Por Federico Mayor Zaragoza
La educación supone formar ciudadanos del mundo para que no sean
manipulados, que sean seres únicos capaces de contar como voz que puede
ser el espejo de lo que piensa la mayor parte del pueblo. La educación
puede dar esta independencia.
La Carta de la Paz es una excelente iniciativa y tenemos que
respaldarla; entre tanto escándalo y acontecimientos que leemos en los
diarios, que podamos siempre tener tiempo para reflexionar y pensar.
Esta Carta es muy importante para la transición de la ley de la fuerza
hacia la convivencia fraterna, que es el gran objetivo.
La responsabilidad social en la educación es la responsabilidad que se
deriva de la fraternidad de todos los hombres en la existencia. Este es
el mensaje que nos deja el Ámbito María Corral y que es el artículo
primero de la Carta de los Derechos Humanos. Y agrega: unos con los
otros, precedida de la fraternidad.
Educación es tener esta responsabilidad y no depender del dictado de
nadie. La educación es un proceso de liberación, de hacernos
independientes, de hacernos únicos; este es el misterio, la esperanza:
ser capaz de inventar, pensar, crear... por eso las proyecciones de este
futuro no son fatalistas. El futuro es nuestra esperanza.
Cada ser humano, sea quien sea, independientemente de todo, es una
maravilla, porque es capaz de no hacer proyecciones lineales sino
imprevisibles.
En África del Sur, con un segundo presidente negro, un país con
exclusión total, de pronto un prisionero, con 27 de años en la prisión
impuso amor, manos abiertas y brazos abiertos, y encontró un
complementario, Leclerc, que fomentó que el presidente fuera un hombre
negro. Un solo hombre, una persona que dice que la igualdad es
imprescindible pero no se puede hacer sin libertad.
A mí no me preocupa el silencio de los silenciados, pero me preocupa el
silencio de los silenciosos, de los que pueden hablar y no hablan, de
los que pueden expresarse y no lo hacen, de las instituciones que tienen
el deber de denunciar y que a veces ya no hacen uso de la palabra,
cuando tendrían que levantar la voz.
Educación, ¿por qué? Siempre se comienza hablando de cuando. Pero lo que
importa es el por qué. Siempre hay otras preguntas. Educar para hacer
ciudadanos del mundo con capacidad intelectual, con capacidad de
intervención, de participación.
La mayor parte de los problemas que hoy tenemos -drogas, tráfico de
personas- no se para en las fronteras. Son problemas supranacionales, no
fronterizos. Como el clima.
La educación es la que nos tiene que hacer ciudadanos de nuestro campo
espiritual, pero sobre todo nos tiene que hacer ciudadanos del mundo.
Einstein decía que o bien el mundo es uno, o no es mundo. Los problemas
hoy en día son globales.
Los primeros agentes educativos son la madre y el padre. Si no existen,
los tutores. Son los que están en todo momento desde el comienzo, con la
pedagogía del amor, del ejemplo. Más vale un buen ejemplo que otra
cosa.
Como profesor universitario la ilusión es que algún día nos digan: maestro.
Educación, ¿con quién? Se mira a la administración. Sí y no. Los que
mandan son el reflejo, la imagen de los ciudadanos, por tanto son sus
portavoces. Eso de sociedad civil no me gusta, no es la única sociedad.
Todos somos sociedad. Todos tenemos que ser actores.
Educación, ¿cuándo? Durante toda la vida, para todos. Cuántas más
lenguas, más paz, más lazos. Primero la lengua materna, la que hemos
aprendido desde el comienzo.
Educación, ¿dónde? En las escuelas, claro. Pero en todo el mundo. Hay
una gran parte de gente que con Internet puede saltar obstáculos. Ahora
se puede hacer educación interactiva.
Instrumentos: el mejor es el libro. Es fundamental para expresarnos,
leer. Al leer somos coautores, no sólo lectores y eso es muy ventajoso.
¿Globalización? No hay que creer esto. Aún no estamos globalizados.
