Conversación con Javier Lozano y María José Garrote
JAVIER LOZANO y MARíA JOSÉ GARROTE constituyen a ojos vista un
joven matrimonio feliz. Nos encontramos en un Congreso sobre la Familia
organizado por las APAS. Javier es abogado, con un prestigioso despacho
profesional. María José es licenciada en Derecho, dedicada a su marido y
a sus dos hijos. De momento tienen siete. María José y Javier, hace
unos pocos años todavía eran "chico-chica" (nos reímos), aunque también
algo más: eran "novios". Me parece que puede resultar interesante hablar
con ellos del noviazgo. ¿Quién no habrá de pasar por tal situación si
no la ha pasado ya; o, si su camino es otro, dar un consejo, una opinión
oportuna sobre el asunto? Vayamos, pues, al grano.
-¿Qué recuerdos os trae el noviazgo, que tenéis aún tan cercano?
J.L.- Cualquier matrimonio feliz convendrá en que el noviazgo es
una época que se recuerda con mucha alegría, incluso con cierta
nostalgia, sana, como una etapa dorada de la vida. Pienso que la
felicidad que después se da en el matrimonio, en buena medida viene del
cuidado, del mimo -diría yo- que se haya puesto en cuidar el noviazgo.
-Bien, pero ¿qué se entiende, o qué os parece que debería
entenderse por "noviazgo"? Algunos piensan que es un concepto anacrónico
y, por otro lado, se usa a veces como un eufemismo de relaciones
aberrantes. ¿Cómo podría definirse el buen noviazgo, conforme a la recta
razón?
-Podríamos empezar por exclusión, diciendo lo que no es:
evidentemente no es una simple relación de amistad entre un chico y una
chica. Eso sería escaso para lo que se pretende. Pero tampoco es una
"relación prematrimonial", en el sentido que se suele dar ahora a esa
expresión, como si fuera bueno en el noviazgo todo lo que es bueno en el
matrimonio.
El noviazgo va más allá de la mera relación de amistad. Se añade
una atracción hacia el otro -el chico o la chica- de un orden especial,
inmaterial, espiritual, que se quiere fomentar, enriquecer, cultivar, en
orden a resolver dos cuestiones que entonces se plantean: una, si es
posible la continuidad de esa relación gozosa que ha surgido; y otra, si
puede convertirse en matrimonial. Es decir, el noviazgo se vive en
relación a un posible o incluso probable matrimonio, del cual obtiene
sus propias notas características. Es decir, de cómo se entienda el
matrimonio, depende lo que se entienda por noviazgo.
LOS "EN-AMOR-DADOS"
-¿Y vosotros, qué entendéis por matrimonio y, en consecuencia, por
noviazgo?
J.L. -El matrimonio es, en síntesis -como muestran el Derecho
natural y el Magisterio de la Iglesia- la unión de uno con una para
siempre, abierta a la fecundidad. Subrayo la palabra unión, aunque tiene
mayor alcance y rigor jurídico la palabra "vínculo". Una unión que ha
de ser fiel e indisoluble. Si lo concibes así, como en realidad es por
naturaleza, en el noviazgo sabes con más claridad a lo que vas, que es a
profundizar en el conocimiento de la persona con la que sales, con la
cual posiblemente podrás llegar a compartir toda tu vida.
El mismo lenguaje tiene expresiones acertadas para la variedad de
situaciones, recogidas por el profesor Viladrich en un libro que
recuerdo con agrado, Amor y matrimonio. De los novios se dice que están
enamorados: "en-amor-dados", es decir, viven una relación de cariño
presidida por el respeto y la lealtad. Es un tiempo en que es natural
pasarlo muy bien y disfrutar en el descubrimiento de otra personalidad,
otro "yo", complementario en tantos aspectos. Pero es preciso tratarla
en serio, sabiendo que el noviazgo es una cosa y el matrimonio otra. ¡Ya
llegará, si Dios quiere!. No hay que tomarse anticipos. Recuerdo que
nos decían mis padres cuando comentábamos en casa algún futuro plan,
aunque no tuviera malicia alguna: "¡pero, ¿qué dejáis para el
matrimonio?!". Hay sabiduría en esa pregunta.
