sábado, 20 de noviembre de 2010

Por gracia de Dios, hace 2 años que todos los sábados podemos ir a visitar a los internos del Penal de San Rafael 

¿Sabías que el primero que entró al cielo fue un ladrón?
¿Sabías que el primero que entró al cielo fue un ladrón?

Este suele ser un disparador de conversaciones muy útil cuando uno tiene que pararse frente a un desconocido en un Cárcel.
Por gracia de Dios, hace 2 años que todos los sábados podemos ir a visitar a los internos del Penal de San Rafael. No quise más que poner por escrito algunas de las experiencias que se viven ahí. Ya en una oportunidad anterior les conté de Simón, que dicho sea de paso, se encuentra muy bien, dentro de lo que las condiciones actuales le permiten. Lo que pretendo relatar no tiene tantos “efectos especiales” como aquel caso, pero toda acción de Dios en las almas es algo único, y en lugares como un Penal todo tiene sabor a excepcional.

El penal cuenta con aproximadamente 400 internos, a muchos de ellos ni siquiera los llegue a conocer. Hay una minoría de mujeres, pero escapan a los objetivos que se nos asignaran, las hermanas se dedican a ellas.
Dado que el apostolado es los días sábados y, como no hubo forma de cambiar las condiciones en que nos permiten hacerlo (el acceso al penal es bastante restringido, tenemos una franja horaria limitada y dependemos mucho de la buena disposición del personal penitenciario y el “clima” del día, es decir, de que tan inquietos hayan estado los internos durante la semana), no queda mas remedio que aprovechar el día al máximo.
A las 07:30 de la mañana empieza la caminata hasta el penal que queda aproximadamente a una hora y media caminado a buen ritmo, la mayoría de las veces alguien nos levanta en la ruta, pero la próxima no sería la primera vez ni la última que habría que hacer todo el recorrido caminado.
Una vez ahí, luego de saludar y conversar con los guardias, que dicho sea de paso están tan necesitados como los internos y a veces más, comienza propiamente el apostolado con los reclusos.

Años anteriores hubo posibilidades de mayor trabajo, porque los horarios y actividad la cárcel lo permitían… estos dos años, cambió todo y muchas veces no era mucho lo que se podía hacer, a veces solamente ir… pero esto, aunque parezca mentira, ya significaba una gran diferencia.

Tengo vivo recuerdo de la primera vez que me tocó entrar en uno de los pabellones, estaba bastante inquieto de ver que habría atrás de la reja, y esperaba como mínimo indiferencia o alguna hostilidad… todo lo contrario. Lo que encontré fue una gran alegría por vernos, invitaciones de mate, galletitas y mucha conversación. La sotana predica sola.

El llegar a veces tan temprano, sobre todo en invierno, tiene otra particularidad más. En esas oportunidades somos nosotros los que los despertamos y terminamos desayunando pan y mate con ellos. Con el tiempo entendí que para muchos de ellos, el solo hecho de que un extraño ingrese a su mundo, entre en sus celdas y comparta con ellos un rato de tiempo dentro de la misma realidad que ellos viven, es algo que rompe cualquier prejuicio. “¿Qué piensa el mundo de nosotros Padre?” El mundo teme a lo que no conoce, y la cárcel es algo completamente desconocido. No faltó oportunidad de aprender códigos, jerga tumbera y otro montón de cosas que gracias a Dios olvidé con facilidad.

Nunca preguntamos que delito cometieron o porque están ahí, proponiéndonos evitar el darles ocasión de hablar mal de los guardias o cualquier otra persona, tratamos de inclinarlos a que no culpen a nadie por la situación o contrariedades que viven en el día a día… pero muchas veces lo único que se puede hacer es escuchar, dejar que se desahoguen. Es muy común la expresión… “Esto es la primera vez que lo cuento”, “nunca me había animado a hablar de esto”, “no tengo a nadie a quien contarle esto”… pero indudablemente lo que más se escucha son las quejas contra el sistema y la sociedad “acá no le importamos a nadie”… o las comparaciones que demuestran que todos los otros delitos que cometieron los otros internos son mucho más aberrantes del que efectivamente cada uno de ellos cometió. Y por supuesto nunca falta el clásico “Padre…, yo soy inocente”. Al menos al principio es común empezar por ahí… pero lentamente cuando van entrando en confianza se va descascarando la leyenda y queda a la vista la historia real. No niego que haya casos de ese tipo (inocentes) de hecho me tocó ver uno de cerca que ahora quedó en libertad, pero si bien puede que sean inocentes de ese delito en particular… la realidad del pecado no escapa a ninguno de nosotros.

