Los adolescentes constituyen un grupo de riesgo, porque tienden a buscar sensaciones nuevas y son los que durante más tiempo se conectan a Internet

¿Te has preguntado alguna vez qué hacen tus hijos en
Internet? ¿Sabes si están conectados con amigos o con desconocidos?
¿Conoces cuáles son las web que frecuentan o si los
juegos que más utilizan son adecuados para su edad?
Con la
llegada de la adolescencia la curiosidad de nuestros hijos sobre
temas sexuales es muy grande. Si previamente no hemos sembrado
confianza en casa para hablar sobre estos temas o si
no nos hemos adelantado, lo más probable es que resuelvan
sus dudas directamente con sus amigos o a través de
la red.
Esta situación la aprovechan con frecuencia otras personas para
hacer negocio con la pornografía, a costa de una etapa
tan inestable como la adolescencia.
Usuarios expertos, pero inmaduros
Los niños y
adolescentes son especialmente vulnerables a la hora de abusar de
las nuevas tecnologías; corren el riesgo añadido de acceder a
contenidos inapropiados o contactar con desconocidos a través de Internet
y las redes sociales. Los padres debemos seguir unas pautas
que regulen su uso.
Pero no se trata de prohibiciones que
con toda seguridad se saltarán cuando no estemos presentes, más
bien debemos ayudarles a saber utilizar de forma responsable "los
medios". Poco a poco ellos son los que deben ejercer
ese autocontrol, tanto con el uso y el tiempo en
internet, como en muchas otras facetas de su vida.
La psicóloga
Alicia López de Fez considera que los adolescentes constituyen un
grupo de riesgo, porque tienden a buscar sensaciones nuevas y
son los que durante más tiempo se conectan a Internet,
además de estar muy familiarizados con las nuevas tecnologías. Son
usuarios expertos, pero inmaduros.
Ésta es una de las razones por
las que se desaconseja que nuestros hijos tengan un ordenador
o una videoconsola en el dormitorio, pues nos resultará más
difícil controlar su uso. Por tanto, debemos colocarlos en un
espacio común de la casa, donde "no tengan intimidad" para
conectarse con quienes quieran y a cualquier hora del día.
La
experta recomienda que se pacte el tiempo, los días de
juego y de navegación por Internet, siempre desde el diálogo
y con sentido común. Así, es mejor una hora durante
siete días a la semana, que siete horas seguidas un
solo día.
Además, no es aconsejable que puedan navegar a su
aire ni jugar a cualquier juego. Los padres debemos supervisar
los contenidos a los que éstos tienen acceso. No está
de más emplear programas que bloqueen el acceso a ciertos
contenidos o que dejen el historial de las páginas visitadas.
Adictos
a las nuevas tecnologías
En este sentido, la Organización Mundial de
la Salud (OMS) estima que al menos el 25 por
ciento de la población sufre un problema relacionado con el
abuso de las nuevas tecnologías. Las adicciones a éstas son
un problema grave que puede repercutir de manera negativa al
descuidar sus obligaciones o relaciones sociales, según explica Fernando Díez,
psicólogo experto en adicciones de Amalajer (Asociación Malagueña de Jugadores
en Rehabilitación).
Un adicto a las nuevas tecnologías puede entrar en
una espiral de aislamiento, gasto incontrolado, depresión y ansiedad. Estas
adicciones reciben el nombre de "no tóxicas", "sin sustancia" o
"no químicas" y algunos expertos prefieren denominarlas como "problemas de
abuso, mal uso o dependencia".
De éstas, las más adictivas son
el móvil, las videoconsolas e Internet; y como parte de
este último, la dependencia a las redes sociales, al correo
electrónico, a chatear, a la compra online, etcétera. Pero además,
algunas están asociadas con otro tipo de patología: el uso
abusivo de webs de pornografía.
Ver pornografía distorsiona su visión de
la realidad
Patrick F. Fagan, director del Family Research Council, ha
analizado los efectos sociales y psicológicos de la pornografía en
su estudio "The Effects of Pornography on Individuals, Marriage, Family
and Community".
En éste explica cómo los adolescentes que ven pornografía
se desorientan durante la fase de desarrollo en la que
están aprendiendo a afrontar su sexualidad, justo cuando son más
vulnerables a la incertidumbre sobre sus creencias sexuales y sus
valores morales.
Contrario al argumento de que la pornografía es un
placer inofensivo, Fagan hace referencia a evidencias clínicas que muestran
que ésta distorsiona de modo significativo las actitudes y percepciones
sobre la naturaleza de la sexualidad.
Si son consumidores habituales de
pornografía, los hombres tenderán a poseer una tolerancia mayor hacia
los comportamientos sexuales anormales, además de ser un hábito muy
adictivo, debido a la producción de hormonas que estimulan los
centros de placer del cerebro. Poner límites a la actividad
sexual ayuda a los adolescentes mientras maduran a orientar de
forma correcta su sexualidad.