LEALTAD EN LIBERTAD
M.J.G.- Con el matrimonio, los "en-amor-dados" se convierten en
"es-po-sa-dos", porque se han creado unos vínculos afectivos que llegan a
la entrega total y definitiva, que requiere absoluta fidelidad y ayuda
mutua. Además, estas actitudes son exigibles por cada uno y debidas al
otro. En el noviazgo, en cambio, hay que conjugar la libertad con la
lealtad. Por eso el noviazgo tiene unos límites que no existen en el
matrimonio y que no se deben traspasar. Y esto es lógico porque el
matrimonio es indisoluble y el noviazgo no. El noviazgo es la
preparación y debe estar regido más por la cabeza que por el corazón.
Las decisiones deben estar tomadas con la cabeza. Cualquier
extralimitación en el noviazgo, paradójicamente, se convierte en límite,
en una especie de losa que después pesa sobre la libertad, y en
consecuencia puede comprometer el acierto de futuras y graves
decisiones.
En definitiva, aquí, como en todo, el dominio de la pasión impide
el dominio de la razón, y hace muy difícil, si no imposible, hacer lo
que realmente conviene en cada momento. Incluso me parece que durante el
noviazgo la creación de ciertos lazos o vínculos -como tener cuentas
corrientes conjuntas, comprar cosas entre ambos, etcétera- es
innecesario, más aún, puede estorbar, porque crea una situación
artificial que merma la libertad que sí es necesaria durante ese
período.
-¿Esa libertad necesaria quiere decir que cada uno es libre de
salir con el novio o novia, y también él con otras chicas y ella con
otros chicos?
-Durante el noviazgo pueden surgir serias y razonables dudas sobre
la conveniencia de continuarlo o de cortarlo. Y puede llegar un momento
en que la lealtad exija plantear una crisis para no comprometer el
futuro de ambos, que no debe edificarse sobre la inestabilidad. Cuando
las espectativas, esperanzas, ilusiones no son compartidas o generan
dudas fundadas, serias, sobre la estabilidad de la futura convivencia,
hay que cortar. Porque si no, se crearía una situación artificiosa cada
vez más difícil de superar. Los afectos creados y los intereses comunes
conducirían o bien al aislamiento, que no es lo natural; o bien a buscar
sistemáticamente la compañía de terceros, porque entre ambos ya estaría
dicho todo y el encanto del salir solos se desvanecería.
Pero la lealtad obliga normalmente a los novios a no tratar a
terceras personas de tal manera que facilite la dispersión del afecto.
Hay una voluntaria atadura, la sujeción libre a unos deberes. José Luis
Soria, en un libro muy útil, dice que quizá por eso tenga hoy tan pocas
simpatías el noviazgo serio. Y añade que quien vea el deber como una
falta de libertad, quien no sepa renunciar a determinadas posibilidades
por amor, quien no quiera que nada ni nadie le coarte, quien no se
decida a aceptar ese necesario condicionamiento, se descalifica
automáticamente hasta para el matrimonio, que implica la definitividad
del compromiso provisional y primerizo del noviazgo. Y nos estamos
refiriendo no a un compromiso jurídico o formal, sino a un compromiso
íntimo, quizá sin ninguna manifestación explícita, pero no por eso
carente de fuerza.
-María José y Javier están tan de acuerdo, al menos en este asunto,
que no es posible separarlos ni en los aspectos opinables de la
cuestión. Merecen nuestra enhorabuena. Continúa, por favor, María José.
M.J.G.- Me parece muy enjundioso el consejo del beato Josemaría
Escrivá de Balaguer, que he leído en Conversaciones: "el noviazgo debe
ser una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento. Y, como
toda escuela de amor, ha de estar inspirado no por el afán de posesión,
sino por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de
delicadeza" (). Me parece que en estas palabras se puede descubrir el
ambiente en el que pueden desarrollarse armónicamente, sin estorbarse,
al contrario, tanto la libertad como la lealtad.
-¿Y no es muy difícil -imposible, piensan algunos- vivir con esa
nobleza, con esa limpieza, o por decirlo mejor, con esa pureza de
intención y de conducta que estáis proclamando entre líneas? (María José
y Javier no creen ser una excepción y realmente no lo son. No son
extraterrestres) La pregunta es la siguiente: ¿Qué hay que hacer y qué
hay que evitar para conseguirlo?
