Harry y sus amigos emprenden una fuga gris y triste, desesperanzada, mientras el mal parece apropiarse de todo. Ya no hay colegio ni infancia
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| Harry Potter y las reliquias de la muerte |
Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (Parte I)
ha triunfado en taquilla: en sus primeros diez días ha
recaudado más de 600 millones de dólares, el 64% fuera
de Estados Unidos. Es una cantidad impresionante, pero que no
llega a batir ningún récord.
Durante 146 minutos, los
secuaces del malvado Lord Voldemort toman el control de todo
el mundo de los magos y persiguen a Harry y
sus amigos, que cada día deben recurrir a hechizos de
teleportación y de áreas de invisibilidad, en una fuga inacabable.
La tónica de la película es de soledad, de tristeza,
pérdida y ruptura. La fotografía es gélida y de colores
atenuados: el gris es su color. Algunos la han comparado
con postapocalíptica La carretera, otros con el viaje de Sam
y Frodo por los desiertos fríos de Mordor en El
Señor de los Anillos. Pero en estos dos ejemplos, los
personajes buscan algo (un lugar cálido, o destruir el Anillo),
mientras que Harry y Hermione, aunque en teoría buscan los
malignos "horrorcruxes" (que albergan el alma del malvado Voldemort) y
las Reliquias de la Muerte, en realidad se limitan a
huir, a vagar esperando algo...
No es inadecuado para un
tiempo de Adviento: esperar en la austeridad, esperar a recibir
instrucciones, esperar al momento adecuado. Sólo que en la película
no es una espera esperanzada. No vemos nada de la
resistencia a la opresión: el mal parece haber tomado todo
el poder sin apenas oposición. La familia de Ron,
y otros amigos de Harry, desaparecen al poco de empezar
los ataques. Sólo al final aparecen otros aliados, que estaban
presos, y Harry pierde otro amigo.
Toda esta experiencia debe
llevar a una depuración, un crecimiento, un endurecimiento de Harry,
que ya no cuenta con la presencia de Dumbledore como
guía... sólo con su recuerdo y algunas pistas que dejó.
Es una noche oscura del alma, y cinematográficamente consigue expresarse
con coherencia. Ron, por ejemplo, se enfrenta a una visión
con sus heridas internas: una madre que en realidad habría
preferido una niña, una novia en permanente tentación de preferir
a su mejor amigo... Como el Anillo Único de Tolkien,
los "horrorcruxes" trabajan con los miedos y ambiciones que llevamos
en el alma.
Vemos a Ron superar su prueba, pero
no a Harry. No veremos cuál ha sido su maduración
y a dónde lleva hasta la segunda parte del filme,
que se estrena en 11 de julio de 2011 (a
la búsqueda de otros 600 millones de dólares).
Al no
haber una historia completa, uno sólo puede suspender el juicio
y quedarse con fragmentos. La leyenda de los tres hermanos
magos y las Reliquias de la Muerte es hermosa y
bien desarrollada. Tiene su hermosura la soledad triste de Harry
y Hermione. Y el retorno de la melosa Dolores Umbridge
al control del Ministerio de Magia, con todas sus medidas
para implantar el nuevo régimen, logra un efecto "1984", británico
y tiránico al mismo tiempo, con toda su panoplia de
burocracia y de propaganda mediática. Lo que falta -lo que
alegra la vista en cualquier tiranía- es la resistencia. Pero
eso queda sugerido en un fugaz fotograma, en una tumba,
en el cementerio donde yacen los padres de Harry, que
visitan en Navidad aunque sin entrar en la Iglesia: "el
último enemigo en ser vencido será la muerte" (1 Corintios
15, 26).
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