Mons. Fulton Sheen cuenta que una vez le tocó predicar un retiro para presos… y lo empezó más o menos así… “Saben cual es la única diferencia entre Uds. y yo” (silencio)… “que a ustedes los atraparon”… Lo que ellos cometieron es un pecado que además es delito… pero pecadores somos todos. Cuando llegan a ver el delito que cometieron como un pecado y uno se pone a la par de ellos como un pecador mas, es notable como cambia la disposición al diálogo… Frente al crucifijo, a la crucifixión de un verdadero inocente en lugar de cada uno de nosotros… se comienza a derribar la victimización tan frecuente entre ellos, o mejor dicho entre todos nosotros. La culpa ya deja de ser de otro y lentamente se hace lugar a un examen de conciencia.

El sistema penal, en los términos en que se plantea actualmente, al menso en este caso, ciertamente es nefasto, es incomprensible como alguien pudo pensar que es posible educar a un hombre para vivir en libertad privándolo de la responsabilidad de tomar decisiones y de asumir obligaciones, hay alternativas previstas, que a veces se efectivizan, pero no en la mayoría de los casos. Parecería que una de las aspiraciones seria tener amontados a un montón de individuos peligrosos, para que al menos no molesten por un tiempo… pero que cuando se cumpla el tiempo molesten el doble.

Muchos de ellos no encuentran el sentido a nada de lo que viven ahí, pero recién estando ahí empezaron a buscar un sentido a la vida. Hay una pequeña minoría, que reza, va a Misa, se confiesa y comulga con alguna frecuencia. Otros incluso hacen ayunos y se juntan a leer las Escrituras… ahí es donde se arman picas con los evangelistas. Un viejo capellán nos decía una vez; “a veces se pelean por cada idiotez que cuando discuten por algo como la palabra de Dios y la verdad, es realmente para agradecer.”

También en las cárceles el mal ejemplo de los católicos es lo que aleja a otros del acercarse a la fe. Es muy común escuchar “padre para que voy a ir a misa, si ellos van y hacen después un montón de barbaridades” (no con esas palabras sino con algunas mas “propias” de un penal) a lo que no se puede decir más que “imagínate que sería si ni siquiera fueran a misa”… si bien esta es una respuesta que marca un lugar común en la apologética cotidiana de cualquier parroquia, no deja de ser una gran verdad. El solo hecho de salir del pabellón por una hora y media, rezar el rosario y participar de Misa… ya de por si, sensiblemente les ayuda muchísimo… ese ratito de silencio apartados en parte del encierro cotidiano, les ayuda a sobrellevar lo que queda de ese día.

Otro hecho frecuente es el interrogatorio de los celadores, “Y Uds. ¿a qué vienen?”. Realmente muchos de ellos no llegan a comprender lo que hacemos, algunos (los menos), realmente tienen vocación para el trabajo que hacen, pero la gran mayoría trabaja allí únicamente por el sueldo y la estabilidad del empleo público, muy pocos visten el uniforme por vocación. La disolución familiar es moneda corriente, es un trabajo sumamente desgastante para hacerlo solamente por dinero, por esto entre otras cosas me animo a decir que necesitan también mucha contención y ayuda espiritual. ¿A qué vamos? Venimos por esas almas que no pudimos alcanzar a tiempo… Es común que les hablemos del Hogar San Juan Bosco, como una forma de evitar que los niños cuando adultos terminen en un lugar así. “Pero Padre, si estos no tiene arreglo”. Y la verdad que nadie tiene arreglo si Dios no lo arregla, así que en el fondo tiene razón… pero algunos se arreglan.

¿Entonces?

Con todas sus miserias, realmente hay internos que aprendieron a transformar en oración el sufrimiento que padecen ahí, a ver la misericordia de Dios en un castigo temporal y no eterno, a ver el dolor y la soledad como cruces, medios de purificación por la vida pasada… muchos de ellos ofrecen sus padecimientos, “ofrecen el día” entre otras cosas, por la perseverancia de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Otro punto que realmente los impacta muchísimo es la vida contemplativa, personas que voluntariamente se privan del mundo exterior para buscar a Dios. El paralelo con la realidad que ellos viven es lo suficientemente evidente como para dejarlos pensando. Tanto que incluso comienzan a tener correspondencia con las hermanas del monasterio y a pedir capellanas que recen por su conversión.

La contracara de esto es la enorme superstición que tiene muchos de ellos. Siempre pienso que la cárcel no es mas que un botón de muestra, el mas radical si se quiere, pero botón de muestra, de lo que ocurre en nuestra sociedad a todo nivel. El demonio camina por los pasillos, la tentación es permanente, el clima de perniciosidad moral del mundo acá está potenciado entre otras cosas por el ocio extremo, el sistema no ayuda y muchas veces los internos no son más que un número en la planilla de conducta. Ciertamente debe ser sumamente frustrante para los guardias el ver que su trabajo no da el fruto que el sistema propone como meta, la reinserción social. Es que es sencillamente imposible reinsertar socialmente un miembro con gangrena, más enfermo aún que antes, en una sociedad que de por sí ya está infectada de lo mismo. Sólo la gracia de Dios puede hacer la diferencia.

