lunes, 13 de diciembre de 2010

Dicen que el humor rescata., y es verdad. Pero ¿qué pasa cuando actúa como negador de dolores?

 

  

María Eugenia Plano

www.vidapositiva.com

'Soy lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para no triunfar por mí mismo', 'Lo mejor que te pueden decir en la vida no es 'Te quiero' sino 'Es benigno'', 'Yo me crié en la confesión israelita, pero al hacerme adulto me convertí al narcisismo'.

Estas frases son quizá una de las muestras más brillantes de cómo un artista ha sabido reírse si mismo de forma neurótica, psicoanalizada y desopilante. Woody Allen es un emblema de un estilo humorístico que de manera autorreferencial esquiva algunos dolores como el rechazo, la inseguridad o los reiterados fracasos amorosos.

La obra del director, autor y guionista es una de las muestras del humor en la sociedad posmoderna. En la actualidad, parece haber una delgada línea entre el reírse de uno mismo y la manía.

En la Era del Vacío, Gilles Lipovetsky, afirma que estamos en una época no casualmente dominada por el humor maníaco. “El individuo posmoderno neutraliza sus emociones a través del humor. Actúa en una auto absorción narcisista. No es casual, que las patologías psicológicas de la época sean la depresión y las neurosis narcisistas”, explica el sociólogo francés.

En este contexto, existe en la actualidad una tendencia a la compulsión irónica de reírse de uno mismo.

El humor actúa como un simulacro de inseguridades y nada parecería ser demasiado “serio” como para demostrar dolor en público. Entonces surge la carcajada histérica, que contradice el discurso con la realidad del individuo. El dolor se convierte en lúdico, si lo planteamos como un chiste.

En este contexto, nos adelantamos a la burla, parecemos más fuertes ante la mirada del otro. Si nosotros nos reímos primero de nuestras miserias, anulamos la posible respuesta de un otro, disminuimos la intensidad de la devolución burlesca de quienes nos rodean.

En “Modernidad: La ética de una sociedad sin sorpresas”, su autor Franco Crespi, corrobora esta tendencia. “El espíritu contemporáneo sublima la angustia mediante la risa y el escapismo de la diversión. El individuo actual considera que lo único que vale una arruga, el avejentamiento epidérmico, es la risa, y no el llanto. Entonces, es mejor reírse de uno mismo que ser juzgado por otro. El humor actual lejos está de la reflexión y cerca está de evitar la crítica ajena“.

Por otra parte, en la actualidad la comicidad se caracteriza por su forma autorreferencial. El Yo se convierte en el blanco privilegiado, objeto de burla y auto depreciación. Lipovetsky destaca cómo han cambiado los personajes cómicos preferidos por el público a través de los años.

“El humorista actual ya no recurre a lo burlesco (Buster Keaton, Charles Chaplin o los hermanos Marx) su comicidad no procede ni de la inadaptación ni de la subversión de las lógicas, proviene de la propia reflexión, de la híper conciencia narcisista, libidinal y corporal”. Este es el caso, por ejemplo de Woody Allen quien expone su propio ego, presentando a sí mismo y al espectador, su Yo devaluado.

Por otra parte, el humor maníaco también ha alcanzado ámbitos que en otros tiempos estaban lejos de ser objeto de risa. Así lo destaca, Mariana Berríos Roda, Doctora en Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Barcelona: “En la posmodernidad es lícito reírse de todo, puesto que la risa se ha convertido en el instrumento por excelencia para combatir la angustia existencial. Lo que tendría que ser un drama es presentado como comedia”.

Es decir, ahora un espectador puede sentarse frente a la tevé y reírse a carcajadas, y sin ser juzgado por nadie. Un choque de autos, la detención de un indigente por parte de las fuerzas policiales o bien, de una caída en la vía pública son objeto de risa. “El humor en la televisión y la preferencia de los espectadores también se ha tornado maníaca, los medios no escapan a esta tendencia social son su espejo“, destaca Berríos Roda.

La comicidad ha acompañado a la humanidad desde siempre, pero es con la llegada de la posmodernidad que cambian algunos de sus parámetros. La permanente ironización autorreferencial y la incapacidad de tomarse a uno mismo demasiado en serio, hacen del humor actual una actitud que roza la manía.

La risa siempre es sana, pero habría que evaluar si de tanto reírnos del dolor o de la inseguridad, todo nos duele más o estamos cada vez más inseguros. A veces, la dicha no es cosa alegre.

Foto: Marc van der Aa

 

Fuente: www.vidapositiva.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 




Tags: ¿El que ríe último, ríe m

Publicado por saavedragoffins102 @ 12:00
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