Fuente: www.cpcr.org

¿Cómo hacer oración? Para quienes se inician, como para los ya más o menos adelantados, es ésta una inquietud que, como espina, no deja de producir sus molestias, desganas y hasta dudas en lo referente a oración. Todos experimentamos las cotidianas dificultades propias de un encuentro interpersonal en fe y amor ¿Oro bien? ¿Cómo hacer oración?
La pregunta puede tener muchas respuestas teóricas Todas buenas y válidas. Trataremos de darlas a su tiempo. Por ahora, la respuesta más importante y concreta, por lo genuina, veraz y testimonial, es la que nos da Jesús en el Evangelio.
Para aprender a orar hay que mirar y contemplar a Jesús de Nazaret, Orante por excelencia, en plena oración. Les sucedió a los discípulos y nos debe ocurrir a nosotros también. ¿Cómo hacer oración? Como Jesús.
Estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: ´Maestro, enséñanos a orar´ (Lc,11,1). Explica el Catecismo de la Iglesia Católica: Es, sobre todo, al contemplar a su Maestro en oración, cuando el discípulo de Cristo desea orar. Entonces, puede aprender del Maestro de oración. Contemplando y escuchando al Hijo, los hijos aprenden a orar al Padre (n. 2601).
Está claro: al contemplar a Jesús orando, se desencadena en nosotros sus discípulos el ardiente deseo de orar, lo cual ya es una manera real de hacer oración; pero además, entramos en la mejor escuela de oración que hubo jamás: la de Jesús, en contacto con el mejor Maestro, pues enseña viviendo con la misma vida; y eso es también una manera real de orar. ¿Cómo hacer oración? Como Jesús y en su escuela.
Jesús ora, y ora en todo momento y circunstancia. Nos percatamos de ello en cuanto hojeamos un poco el evangelio. Tanto es así, que para el evangelista Lucas, por ejemplo, la oración de Jesús es un tema predilecto.
Pero él (Jesús) se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba (Lc 5,16).
Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios (Lc 6,12).
Y sucedió que mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos (Lc 9,18).
Tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, (Lc 9,28-29).
Y se apartó de ellos,,, y puesto de rodillas oraba (Lc 22,41).
Y si ojeamos el evangelio de Mateo, encontramos, por ejemplo, este texto: Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí (14,23).
Ciertamente Jesús oraba; oraba mucho y en las más diversas circunstancias, en el silencio, en la soledad, en la montaña y en la noche. Ya se ve: siempre y en todo lugar. ¿No es esto bien elocuente para quien quiere ser discípulo suyo. En su escuela y de él aprendamos a orar.
Lector amigo, oro contigo y por ti. ¿Quieres hacerlo por mí?
1. Me retiro ya orar, como Jesús, solo, al atardecer o al amanecer, o durante la noche. En la soledad de mi rincón apacible, de luz matizada y suave, sin ruidos; pero muy acompañado de su presencia y de su palabra: las dos están allí conmigo y muy elocuentemente significadas: el icono o imagen y la Biblia abierta... Ante ellos, y en silencio, me inclino..., o me postro... Si prisas...Los beso con reverencia. Y me dejo envolver, y llenar, de su Presencia viva y ardiente... No dudo. Simplemente, muy simplemente creo y adoro... Jesús ora en mi y conmigo... creo y adoro...
2. Ahora, sin ningún tipo de violencia interior, y de un modo receptivo miro y contemplo a Jesús en oración. Con amor de fe, entro así en oración y ante todo pido: Señor, enséñame a orar... Y voy desgranando pausadamente, pero con amor de fe, cada una de las palabras e incluso la frase entera, como una súplica que espontáneamente exhala el corazón. Y cuantas veces sea necesario. No tengo prisa: Señor... enséñame... a orar...
3. Así, aquí y ahora, se dan dos cosas: el deseo de orar y de hacerlo como Jesús está siendo realidad; es más, aumenta, crece considerablemente; no te importe no sentirlo: créelo y basta. Y si lo sientes, no te dejes llevar por el sentimiento, quédate anclado en la realidad: contemplar a Jesús orando es oración. Él hace parte de ti y tú de él. Que tu oración sea la suya. Que la oración de Jesús sea la tuya. ¿Puede haber algo más importante? Señor... enséñame... a orar... Me callo... Le miro y contemplo... para que me impregne de sus mismos sentimientos personales orantes. Sin otra curiosidad. Sin prisas...
4. ¿Qué me sugiere esa imagen de Jesús orando? ¿Qué me está diciendo? Y yo, ¿qué le digo casi sin querer? ¿Qué me brota de dentro de mi hacia él? Si ese doble movimiento se da, que se dé... Es una auténtica relación de amor de amistad y fidelidad... Vaivén de los corazones...
5. Y cuando percibas que es el momento, termina. Pero con calma. Jesús: ahora vamos los dos a la tarea..., a la relación fraterna..., al compromiso y servicio concretos... Los dos vamos así, como estamos, es decir: prendiditos del amor y del corazón del Padre, queriendo tan sólo hacer su voluntad... Amén... Amén.
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