Fuente: Corazones.org

Martirologio Romano: En Città del Castello, de la Umbría, santa Verónica Giuliani, abadesa de la Orden de las Clarisas Capuchinas, quien, dotada de singulares carismas, participó corporal y espiritualmente de la pasión de Cristo, siendo por ello encerrada y vigilada durante cincuenta días, dando siempre pruebas de admirable paciencia y obediencia (1685).
Etimológicamente: Verónica = Aquella que es la verdadera imagen, es de origen griego y latino.
Verónica, con su misterio de "crucificada" y de "mediadora", refleja la luz del Señor y resplandece en la Iglesia y en el tiempo, hoy como ayer, y continuará seguramente también mañana. Este es el destino de los santos que nos sirve a todos nosotros de consoladora esperanza. ¡Ojalá muchos puedan abrirse al conocimiento de Verónica, convertida en "imagen de Cristo" y en testigo revelador del amor vivo y actual del Señor! Tiempo difícil el suyo, de desorientación y de empobrecimiento de valores y de certezas. ¿No lo es también el nuestro? Sin embargo Dios permanece fiel y la Iglesia continúa dando testimonio de Él con fe y valentía. Lo hace sobre todo con la presencia y la fuerza de sus Santos y de sus Mártires.
Verónica es "luz". Ella nos dice, todavía hoy, que Dios es Amor: lo es en su misterio trinitario, lo manifiesta a través de Jesús que nace de María y se hace hombre por obra del Espíritu Santo; lo sella con la Cruz y la Resurrección, lo continúa en la Eucaristía y en el Servicio a la Iglesia. Es un amor, el de Dios, que se hace don y comunicación hacia todos y cada uno de nosotros, hasta quedarse a morar en el corazón humano. Ninguno de nosotros es tierra abandonada, sino querida, buscada, y, como decía el profeta, "desposada ". Verónica es verdadera luz de esta certeza gloriosa.
Si es seguro que Dios habita en su misterio, en lo alto del cielo, es también cierto que ha cambiado de dirección y ahora se le puede buscar y encontrar en la pobre casa del hombre. Pobre casa que se vuelve "rica ": ¡rica de Dios!, porque Dios es Amor y ama a todos y cada uno de nosotros con fidelidad y ternura.
¿De qué otro mensaje luminoso y consolador, tenemos hoy necesidad sino de éste? Todos hemos sido llamados a este descubrimiento y a esta experiencia, como Verónica, incluso como ella, a través de la difícil "vocación de amar a través del dolor".
Santa Verónica, también hoy parece seguir gritándonos a todos: "El amor no es amado... Esta es la causa de mi sufrimiento. Decídselo a todos. Decídselo a todos: El Amor no es amado".
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