En el corto plazo, podría pensarse que lo de ayer fue un triunfo de quienes, desde hace meses, vienen desgañitándose en esta batalla para que se reconozcan derechos de una parte real de la población
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Silvia Pisani
Corresponsal en EE.UU.
PHOENIX, Arizona- El intenso debate migratorio tuvo un primer cierre con un dramatismo acorde con la pasión en juego: sobre la hora, la justicia vino al rescate de los más débiles, de aquellos que vivieron las últimas semanas con el rabo entre las piernas.
Todos tuvieron lo suyo. Barack Obama, una tibia victoria. Los inmigrantes sin papeles, un respiro en su huida sin hogar. Y la gobernadora Jan Brewer y sus seguidores, un aguijón suficientemente profundo como para animarlos a seguir en su batalla contra los indocumentados, según ellos, culpables de todo mal.
En el fondo, nada ha cambiado: la cárcel que preparó el sheriff Joe Arpaio para llenarla 'de esos inmigrantes ilegales' tendrá que esperar. Pero la solución de fondo, también.
'Estamos apenas en una pausa de este debate eterno', dijo ayer a La Nacion el abogado Félix de La Crux, un mexicano que, desde hace años, viene siguiendo el debate migratorio. 'En el corto plazo, podría pensarse que hubo una victoria para los inmigrantes. En el mediano y largo plazo, nadie sabe', acotó.
Derrotada en este primer round, ayer la gobernadora republicana Brewer tenía dos caminos por delante. Uno, revisar los argumentos de la jueza Susan Bolton y pedirle que reconsiderara su decisión. El otro, apelar ante la Corte Suprema de los Estados Unidos.
La temperamental republicana decidió por este último, pese a que el tribunal supremo entra ahora en el receso de verano. ¿Por qué arriesgarse allí, entonces? 'Porque la gobernadora está convencida de que la Corte no le cerrará la puerta', dijo ayer a La Nación un allegado al gobierno de este estado fronterizo con México. 'Ella está convencida de que puede tener a la Corte en su favor', añadió.
La gobernadora pasó un mensaje: la batalla no ha terminado y apelaré donde creo tener fuerza, fue más o menos la idea.
Ese es un dato. El otro es que, con su dictamen, la jueza Bolton dijo que un gobierno regional no podía hacer lo que pretendía Brewer. No que estuviera mal hecho, sino que no podía hacerlo. 'La posibilidad de cargar contra los inmigrantes indocumentados sigue, por lo tanto, abierta', advirtió De la Cruz.
Aguas divididas
El problema de fondo sigue tal cual. Lo dejó en claro Obama, cuando, días atrás, dijo que el sistema migratorio 'está quebrado' y que hay que hacer 'algo de fondo'.
Poco antes, su mujer, Michelle, había escuchado cómo una niña de segundo grado le reprochaba que el gobierno no hiciera nada por los ilegales. Fue en un acto público, en el que la acompañó la primera dama de México. No fue un momento fácil.
Ni es un debate fácil. Sería un error considerar que aquí las aguas están divididas entre demócratas y republicanos. La frontera no corre exactamente así sino, más bien, por la realidad de cada uno de los 50 estados que componen el país.
Por caso, el senador demócrata Harry Reid está en favor de una 'reforma integral' del sistema. Pero él es de Nevada y allí la cuestión migratoria no es explosiva, como sí lo es aquí en Arizona. Para sus colegas de Carolina del Norte, en cambio, el discurso es más difícil. 'No deberíamos estar hablando de esto', dicen.
En el corto plazo, podría pensarse que lo de ayer fue un triunfo de quienes, desde hace meses, vienen desgañitándose en esta batalla para que se reconozcan derechos de una parte real de la población. Fue un esfuerzo enorme. Y lo lograron.
Pero al mismo tiempo, es difícil dejar de pensar en lo parcial del esfuerzo. En la paradoja de que haya sido necesario tanto para lograr, en realidad, tan poco.
LA NACION
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