En la oscuridad de la noche de Belén se encendió, realmente, una gran luz: el Creador del universo se encarnó.
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(...) En la oscuridad de la noche de Belén se encendió, realmente,
una gran luz: el Creador del universo se encarnó uniéndose
indisolublemente a la naturaleza humana, hasta ser realmente "Dios de
Dios, luz de luz" y al mismo tiempo hombre, verdadero hombre.
(...)
El "Sentido" que se ha hecho carne no es simplemente una idea
general inscrita en el mundo; es una "palabra" dirigida a nosotros. Él
nos conoce, nos llama, nos guía. No es una ley universal, en la que
nosotros desarrollamos algún papel, sino que es una Persona que se
interesa por cada persona singular: es el Hijo del Dios vivo, que se ha
hecho hombre en Belén.
A muchos hombres, y de alguna forma a todos nosotros, esto parece
demasiado hermoso para ser cierto. En efecto, aquí se nos reafirma : sí,
existe un sentido, y el sentido no es una protesta impotente contra el
absurdo.
El Sentido es poderoso: es Dios.
Un Dios bueno, que no se confunde con cualquier poder excelso y
lejano, al que nunca se podría llegar, sino un Dios que se ha hecho
cercano a nosotros y nuestro prójimo, que tiene tiempo para cada uno de
nosotros y que ha venido a quedarse con nosotros.
Entonces surge espontánea la pregunta: "¿Cómo es posible una cosa
semejante? ¿Es digno de Dios hacerse niño?". Para intentar abrir el
corazón a esta verdad que ilumina la entera existencia humana, es
necesario plegar la mente y reconocer la limitación de nuestra
inteligencia.
En la gruta de Belén, Dios se muestra a nosotros humilde "infante"
para vencer nuestra soberbia. Quizás nos habríamos rendido más
fácilmente frente al poder, frente a la sabiduría; pero Él no quiere
nuestra rendición; apela más bien a nuestro corazón y a nuestra decisión
libre de aceptar su amor. Se ha hecho pequeño para liberarnos de esa
pretensión humana de grandeza que surge de la soberbia; se ha encarnado
libremente para hacernos a nosotros verdaderamente libres, libres de
amarlo.
Queridos hermanos y hermanas, la Navidad es una oportunidad
privilegiada para meditar sobre el sentido y el valor de nuestra
existencia. El aproximarse de esta solemnidad nos ayuda a reflexionar:
Tags: Dios de Dios, luz de luz