Autor: Edelweiss
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La fiesta de todos los Santos y de los fieles difuntos, nos trae la gran noticia de estar llamados a "a ser felices en el cielo junto a Dios", y a participar después de la muerte a esta vida, de su gloria eterna.
Son días para vivir la vida desde la gloria de Dios y vivir el recuerdo de nuestros difuntos sabiéndolos en el regazo del Padre.
Son días para gritar: "¿Dónde está muerte tu victoria, donde está muerte tu aguijón?"
Santidad y vida resucitada van de la mano. Quien se sabe en camino con Dios, busca la perfección en su hablar y hacer, a imagen de Jesús y necesita exponer siempre su vida a la acción de la gracia y de la misericordia del Padre Dios. Esto es santidad. Y ya está anticipando en la tierra la vida nueva que alcanzará en plenitud después de la muerte.
"Yo quiero ser sant@ Señor, y lo quiero porque Tú lo quieres y es la mejor inversión para mi vida; estoy en camino pero no soy constante, ni fiel, si sacrificad@, ni entregad@. Deseo ser como Tú quieres, pero mi corazón desea tantas cosas..., que no hay espacio para ti. Hazme desear la santidad; vacía mi interior de necesidades inútiles; fija mi atención en tu voluntad y acompáñame en el camino de cada día, y que cada día sepa dar una respuesta de santidad".