M.J.G. -Fácil no es, desde luego, vivir esas virtudes que son tan
humanas como cristianas. El ambiente es difícil, incluso a veces hostil:
hay mucha presión contraria. Pero vale la pena ir contracorriente. El
amor es lo que nos hace felices y el amor verdadero sólo prende con
sacrificio, luchando con sentido de responsabilidad y espíritu
deportivo. Así, se consigue. Además, para el cristiano, si hay caídas,
también hay el remedio de la Confesión, que cura y fortalece, nos
levanta y dignifica. Como es lógico, hay que evitar las ocasiones de
empañar la propia dignidad personal y la del otro: los sitios poco
frecuentados, los "roces" excesivos con pretexto del cariño... son los
principales enemigos. Hay que medir las consecuencias de los propios
actos. Salir hasta altas horas de la noche, por sistema, no hace bien,
debilita la voluntad. Queramos o no, la noche no es lo mismo que el día:
ni se trabaja lo mismo, ni se tiene el mismo dominio de sí. Es más
difícil dominar la voluntad después de haber visto una película picante,
con varias copas en el cuerpo y a las tres de la madrugada. Como regla
general, es evidente que el estado de ánimo no es el mismo a las 12 del
mediodía que a las altas horas de la noche. Además, si se valora el
tiempo, al día siguiente hay que trabajar, lo cual es incompatible con
el sueño profundo...
J.L.- Tampoco nos parece oportuno que grupos de novios vayan de
excursión un fin de semana. Más bien puede perjudicar. Yo diría también
que a medida que se consolida el noviazgo, el espíritu debe tomar la
iniciativa, las riendas, para que las almas se vayan compenetrando,
porque es de ahí que surge el cariño más rico, permitiendo un
conocimiento más hondo y unitivo. Si durante el noviazgo no pusiéramos
reservas al cuerpo, el amor perdería su dimensión espiritual, las
relaciones serían meramente pasionales y pondrían en peligro el futuro
matrimonio.
LA PRUEBA... DE LA DEFUNCIÓN
-Ciertamente, la experiencia de siglos habla en este mismo sentido.
Pienso que una estadística veraz sobre ese punto resultaría muy
ilustrativa. De un noviazgo dominado por la relación sensual, la
felicidad del matrimonio que le siga será muy pobre y corta...
J.L.- Es que el placer sensual, por naturaleza, no establece
compromisos duraderos y la posesión de uno por el otro, en el noviazgo
es egoísta. Decía Goethe que "el amor no domina, cultiva". La posesión
no es -como a veces se pretende- una "prueba" del amor, sino casi su
partida de defunción. Muchos van al matrimonio "de penalty", forzados
por unas relaciones mantenidas en el tiempo, pero que han perdido el
significado de entrega, de fidelidad, de donación de uno mismo, de
apertura a la descendencia. El placer posesivo es interesado, no busca
al otro o la otra, no respeta la dignidad de la persona y da pie a la
infidelidad y a la desgracia. En este sentido, me parece especialmente
importante el papel de la mujer -de la novia-, porque la mujer es más
reposada, menos impulsiva. Debe fomentar un atractivo personal, pero no a
base de perder parcelas de su intimidad. La mujer es más pudorosa,
tiene recursos suficientes para explotar sus cualidades personales
haciéndose respetar y no a base de perder el decoro o de ser
provocativa. En esto los padres han de desarrollar una importante labor
de orientación.
EL "NOVIAZGO" DE ADOLESCENTES
-¿Qué opináis del noviazgo entre adolescentes?
-Que entrañan su peligro. Conllevan relaciones largas que con
frecuencia se convierten en tediosas, aunque no siempre suceda así. Como
el matrimonio suele quedar lejano, suelen acabar rompiéndose, con
traumas de diversa consideración. Lo preocupante, por lo general, es que
el adolescente no está suficientemente desarrollado y para llegar a
tener una personalidad vigorosa requiere -como dicen buenos
especialistas sobre el asunto- el trato con personas del mismo sexo.
Aquí reside también un riesgo de la enseñanza mixta a todos los niveles:
no facilita la afirmación de los rasgos femeninos en la mujer y de los
masculinos en el chico. Es uno de los puntos que se han subrayado en
este Congreso sobre la Familia. El matrimonio es la unión de dos
caracteres no idénticos, sino complementarios. Es una comunidad de vida y
amor abierta a la fecundidad. Si alguno de los términos o extremos del
edificio no está bien definido, puede ser que por ello el edificio no se
caiga, pero ponemos en peligro su estabilidad, facilitamos la aparición
de grietas de reparación difícil.
