A los hijos no se les puede hacer creer que van a madurar a base de los errores que cometan, pues la mayoría de las veces, esos errores son irreversibles y precisamente limitan la maduración
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| Tengo una hija de 15 años enamorada de uno de 16. |
A los 15 años, todavía los hijos no están
formados como adultos. Todavía están en la pubertad que es
la primera fase de la adolescencia, donde se producen las
modificaciones propias del paso de la infancia a la edad
adulta. Están inmaduros y llenos de inseguridades, como para poder
entender las responsabilidades que desde el principio, conllevan los
noviazgos.
En esas preciosas etapas de la vida, como son la
pubertad, preadolescencia y adolescencia se tienen muchos cambios
físicos y
emocionales, pues el cuerpo está ajustando la edad fisiológica y
la edad mental. Es cuando empiezan a despertar su instinto
sexual, originando que tanto los niños, como las niñas, empiecen
a prestar atención a los del otro sexo y a
ser admirados y a admirar a los del sexo opuesto.
Que los padres autoricen, consientan o ignoren voluntariamente, el
noviazgo
de una hija de 15 años o a un hijo
de 16, es condenarles a un casi seguro problema, la
mayoría de las veces irreversible.
A los hijos no se
les puede hacer creer que van a madurar a base
de los errores que cometan, pues la mayoría de las
veces, esos errores son irreversibles y precisamente limitan la
maduración.
Mucho peor si los hijos empiezan a edades más tempranas,
con noviazgos a escondidas y salidas furtivas, como es normal
en algunos grupos sociales.
Para los 15 años ya les
han dado mucha y muy mala información, sobre el derecho
y la libertad que tienen, de hacer lo que quieran,
cuándo quieran y cómo quieran con su cuerpo, principalmente en
todo lo relacionado con el sexo. Pero les han hablado
muy poco de las obligaciones y graves consecuencias, que conlleva
ese derecho y esa libertad si las aplican mal. Incluso
saben que sus parejas, no se responsabilizarán en caso de
que se produzca un embarazo, pero a sus 15 años
quieren seguir adelante con sus noviazgos, porque dicen que todas
lo hacen y está muy de moda.
Una pregunta muy
irresponsable y carente de sentido común, es la que suelen
hacer algunos padres, familiares o amigos de la familia: ¿Cómo
es que todavía no tienes novio si ya tienes 15
años? ¿Es que no te gustan los chicos o no
te gustan las chicas? Eso supone minar los sentimientos que
tienen de mantenerse alejados de ese problema, hasta que les
llegue la edad adecuada.
Muchos enamoramientos de los hijos,
suelen
coincidir con el comienzo de los nuevos ciclos escolares, donde
las chicas se deslumbran de los chicos, más mayores que
ellas y los chicos encuentran otras formas diferentes de pasarlo
bien con las chicas. En el ciclo escolar anterior, las
chicas no estaban tan preocupadas por las amistades masculinas, pero
ahora están metidas en un mundillo, donde casi todas las
amigas salen, han salido o quieren salir con algún chico.
Las modas han tomado una parte muy importante de sus
mentes y hay una carrera loca, entre las amigas, para
ver quien está mas sexy, provocativa, atrevida, moderna y desinhibida
ante los chicos. Eso conlleva que cada vez se vuelven
más audaces, imprudentes y osadas en sus vestimentas, conversaciones,
posturas,
horarios, peticiones de permisos y de dinero y otras situaciones
impropias de la edad.
Para algunas jovencitas y sus padres,
la simpática y tradicional fiesta, en algunos países denominada
“quinceañera”
suele ser el parte aguas, donde empieza un acuerdo tácito
entre hijas y padres, para que éstas puedan comenzar a
chicolear. Eso suele querer decir, que ya pueden tener permisos
para tener “amigos privados con derecho a roces”. Es una
edad demasiado prematura, como para iniciar esas cuestiones tan
peligrosas,
las cuales muchas veces, terminan mal para ese tipo de
parejas, aunque en su entorno sea normal los noviazgos a
edades tan tempranas o sean costumbres ancestrales, difíciles de
modificar,
porque han sido practicadas por sus familias o sociedades.
Una
cosa es la alegría loca de empezar un noviazgo, para
divertirse o no aburrirse, sabiendo y asumiendo los riesgos que
eso conlleva, pero otra cosa es empezar un noviazgo, con
el objetivo de que pueda terminar en matrimonio. Para ello
tiene que haber una madurez, un objetivo, un plan determinado
y unos controles, que hagan las veces de brújula, para
saber si se va en la dirección adecuada y evitar,
que les vaya llevando hacia el precipicio de las frustraciones
o situaciones irreversibles, esas que dejan heridas y cicatrices para
toda la vida. Nadie se muere por ser virgen hasta
el matrimonio y muchos se mueren por no serlo.