Porque solo llega al 5% de la humanidad. Con tener un teléfono móvil no
basta. Hemos de mejorar los contenidos. No bastan las herramientas
fantásticas, faltan los contenidos.
Ya no tenemos nuestras propias respuestas, cogemos las respuestas de
otros y nos vamos uniformando. Somos seis mil millones de personas
diferentes y no puede ser que todos digamos las mismas palabras.
Gastamos en armamento dos mil millones de dólares cada día. Hemos creado
una maquinaria enorme de la guerra. Nos hemos dejado seducir por el
proverbio que dice: si quieres la paz prepara la guerra. En cambio
tenemos niños en la calle, niños abusados sexualmente. No tenemos dinero
para dar a los enfermos del Sida en Africa.
La autoestima es fundamental. Recuerdo una mujer de las que diríamos
ignorantes, analfabetas, cerca de Quito, en Ecuador, que decía: no nos
venga a imponer conocimientos, lo que queremos al final del día es
llegar a decir: hoy me han ayudado a ser un ser humano, como lo hace el
Ámbito María Corral.
Darnos, siendo aprendices y educadores. De otra manera no se tiene el
gozo de vivir que es el objetivo del ser liberado. Si somos libres, no
somos marionetas de nadie, haremos democracias sólidas y poco a poco
cambiaremos el curso de los acontecimientos grises de hoy en día.
Hace poco leía un cuento de un país centroamericano. Decía: el padre y
la madre se han afanado a trabajar para que no les falte nada a sus
hijos, y les falta todo. Antes tenía una muñeca y ahora tiene diez. Hay
que diferenciar la posesión y el gozo. Lo que no hemos pedido no nos
hace falta y no nos hace gracia. Tenemos que pensar en la capacidad de
cada uno de inventarse el día de mañana.
Deber de memoria: si no tenemos memoria y no es fidedigna, no sabremos
aprender bien la lección de la historia, es una historia deformada. La
historia ya no se escribe, se describe y debe de ser fidedigna. Hemos de
procurar aprender de esta lección.
Deber del futuro: el futuro es nuestra esperanza. Aún no se escribe. O
aún no lo está. Y hay muchos intereses para que se comience a escribir y
debemos de escribirlo todos juntos en la medida de contribuir a
escribir las páginas de los días que vienen.
Los más grandes deben de ganarse a los más pequeños. Así se escribe
conjuntamente el futuro. Todo lo otro ya está escrito, hecho,
condicionado.
Nuestros hijos deben de escribir su propio futuro, que se lo inventen
ellos, que para eso son creativos. La educación debe de ser liberadora y
si no libera .... debe dar alas, para que cada uno vuele a su manera.
La gente joven dice: en esta sociedad ya no hay nada que hacer. Muchas
semillas no dan frutos, hay un fruto que nunca recogemos y es el que no
se ha sembrado. Hemos de tener la perseverancia de sembrar.
Pensé que había una manera muy breve y muy positiva de expresar esta
acción contraria a ‘si quieres la paz prepara la guerra’. Pensé que era
la cultura de la paz, que quiere decir que se ha de cultivar cada día
esta cultura, ha de hacer crecer la paz, que vaya contra la violencia y
la imposición. Pero, ¿cómo se pone en práctica? ¿Cómo se evita el horror
de la violencia de la guerra? Lo he ido haciendo con mucha gente, en
muchos países.
Si no cambiamos la dirección actual, veo muy difícil que estos caminos
de nuestros hijos y nietos sean fáciles, pues aún estamos en una cultura
que utiliza la fuerza y no la razón, que utiliza la imposición y no el
diálogo. Tengo esperanza porque cada ser humano es un misterio y puede
ser un milagro.
Ponencia de las Jornadas anuales Interdisciplinares del Ámbito de Investigación y Difusión María Corral
El autor es presidente de la Fundación Cultura de Paz. Presidente del Consejo Científico Fundación Ramón Areces
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