Los que conocen la vida de Gaudí nos dicen que uno de sus libros de cabecera era el titulado El Año Litúrgico, del abad Dom Prosper Guéranger, libro que tuvo gran divulgación entre los estudiosos y los fieles a inicios del siglo XX en Cataluña.
Gaudí
era un admirador de la liturgia cristiana y de su estética. Esto explica que
proyectara el templo de la Sagrada Familia como una gran catequesis de la
Iglesia, tal como ésta se expresa a lo largo del año litúrgico.
Si contemplamos el templo por
fuera, con sus dieciocho campanarios y sus fachadas y muros, nos hallamos ante
la realidad de la Iglesia: la torre más alta o campanario dedicado a
Jesucristo; la rodean los cuatro evangelistas; en el ábside, como seno materno,
la Virgen María; y los doce apóstoles, distribuidos en grupos de cuatro en cada
una de las tres fachadas principales: Nacimiento, Pasión y Gloria.
Se ha dicho que una de las
innovaciones geniales de Gaudí consistió en sacar el contenido de los retablos
interiores, pasándolo al exterior, a las fachadas. Por eso cada una de ellas es
como un gran retablo que ofrece al visitante o al fiel la contemplación de los
misterios de la infancia, pasión y resurrección del Señor, su mensaje de vida
en las bienaventuranzas y los sacramentos, la profesión de fe y la creación y
la glorificación de la humanidad (fachada de la Gloria). La contemplación
continúa en los muros y los ventanales, donde vemos las figuras de los santos y
santas, decorados como frutos del Espíritu Santo. Y en los ventanales mayores
se pueden contemplar los símbolos eucarísticos.
Si observamos el templo por
dentro, que es el espacio de la celebración, también hallamos el misterio de la
Iglesia. La construcción de la nave está inspirada en la visión del profeta
Ezequiel -en el capítulo 47- y en la visión de la Jerusalén celestial, que se
encuentra en el capítulo 22 del libro del Apocalipsis.
Cuando el
visitante entre en la nave se hallará como ante un bosque de palmeras. Pero
cada uno de estos árboles -las columnas- está dedicado a una Iglesia
particular. Están así representadas todas las diócesis, tanto las de aquí como
las del mundo entero. Gaudí pensó un templo de verdad católico y universal, por
ello simbolizó en él los cinco continentes del mundo y tiene tanto sentido que
sea el Papa quien presida su dedicación.
Por lo que se refiere a las
columnas, podemos añadir que son un conjunto de cincuenta y dos. Son todos los
domingos del año. Las que rodean el presbiterio están dedicadas al Adviento y a
la Cuaresma; las cuatro del crucero, a la Navidad, Ramos, Pascua de
Resurrección y Pentecostés; las del transepto, al tiempo pascual; y el espacio
de las cinco naves a los domingos de todo el año.
Todo lo cual, aunque sea dicho
en forma de sumario, justifica que podamos afirmar que la Sagrada Familia es un
templo único en el mundo a causa de su simbología bíblica y litúrgica, y
también por las innovaciones propiamente técnicas utilizadas en su construcción.
Su simbología religiosa explica que un nuncio del Papa en España, monseñor
Rangonesi, al visitar en el año 1915 el templo y escuchar las explicaciones de
boca de Gaudí en persona, cuando acabaron la visita, le dijera entusiasmado:
"¡Usted es el Dante de la arquitectura!"
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