Aunque
los padres hubieran tenido noviazgos prematuros, e incluso se hubieran
casado siendo adolescentes, como era o es habitual en algunas
regiones o segmentos de población, las circunstancias ahora han cambiado
y ya no vale decir “yo no conocía las malas
consecuencias que esto iba a tener”. Los padres ahora tienen
que tener muy claras, las enseñanzas y puestas en práctica
de las virtudes y valores humanos, que tienen que inculcar
a sus hijos, sobre el respeto a las personas del
sexo opuesto, la decencia, el pudor, etc.
Es muy difícil
para algunos padres, convencer a sus hijos sobre los peligros
de los noviazgos prematuros, cuando ellos mismos lo han hecho
y también los padres de sus padres. Antiguamente las circunstancias,
costumbres, necesidades y situaciones, eran muy distintas a las que
hoy en día suceden. Antes, en algunas familias no le
daban mucha importancia al infierno en vida, que muchas veces
suponían las consecuencias de los noviazgos prematuros, que casi siempre
terminaban en separaciones y violencia domestica, pues algunos lo
consideraban
como situaciones normales. Hoy en día todos aspiramos al mejor
bienestar presente y futuro de los hijos, por lo que
se deben eliminar, todas las banderas rojas que avisen de
antemano, las probabilidades del fracaso.
Los padres tienen que
explicar
muy claramente, en función de sus experiencias, conocimientos e
información
actualizada, la cantidad de obstáculos que tienen que superar, antes
de entrar en la edad física y mental razonable para
el noviazgo.
30 Virtudes y valores humanos, como base para
la educación sexual de los hijos:
Abstinencia amor,
autodisciplina, castidad,
disciplina, educación, familia, Fe, fortaleza, generosidad, honestidad,
justicia, modestia, obediencia,
oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pudor, pureza,
religiosidad, respeto, responsabilidad,
sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina,
voluntad, etc.
Es
imprescindible que los padres pongan en sus hijos los cimientos,
de una buena formación moral y religiosa. No se puede
empezar la casa por el tejado, ni enseñar sexualidad a
los hijos, si no tienen el soporte, entre otras muchas
cosas, en el ejemplo dado por las padres y en
tener un gran conocimiento y una buena práctica, de las
virtudes y valores humanos citadas anteriormente. Ahora los padres, más
que nunca, tienen que evitar dar malos ejemplos a sus
hijos, con sus comportamientos inadecuados, en cuanto a su forma
de vestir, conductas, actuaciones, prácticas y hábitos, pues si quieren
inculcar en sus hijos las virtudes y valores humanos, deben
dar primeramente, un buen ejemplo en cuanto a su imagen
y actitud. Las madres no pueden ir sexualmente provocativas y
pretender que sus hijas no lo hagan y que por
lo tanto, se conviertan en pieza de caza de los
otros niños. Ni los padres llevar una doble vida fuera
del matrimonio, sabiendo que sus hijos están intentando aprender esas
acciones para imitarles.
El pudor es la tendencia natural a
defender lo más íntimo de la persona, nuestro cuerpo, nuestra
forma de hablar y actuar, y todas las cosas que
consideramos privadas. El pudor está basado en las virtudes y
valores humanos, mencionados anteriormente y que son los que permiten,
que seamos dueños de nosotros mismos. Por eso los padres
tienen que enseñar a los hijos a que sean firmes,
fuertes y contundentes en que su si, sea si, y
que su no, sea no, aunque les cueste mucho y
sea difícil hacerlo. Si fuera necesario tienen que tener el
coraje para huir de las ocasiones que les puedan dañar.
Al peligro no siempre hay que hacerle frente, hay que
huirle para no perecer ante él. No es más inteligente
el que se enfrenta al peligro y sucumbe a él,
que el que huye. Esta firmeza incluso puede ocasionar, el
tener que renunciar a noviazgos, amistades y situaciones que les
dañen. Tanto en las decisiones con ellos mismos, como con
las relacionadas con otras personas. Los padres deben cuidar el
entorno, donde se desarrollan sus hijos, en cada una de
sus edades, evitándoles las amistades y familiares tóxicos.