CÓMO CONVIENE CONOCERSE
-Decís, con mucha razón, que el noviazgo tiene una función clara de
mutuo conocimiento. ¿Qué aspectos de la otra persona os parece que
merecen mayor atención?
J.L. -Hay un punto que no puede despreciarse: las creencias
religiosas del otro, que es preciso conocer y, en lo posible, ambos
deben unificar, por la sencilla razón de que pueden condicionar
comportamientos futuros entre los cónyuges y de éstos con los hijos. Hay
un dicho que las madres recuerdan con frecuencia: "el hombre debe rezar
cuando va al mar, una vez; cuando va a la guerra, dos; y cuando se va a
casar, tres". Es verdad; si antes del noviazgo se tiene una cierta
práctica religiosa, con el noviazgo no llega el momento de abandonarla
sino de intensificarla, pues conviene pedir al Señor por el otro, además
de por uno mismo, y pedirle luces para ver con claridad, porque dudas
siempre las hay en el noviazgo. Creo que debe conocerse bien el ámbito
familiar, el ambiente que se respira en las casas paternas. No se trata
de frecuentarlas. En mi opinión, esto se debe evitar, por lo que hemos
dicho antes sobre la necesaria libertad que ha de conjugarse en esa
etapa. Convertirse en "uno más de la familia", sin serlo, al menos
todavía, es artificioso y puede resultar perjudicial. Pero sí que debe
conocerse el ámbito familiar del otro, porque da muchas pistas de si se
viven y de cómo se viven ciertas virtudes; cómo se comporta ella o él en
familia, si hay alegría en la casa, si hay orden, espíritu de servicio,
etcétera. También así se conoce mejor el ambiente social en que se ha
formado, se pueden conocer mejor los gustos de la novia y mejorar los
"detalles" con ella.
¿QUE CANTIDAD DE TIEMPO JUNTOS?
-Entonces, ¿os parece aconsejable "salir" mucho, estar mucho tiempo
juntos durante el noviazgo?
-No, no. Nosotros vivíamos en distintas ciudades, nos veíamos poco y
nos quedábamos con las ganas. Esto me parece lo mejor: un poco de
cartas, un poco de teléfono y un poco de vernos. Personalmente prefiero
que haya sido así. Lo contrario pone las cosas más difíciles y disminuye
la ilusión.
RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES
-Ahora, como el tiempo vuela, pronto -relativamente pronto- hijos
en edad de merecer. ¿Qué pensáis de la labor orientadora de los padres
por lo que se refiere al noviazgo de los hijos?
J.L. -Que es, como en todo, importante, pero su eficacia no estriba
tanto en la cantidad como en la calidad de intervención. Si está
presidida por el cariño y la generosidad, siempre tiene eficacia. Pero
el estar muy encima de los chicos puede convertir en "meticon", y de eso
no se trata. Creo que los padres deben orientar no con afán
fiscalizador sino a modo de consejeros, en el ambiente familiar, fluido,
confiado y desinteresado, que han de crear con los hijos. En este
sentido es bueno que los padres se animen a leer, a documentarse sobre
el tema, que no den por sabidas las cosas, que no se limiten a recordar
su experiencia, que es fundamental, pero que ha de enriquecerse con
otras experiencias, con argumentos, con criterios razonables.
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
-Entonces no tenéis más remedio que proporcionarme una buena
bibliografía sobre nuestro asunto. A ver.
-Hay mucha. Además de los autores que ya hemos mencionado, los
libros que nos ha resultado más útiles, de entre los leídos, quizá sean
-de nivel universitario-, el de Javier Hervada, Diálogos sobre el amor y
el matrimonio (Ed. EUNSA, Pamplona 1974). Este es un libro excelente en
su género. Más asequibles a todos los lectores: La educación sexual, de
varios autores (Libros MC, Ed. Palabra, Madrid 1984). De la misma
editorial, Amor y matrimonio, de E. Fenoy y J. Abad; Amar y vivir la
castidad, de José Luis Soria; y Amor y noviazgo, de Mauricio Alegre.
También es bueno Diálogos para novios, de Gabriel Calvo (Ed. Alameda.
Madrid 1972)...
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