudas providenciales. Fue juzgado en los tribunales de guerra pero
siempre se demostró su inocencia. Sufrió la escasez de los alimentos. Los
prisioneros encontraron en el P. Gereon a un verdadero padre, porque salía al
encuentro de sus necesidades, les consolaba en sus aflicciones y sobre todo les
daba la paz del alma alcanzando para ellos la gracia de la amistad con Dios por
el perdón de sus pecados.
El año de 1948 fue repatriado a Alemana. Sus
superiores le pidieron que estudiara la teología, cosa que hizo obteniendo un
promedio óptimo. Su gran ilusión era evangelizar Japón. Propuso a sus superiores
y el 25 de enero de 1954, día de la conversión de san Pablo, estaba pisando
Tokio. Le asignaron una parroquia que no existía y con la ayuda económica de sus
bienhechores pudo levantar una Iglesia dedicada a San José. Desde su parroquia
realizó la evangelización con numerosas indicativas humanitarias: becas de
estudios para jóvenes, becas para seminaristas que salían de su parroquia, la
construcción de un centro de descanso familiar, sobre todo para las mamás. Su
testimonio sacerdotal conquistaba para Cristo las personas. Administró numerosos
bautismos. Con sus feligreses apoyó económicamente las misiones en la India,
pues ayudó a los padres carmelitas con la construcción del noviciado, de tres
parroquias, colegios y un hospital con todos los servicios. En el año de 2003
falleció en Alemania. Fue una vida que testimonió el poder de la Providencia y
del imperecedero valor del amor, la fe y el sacrificio.
El P. Gereon
Goldmann es un brote de muestra de lo que hace Cristo en sus sacerdotes y por
medio de sus sacerdotes. Ellos se ofrecen voluntariamente para se las manos, los
pies, la boca y el corazón de Cristo. La vida del sacerdote está llena de
incomprensiones y de sacrificio que en la mayoría de ellos no se deja ver porque
su donación y entrega generosa a la vocación a la que han siso llamados les
lleva a estar olvidados de sí mismos para entregarse por la salvación de las
almas. El mayor gozo de los sacerdotes es el poder dar gloria a Dios y alcanzar
la salvación de las almas que le han sido confiadas. Una vez más, Cristo se hace
presente hoy día en cada uno de sus sacerdotes dando su vida voluntariamente por
sus ovejas, Él conoce a cada una por su nombre y las defiende de los lobos.
¡Cristo, Buen Pastor! ¡Ruega al Padre por tus
sacerdotes!
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