domingo, 07 de noviembre de 2010

Técnico de fútbol quedó tetraplégico tras recibir dos balazos hace seis años

MEDELLÍN, domingo 7 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).-

 

“El campeón de la vida”, es el apelativo que ha recibido el técnico de fútbol colombiano Luis Fernando Montoya quien hace casi seis años estuvo a punto de perder la vida, en un atentado en el que perdió la capacidad de moverse, pero no la fe ni la esperanza.

Los hechos ocurrieron cuando El profe, como lo llaman cariñosamente en su país, recibió dos disparos en la oreja izquierda, en el momento en el que trató de defender a su esposa y a su pequeño hijo, José Fernando, que en ese entonces tenía tres años, de un delincuente que los interceptó para intentar robarles, dos días antes de la celebración de la navidad de 2004. Los disparos le seccionaron la médula espinal y lo dejaron tetraplégico.

Luis Fernando estaba justo en el momento más brillante de su carrera. Era el director técnico del equipo de fútbol Once Caldas que hacía unos meses había obtenido el primer título de la Copa Libertadores de América. Era el segundo título de este tipo que obtenía un equipo de fútbol colombiano.

Pasados algunos meses del atentado, aunque ya estaba fuera de peligro de muerte, el panorama no parecía ser el muy alentador: tendría que permanecer conectado de por vida a un ventilador mecánico y a un marcapasos diafragmatico. Difícilmente podría recuperar el habla y no podría hacer ningún movimiento del cuello para abajo.

Hoy El profe ya no necesita del marcapasos ni del ventilador, ha podido volver a hablar y logra hacer leves movimientos con los dedos de las manos y de los pies.

“La vida hay que lucharla hasta el final”, repite constantemente Luis Fernando desde que recuperó el habla. Aceptó dialogar con ZENIT desde su casa, ubicada en una localidad llamada Caldas, a 17 kilómetros de la ciudad de Medellín.

Allí tiene muy visible la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, cuya intervención ha sentido tan fuerte en los últimos años como la de los mismos médicos que se han empeñado para devolverle la esperanza de vivir y de que vaya recuperando algunas facultades.

Destacó “el impulso de Dios y de la santísima Virgen” para poder sobreponerse a todas las dificultades. “También ha sido indispensable en cariño de mi hijo José Fernando, que hoy tiene nueve años y de mi esposa Adriana”, confesó El profe.

Y aunque no puede moverse del cuello para abajo, de alguna manera sigue entregándose a su gran pasión que es el fútbol. Hoy, con su silla de ruedas, da clases teóricas de fútbol en dos institutos tecnológicos de Medellín y Caldas.

Durante el mundial de Sudáfrica 2010 fue comentarista para un canal local de televisión y es columnista deportivo del diario El Espectador de Bogotá. Como no puede escribir, le dicta sus artículos a su esposa o a algún voluntario.

En la salud y la enfermedad

Adriana Herrera, esposa de Luis Fernando confiesa a ZENIT que recientemente estuvo en una boda “y justo cuando se cumplía el rito del matrimonio y los novios hacían sus promesas: en la salud, en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza…, yo pensaba: ¡realmente en mi matrimonio he pasado por todos esos momentos!”

La esposa recuerda que cuando Luis Fernando fue herido de muerte oró a Dios diciendo “si es tu voluntad, llévatelo que en mejores manos no puede estar, pero si quieres déjalo que lo vamos a acompañar”.

Para ella, la experiencia de la enfermedad le cambió la vida completamente. “Tuve que dejar los sacos elegantes del trabajo, la oficina, los horarios, la rutina para dedicarme a cuidar a mi esposo”, recuerda Adriana, quien trabajaba en una entidad bancaria, la cual le otorgó hace seis años una licencia remunerada para que cuide a su marido. “No tengo cómo pagar el gesto que han tenido conmigo”, dice.

“Cuando a Luis Fernando le dieron de alta mi casa parecía una unidad de cuidados intensivos, con muchos miembros del personal de salud”, recuerda su esposa.

Dice que la clave para aceptar el cambio que esto le ha dado en su vida es “hacerlo todo con amor” así como “aceptar que cada día trae su afán” y por otro lado “jamás sentir que esto se hace una carga”.

“Cada gesto que hago, lo quiero hacer pensando en su recuperación, no mirando las cosas negativas. Eso vuelve a las personas amargadas”, asegura la esposa de El profe.

Adriana dice que la lenta pero satisfactoria recuperación de Luis Fernando “me inyecta de fuerzas y me muestra que estamos en la lucha. Me hace ver que Dios me da cosas muy grandes, que nos está escuchado y así nos vamos fortaleciendo”.

Profesionales y amigos

Además de un equipo de médicos y profesionales que han estado detrás de la recuperación de Luis Fernando Montoya, El profe ha contado durante estos seis años con la ayuda de la terapista Cecilia Inés Granada, religiosa de la comunidad de las Hermanitas de la Anunciación, quien al enterarse de la noticia del atentado decidió llamar a la clínica donde estaba internado para ofrecer su ayuda.

“Además de la terapia empecé a llevarle la Sagrada Comunión con el permiso del párroco”, dijo a ZENIT la religiosa, quien es especialista en reflexiología. “Desde el principio le dije: usted tiene que recibir al Señor que es nuestra fuerza”.

La hermana Cecilia, de hábito blanco y velo negro, va todos los lunes con la psicóloga Clara Micolta, quien aprovecha para escuchar y aconsejar El profe. Para ella esta experiencia es como “poner el amor en movimiento”. Luis Fernando por su parte dice que la ayuda de la religiosa es “como el ángel que llegó del cielo” que le ha permitido mover los dedos de los pies y manos.

“Después de todas las operaciones que me han hecho me doy cuenta que Dios nos creo tan perfectos que todo nuestro organismo es hecho con una exactitud que ni nosotros mismos nos damos cuenta”, dijo Luis Fernando a ZENIT.

“El solo hecho de poder caminar o movernos es algo hermoso, uno ver el aparato circulatorio, fuimos creados e una manera precisa y creada de un modo detallado como el nos quiere a nosotros”, señaló.

Así Luis Fernando pasó de obtener para su equipo, el Once Caldas, una anhelada copa sudamericana, y obtuvo para sí mismo y sus seres queridos el campeonato de la vida, de la esperanza y de la confianza en Dios, valor de las cosas esenciales, lo que más ha aprendido en estos seis años de lucha por sobrevivir.

Por Carmen Elena Villa


Tags: Fernando Montoya

Publicado por saavedragoffins102 @ 13:32
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