CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 10 julio 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito el director de "L'Osservatore Romano", Giovanni Maria Vian, con el título "El realismo del Papa", sobre el viaje de Benedicto XVI a la ciudad italiana de Sulmona, el 4 de julio.
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Un nuevo mensaje de aliento y de apoyo llega de la visita de Benedicto XVI a Sulmona, a Los Abruzos probados por el desempleo y por el terremoto donde el Obispo de Roma, que es primado de Italia, ha querido volver por tercera vez. Demostrando una atención a la que muchísimos han respondido con afecto sencillo, sobre todo en los conmovedores encuentros con una representación de detenidos y con los jóvenes. Y precisamente a estos últimos el Papa ha dirigido palabras que van mucho más allá de los propios confines abruceses e italianos: en la exhortación a querer mucho a la Iglesia, a su Obispo y a los sacerdotes en estos "tiempos más bien difíciles", según la expresión que utilizó en la afectuosa carta a su secretario de Estado por los cincuenta años de sacerdocio.
A pesar de "todas
nuestras debilidades" -repitió después Benedicto XVI con humildad
ejemplar- "los sacerdotes son presencias preciosas en la vida". Es
importante el apoyo continuo del Papa a los sacerdotes católicos,
"testigos claros y creíbles" de la reconciliación con Dios, precisamente
cuando se intenta oscurecer la realidad y la belleza de su misión: en
efecto, son insustituibles y fundamentales en el camino terreno de la
Iglesia. Así como, en una especie de correspondencia, son muy
significativas las crecientes demostraciones de simpatía y de afecto que
llegan al Pontífice, y no sólo de parte de los católicos, sobre todo en
los viajes y en las visitas: se ha visto en Malta, en Turín, en
Portugal y en Chipre. Pero también en las celebraciones en Roma, en
especial durante la conclusión del Año sacerdotal.
En el Año
jubilar dedicado a Pedro del Morrone -a quien inmediatamente después
del concilio rindió homenaje Pablo VI, subrayando la permanente
exigencia de renovación en la continuidad de la tradición- el Papa ha
recordado a su predecesor medieval sobre todo como un "buscador de Dios"
en la elección del silencio. Ese silencio que Benedicto XVI, al volver
al Vaticano, ha subrayado como rasgo distintivo de José, su santo
patrono, y que significa sobre todo atención y disponibilidad respecto a
Dios, en una sociedad que en cambio quiere cubrirle con mil voces
contrapuestas, en un estruendo desordenado que desorienta al hombre de
hoy.
El cristiano no debe olvidar la historia, igual que
tampoco la opción del silencio y de la oración es ajena a la realidad.
Al contrario -con un hincapié que en absoluto se puede dar por
descontado en una época que ignora cada vez más la historia-, el Papa ha
recordado a los jóvenes la importancia de la memoria histórica para
comprenderse a uno mismo y abrirse al futuro, poniendo en guardia
después respecto a la oración que aleja de la vida real: "La fe y la
oración no resuelven los problemas, pero permiten afrontarlos con nueva
luz y fuerza". Según un realismo posible sólo porque mantiene "siempre
abiertos los "ojos interiores", los de nuestro corazón".

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