lunes, 08 de noviembre de 2010

 Autor: Edelweiss

           Todo “creyente” anhela, espera con ilusión, está deseando este momento de "encuentro" con ese "SER SUPREMO" que ama..., pero antes de “encontrarnos con Dios”, hemos de encontrarnos con nosotros mismos; unificar nuestros pensamientos y acciones, es decir, no llevar una vida “dividida”.

          “Encontrarnos con nosotros mismos y con las propias necesidades más íntimas, es la condición necesaria para encontrarnos con Dios” (Cipriano de Cartago).

          Muchas veces pensamos y creemos que conocemos a Dios, hemos oído hablar de él y podemos figurarnos como es..., pero ¿corresponde al Dios que nos reveló Jesús en el Evangelio lo que sabemos de El?.

          Dios, que es el Creador infinito, que ha hecho de la nada todo cuanto existe, es también AQUEL que se “ocupa” de nosotros y nos “mira” con AMOR, porque somos “obra de sus manos”, nos ha “modelado a su imagen y semejanza (Gn. 1, 27)

          El ha creado el inmenso mundo, y también está en lo profundo de nuestro interior, siendo al mismo tiempo el totalmente “OTRO”.

          Si de verdad queremos encontrarnos con Dios, puede ser que nos suceda como a Job, que no le quedó más remedio que exclamar: “Yo te conocía de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. (Jb. 42,5-6)

          En esta búsqueda nos puede asediar el problema moderno de la “ausencia de Dios”...y, tenemos que ser conscientes de que, dirigir la mirada hacia Dios, significa “soportar su ausencia” y, sin embargo, creer también en su cercanía, creer que estamos arropados por su “presencia” que es “AMOR Y SALVACIÓN”, y creer que El, vive en nuestro corazón.

          Para nosotros encontrar a Dios significa: Tener “fe” en el Dios que se nos ha manifestado en Jesucristo, y en él, nos ha revelado su Corazón. En Jesús, se hace visible este Dios invisible, en El, lo incomprensible se vuelve comprensible..., entonces, asumimos las palabras que Jesús pronuncia en el Evangelio: “A Dios nadie lo ha visto nunca; es el Híjo único, que es Dios y que está a su lado quien nos lo ha revelado” (Jn. 1,18); “Quien me ha visto a Mi, ha visto al Padre” (Jn. 14,9).

          Por este camino del Evangelio, soportando la “ausencia” y creyendo siempre en la “presencia” cercana y amorosa de Dios, es como Francisco y Clara de Asís escalaron la cima de la Santidad, hasta llegar al vértice, donde está el AMOR.

          En este 8º Centenario de los orígenes de la Orden Franciscana, ambos santos invitan a sus seguidor@s a caminar con ilusión y entusiasmo por la misma “ruta” que ellos nos han dejado trazada..., y que sigue aún fresca a través de los siglos.

 En alabanza de Cristo. Amén


Publicado por edelweiss306 @ 5:00
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