Es
muy importante
que los padres enseñen a sus hijos, a cultivar la
amistad de las personas que les hagan ser mejores, aunque
para ello, tengan que renunciar a amistades que puedan dañarles
o que pueden ponerles, en ocasión de caer o recaer
en los noviazgos prematuros. Instando siempre a que esas relaciones
entre jóvenes de distinto sexo, sean sanas y moralmente aceptables.
A
los 15 años, ni con mucho, es una edad adecuada
ni física, ni emocionalmente para ser novia de muchacho, de
esa edad o parecida, ni aunque sea con el consentimiento,
beneplácito, ignorancia o disimulo de los padres. Los padres tendrán
que asumir las responsabilidades, de lo que seguramente sucederá. Cada
cosa tiene su tiempo, y en cada tiempo hay que
hacer las cosas que corresponda.
A los hijos en cuanto
cumplen los 15 años, ahora les llaman jóvenes adultos, aunque
de adultos, todavía tengan muy poco. No por eso tienen
que desperdiciar su juventud, haciendo lo que les corresponderá hacer,
cuando tenga la edad oportuna, y no haciendo lo que
le corresponde hacer a esta edad. Todavía no tienen el
discernimiento para saber los peligros que encierran la confianza, o
excesiva confianza, que produce un noviazgo con otro adolescente de
edad similar. La consiguiente inmadurez y falta de formación en
todos los aspectos, es una de las banderas rojas que
avisan de los embarazos prematuros, de las parejas que juegan
a novios. El que quita la ocasión, quita el problema
y el que juega con fuego, se quema.
A los
15 años algunas niñas, se aburren con sus amigas o
amigos y tratan de entretenerse explorando cosas, que por su
edad, no les corresponde. Los padres son los que tienen
que ayudarles a buscar y encontrar, las miles de soluciones
que existen en todos los sitios, para convencerle que haga
otras cosas, que le llenen su tiempo libre. También tienen
que irles formando, en ese difícil camino de transición, que
es la adolescencia, palabra que indica, que todavía adolecen de
las cosas más elementales, para poder desenvolverse en la vida.
La inconsciencia en esas edades, la ignorancia del peligro y
la falta de formación, les hace pensar que ya lo
saben todo. Máxime si no han tenido una clara y
firme educación, en las virtudes y valores humanos, soportadas con
el conocimiento y el ejemplo de sus padres. Son como
los niños pequeños, que están aprendiendo a leer y van
leyendo todos los letreros en la calle, algunos creen que
ya son capaces de leer El Quijote de la Mancha
o similar. Pero no pueden, son todavía unos analfabetos, que
están alfabetizándose, pero que necesita tiempo y la adquisición de
muchos conocimientos, antes de poder leer ése libro.
Los padres
tienen que acordarse de cuando ellos tenían 15 años, hubieran
tenido o no noviazgos, para que reconozcan, honradamente, que a
esa edad, no se puede ni se debe tener una
relación de noviazgo y mucho menos, una aventura que pueda
dejar tantas cicatrices irreparables e imposibles de borrar para toda
la vida.
Es una enorme pena que una niña o
niño, de aproximadamente 15 años, salga con un muchacho, por
muy bueno y responsable que sea, pues perderá los mejores
años de su juventud, de su formación, búsqueda y consolidación
de la madurez, desperdiciando el tiempo y asumiendo los peligros
y riesgo de un noviazgo, fuera de tiempo. Si de
verdad se quieren, pueden esperar a vivir un poco, a
conocer a más amigos, a formarse física e intelectualmente, ya
que si tiene la mente llena de las cosas de
los noviazgos, les pueden frenar sus estudios.
A los 15
años aproximadamente, junto con los cambios físicos naturales, suele
despertarse
el sentido sexual de la vida, sentido que hay que
ayudarles a reconducir con la inestimable ayuda de los padres,
sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, los que le facilitarán una
auténtica y correcta información, sobre el sexo y la validez
de los sentimientos, adecuada a su edad y demás circunstancias
personales. Pero el hecho de ese despertar, no conlleva la
autorización de los padres para empezar a pasarlo bien con
los novietes de 16 años, ya que la sexualidad, tiene
la noble misión de contribuir a la propagación de la
especie humana, dentro del matrimonio entre un hombre y una
mujer, en el orden a formar una familia. Esta es
una más de las muchas etapas, por las que las
personas tienen que pasar durante la vida. Transitar de la
infancia a la adolescencia y posteriormente a la juventud, pero
sin saltarse cada una de esas etapas, poniendo la carreta
delante de los bueyes.
El hecho natural de que los
hijos a los 15 años, unos antes y otros después,
empiecen a cambiar física y emocionalmente, no tiene que producirles
vergüenza, pues es el magnifico signo que determina el crecimiento.