"Desgraciadamente el desarrollo de los modernos medios
ha derribado estas barreras y ha incrementado la forma en
que los creadores de pornografía pueden introducirse en la vida
familiar", comenta Fagan.
Puede desembocar en enfermedad mental
De hecho, la pornografía
lleva a percepciones distorsionadas de la realidad social: una percepción
exagerada del nivel de actividad sexual de la población general
y una estimación que infla la probabilidad de actividad sexual
premarital y extramarital. También lleva a una sobreestimación del predominio
de perversiones como el sexo en grupo, la bestialidad y
la actividad sadomasoquista.
"De este modo las creencias que se forman
en la mente del espectador de pornografía están bastante lejos
de la realidad. Un ejemplo es que la visión repetida
de pornografía induce a enfermedad mental en materia sexual", afirma
Fagan.
Entre las distorsiones creadas por la pornografía están tres creencias:
las relaciones sexuales en la naturaleza son algo recreacional, los
hombres son en general sexualmente dominantes y las mujeres son
objetos o mercancías sexuales.
En consecuencia, Fagan describe cómo la pornografía
fomenta la idea de que la degradación de las mujeres
es algo aceptable. Además, puesto que los chicos utilizan la
pornografía con mucha más frecuencia que las chicas, su predominio
conduce a la idea de que las mujeres son objetos
para el sexo o mercancías sexuales.
¿Por qué empiezan?
Aunque nos sorprenda,
la edad media de exposición a la primera imagen pornográfica
son los 11 años. Si preguntamos a un adolescente cuándo
o por qué empezó a ver pornografía, con seguridad que
muchos de ellos nos dirán que fue de manera accidental
cuando buscaban información por internet, bajaron una película que resultó
ser una versión porno de la original, con un videojuego
que le compartieron o animado por sus amigos.
Dependiendo de cada
uno la reacción a la pornografía será muy diferente, pero
todos se ven en mayor o menor medida afectados por
ella. Por esta razón es importante hablar a menudo con
nuestros hijos y resolver falsas imágenes que puedan haberse creado.
Podemos
estar atentos a algunas señales de alarma: descuido en los
deberes, falta de motivación para estudiar, inicio de la masturbación
compulsiva, dificultades para relacionarse con el sexo opuesto o tendencia
a formar dependencias difíciles de cambiar; todo ello como consecuencia
de estar expuestos a material pornográfico, creándoles sentimientos de culpa,
baja autoestima y retraimiento social.
Además, entre las razones más frecuentes
del inicio de los adolescentes en el consumo de pornografía
se encuentra el deseo de experimentación, la búsqueda de identidad,
la presión de los amigos, los mitos y una educación
sexual deficitaria desde casa. Así la pornografía les "educa" con
una visión distorsionada y carente de valores, origen en ocasiones
de los conflictos de sexo, de pareja y de familia.
Cuatro
etapas del consumidor de pornografía
El doctor Víctor Cline, de la
Universidad de Utah, identifica cuatro etapas de quien consume pornografía:
•
Adicción: el deseo y la necesidad de mirar imágenes pornográficas.
•
Escalada: la necesidad de imágenes más explícitas y fuertes para
conseguir el mismo efecto.
• Desensibilización: el material que al comienzo
era sorprendente y tabú se considera como normal.
• Actuar: tendencia
a imitar los comportamientos vistos. Aunque no todos son igual
de vulnerables, el doctor Cline concluye que para algunas personas,
la pornografía "es la droga que inicia el camino hacia
la adicción sexual".
Consecuencias de cara al comportamiento futuro
Jill. C. Manning,
en su libro "¿Cuál es el gran negocio de la
pornografía? Una guía para la generación de Internet", habla sobre
los daños que la pornografía produce.
1. Se trata de algo
potencialmente adictivo. Como tal puede obstaculizar la capacidad de una
persona para tomar decisiones claras.
2. Puede distorsionar poderosamente la visión
de una persona sobre cuerpos, relaciones y sexualidad.
3. Lleva a
la gente a cosificar a los demás, viéndolos como juguetes
sexuales que existen sólo para su propia satisfacción.
4. Debido a
su influencia distorsionadora mina las oportunidades de los jóvenes de
tener seguridad en sí mismos, ser felices y crear relaciones
duraderas en el futuro.
5. Afecta, por tanto, su capacidad de
ver la vida de forma verdadera, provechosa y sana.
6. Disminuye
la sensibilidad hacia las mujeres, mostrando más agresiones, rudeza y
falta de respeto.
7. Disminuye el deseo de tener hijos y
formar una familia.
8. Aumenta el riesgo de tener dificultades en
las relaciones íntimas.
9. Aumenta el riesgo de abusar sexualmente de
los demás.
10. Aumenta el riesgo de recibir información incorrecta sobre
la sexualidad humana.
11. Aumenta el riesgo de insatisfacción sexual con
el/la futuro/a esposo/a.
12.Aumenta el riesgo de divorcio una vez casado.