Las palabras de Benedicto XVI, en un contexto donde la familia no siempre ha sido protegida y apoyada, resuenan con esperanza
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| Benedicto XVI en España y la familia |
Ha sido un viaje veloz: dos días entre Santiago de
Compostela y Barcelona (6 y 7 de noviembre de 2010).
Y muchos mensajes. Entre ellos, el de la familia.
En la
rueda de prensa ofrecida mientras volaba hacia Santiago de Compostela,
Benedicto XVI subrayó algunos elementos importantes en vistas a la
dedicación del templo de la Sagrada Familia, entre ellos el
valor de san José y de la Familia de Nazaret.
El
Papa explicó que la devoción a la Sagrada Familia era
algo muy presente en el siglo XIX, pero añadió en
seguida que “esta devoción de ayer es de grandísima actualidad,
porque el problema de la familia, de la renovación de
la familia como célula fundamental de la sociedad, es el
gran tema de hoy y nos indica hacia dónde podemos
ir tanto en la edificación de la sociedad como en
la unidad entre fe y vida, entre religión y sociedad.
Expresa el tema fundamental de la Familia, diciendo que Dios
mismo se hizo Hijo en la familia y nos llama
a edificar y vivir la familia” (rueda de prensa, 6
de septiembre de 2010, traducción de Zenit).
Lo que había sido
anticipado en la rueda de prensa fue luego un punto
de gran relevancia en la homilía del Papa al dedicar
la iglesia y el altar de la Sagrada Familia en
Barcelona. En un párrafo denso, mencionó a la Asociación de
amigos de San José, grandes promotores del Templo ideado por
Gaudí. Luego recordó cómo, “desde siempre, el hogar formado por
Jesús, María y José ha sido considerado como escuela de
amor, oración y trabajo” (homilía, 7 de septiembre de 2010).
El
mundo, en los últimos años, ha cambiado mucho, como señaló
el Papa. Pero junto a los progresos en otros ámbitos
del existir terreno, hace falta dar su lugar a “los
progresos morales, como la atención, protección y ayuda a la
familia, ya que el amor generoso e indisoluble de un
hombre y una mujer es el marco eficaz y el
fundamento de la vida humana en su gestación, en su
alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural. Sólo
donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura
la verdadera libertad”.
Ello explica la insistencia de la Iglesia en
la promoción de “adecuadas medidas económicas y sociales para que
la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo
su plena realización; para que el hombre y la mujer
que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados
por el Estado; para que se defienda la vida de
los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de
su concepción; para que la natalidad sea dignificada, valorada y
apoyada jurídica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se
opone a todas las formas de negación de la vida
humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el
ámbito de la institución familiar”.
Las palabras de Benedicto XVI, en
un contexto donde la familia no siempre ha sido protegida
y apoyada, resuenan con esperanza. El mal puede ofuscar los
corazones e impedir el conocimiento de la verdad. Pero sin
verdad unida a libertad (un tema abordado por el Papa
en sus palabras en Santiago de Compostela el 6 de
noviembre de 2010), las sociedad no llegan a conquistas verdaderas,
ni los hombres dan un sentido pleno a sus vidas.
Por
eso, hablar de la familia era necesario, como parte del
mensaje de amor que nos viene de Dios y que
Benedicto XVI fue subrayando en distintos momentos de su rápida
peregrinación a España.
Toca ahora, también con la ayuda visible de
un templo construido por creyentes como Gaudí y quienes le
apoyaron, poner en marcha medidas concretas para que las familias
puedan madurar según el testimonio maravilloso ofrecido por una Familia
humilde y pobre que vivió en Nazaret hace 2000 años.