Algunos hijos tienen una crisis motivada por el hecho de
empezar a dejar de ser niños e iniciar, el proceso
de ajustamiento a la pubertad, a la adolescencia y a
la juventud. Es una etapa, normalmente pasajera, que suele originar
una fuerte autoafirmación de la personalidad, una constante rebeldía y
una fuerte agresividad. Estas situaciones, no deben conducir a que
piensen los padres o los hijos, que un noviazgo les
solucionará esos problemas internos de identidad, propios del
crecimiento, es
más, normalmente suele acrecentarlos, al aumentar sobre los hijos los
problemas del noviazgo prematuro.
Los padres tienen que tener un
dialogo muy abierto con sus hijos, con temas específicos en
cada unas de sus edades, hablándoles muy claramente, incluso contándoles
sus malas experiencias, si las tuvieron, pero insistiendo en que
si les dieran permiso para sus noviazgos o se inhibieran
consintiéndolos, en vez de beneficiarles, les harían mucho daño y
seguramente de forma irreparable. Deben explicarles también, con mucho
cariño,
que cuando tenga más edad, lo verán muy claro y
entenderán el amor de los padres, para decirle que no.
Ya que esto es mucho más difícil, que decirle que
si, incluso hablándoles de la posible mala fama, que desgraciadamente
les pueden adjudicar sus amigos y familiares, les va a
perjudicar para el resto de sus vidas.
Los noviazgos a
esas edades tan tempranas, estadísticamente forman parte de un colectivo
de altísimo riesgo, para las enfermedades de transmisión sexual, los
embarazos no deseados, los abortos, los divorcios de segunda y
tercera ocasión y en que se conviertan, en parejas de
hecho y no en matrimonios de derecho. Además de propiciar
las bajas calificaciones escolares, las deserciones de los estudios y
las consiguientes disminuciones en la calidad de vida y formación
profesional.
Las consecuencias, situaciones y costumbres de los
noviazgos prematuros,
se van heredando de abuelos a padres y nietos, principalmente
en determinados segmentos sociales. Es una cadena que social y
religiosamente es casi imposible de romper. Estas cadenas son las
que aumentan las bolsas de pobreza para las comunidades, que
viven inmersas en esas situaciones, con independencia de otras mejores
realidades, que estén en su entorno, donde las personas tengan
los noviazgos a su debido tiempo.
Lo más importante de
ese tiempo de preadolescencia y adolescencia, es aprovecharlo para
intentar
crecer integralmente, en todas las áreas de la vida, y
sobre todo, para planear el futuro con la ayuda de
los padres, tutores y sacerdotes, pastores, rabinos o imanes, ya
que los hijos, todo lo que hagan en esa etapa,
serán los cimientos para los éxitos o fracasos posteriores. Es
muy importante tener la capacidad de saber, poder y querer
dialogar y preguntando previamente, las dudas relacionadas con un
posible
noviazgo. Los padres deben ayudar a sus hijos a preparar
un plan de vida, pues es mucho más fácil llegar
a cualquier lado, cuando ya sabes a dónde ir.
El pudor
es la tendencia natural, a defender lo más íntimo de
la persona, nuestro cuerpo, nuestra forma de hablar y actuar,
y todas las cosas que consideramos privadas. El pudor está
basado en las virtudes y valores humanos mencionados anteriormente y
que son los que permiten, que seamos dueños de nosotros
mismos. Tanto las hijas, como los hijos, deben cuidar la
intimidad de su cuerpo, reflejada en su ropa, imagen, acciones
y lenguaje, guardando las mejores cosas de su vida para
ellos mismos y así poder entregarlas a quien con pleno
conocimiento de causa, y en la edad adecuada, decida amar
incondicionalmente.
Los padres tienen que enseñar a sus hijos lo
que
es el verdadero amor en el noviazgo. El verdadero amor
es el que busca el máximo bien, de la otra
persona. Si en un noviazgo prematuro, la persona percibiera que
no puede dar el máximo bien a la otra persona
y que por lo tanto, le va a crear los
mismos problemas que ella va a tener, no obrarían bien
consintiendo que ese noviazgo prospere.
Entre la ultima fase de
la
adolescencia y la primera de la juventud, los padres deben
enseñar a sus hijos, los principios de los conocimientos de
la fertilidad y la regulación natural de la fertilidad, pero
dentro del contexto de la educación al amor, de la
fidelidad matrimonial, del plan de Dios para la procreación y
el respeto de la vida humana.
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