Frecuentemente he podido hacer la pregunta: “¿hace cuánto que no te confesas?” y escuchar respuestas que oscilan los 20 y 30 años. Creo que una de las satisfacciones más grandes es después de algún tiempo, verlos confesar toda una vida.
El trabajo del capellán es enorme, esta solo para atender a todo eso y además tiene las obligaciones de un vicario de parroquia. Es común que no haga a tiempo para atenderlos a todos. Nosotros le prestamos la ayuda que tenemos a nuestro alcance, pero hace falta más, la mies es enorme… y ante un escenario así se ve la urgente necesidad de trabajar por las vocaciones sacerdotales. Están esperando al sacerdote para que los confiese. Algunos de ellos incluso, con mayor o menor conciencia de lo que implica, han preguntado si pueden llegar a ser sacerdotes o al menos consagrarse al servicio de Dios al salir de ahí.

Es permanente la demanda de rosarios, muchos de ellos lo llevan como amuleto, pero nunca lo han rezado… enseñarles a rezarlo y ayudarlos a crear el habito de recurrir a el para buscar refugio en Nuestra Madre de Lujan, es algo que todos ellos agradecen.

También hay lugar para el ecumenismo, los evangélicos hacen un trabajo extraordinario en el penal, muchos de ellos muy comprometidos van a realizar lo que llaman “actos de culto” en el patio común… pero en la oscuridad y abandono de los pabellones y celdas, los que nos sentamos a su lado a leer las Escrituras y a explicarlas parte por parte, sacando dudas, somos nosotros.

Los comentarios de la biblia de Mons. Straubinger son de mucha utilidad, pude hacerles llegar copia del Evangelio a varios de ellos y quedaron fascinados. Lo que más los atormenta es el no tener la certeza de haber sido perdonados por Dios, ahí se ve la importancia de la confesión y el poder de la gracia de Dios para enterrar el pasado y recrear el alma, necesitan ser perdonados para perdonarse a sí mismos.

Nos fue de mucha utilidad el libro del P. Fuentes “El camino del perdón” de hecho varios internos lo han hecho con cuaderno en mano, también el de “Como rezar con las Escrituras”. Más de una vez llevamos las impresiones fallidas o borradores de imprenta con mucho fruto.

A lo largo de estos dos años, también nos han tocado vivir situaciones desagradables, principalmente por comentarios fuera de lugar o avivadas, cosas de adolescentes pero que viniendo de un adulto de 40 años, indignan un poco. No hay una formula o un manual de respuestas rápidas, que aparte, si existiese, quedaría muy rápidamente desactualizado, tienen mucha inventiva. Reparamos que lo mejor es tratar de nunca dejarlas pasar, vimos que siempre fue mejor contestar, por supuesto cuidando las formas, pero es que no se están burlando de uno, sino de lo que uno representa, de la Iglesia y del Sacerdocio, y del Sumo Sacerdote que es Jesucristo. Es muy llamativo constatar que cuando uno “retruca”, desapasionadamente pero con la virilidad y claridad necesaria, la relación tiende a cambiar notablemente y se crea un espacio para el diálogo.

Párrafo aparte merecen los «ex–comepizzas» o los «ex–avanzada» todos lo que formaron parte de ellos recuerdan por el nombre a los seminaristas que estuvieron con ellos y preguntan por sus destinos. El capellán siempre dice que los identifica con facilidad porque son los que se saben confesar y reconocen la culpa de lo que hicieron desde el principio. Ahí se ve uno de los frutos de ese apostolado, todos los chicos que fueron alguna vez parte de estos dos grupos, cuando ven una sotana automáticamente se acercan sabiendo que la persona que la viste lo único que busca es su bien y no va a pedirles nada a cambio… el hecho de que asocien al sacerdote con alguien que busca su bien es algo valiosísimo, indudablemente un fruto del sacrificio de los viernes por la noche.

Después de la misa a eso de las 20:30 comienza el regreso al seminario, a veces también a pié.
Realmente todos los sábados es distinto entrar al penal, es un edificio viejo, venido a menos, sin mantenimiento… no hay una sola vez que no cueste llegar a las celdas pero también no hay una sola vez que no de lastima salir con la sensación de que realmente la mies es enorme.

En Cristo y María.


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Publicado por alfre1240 @ 11:30
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