¿Qué tanto me parezco a Ti? Porque he sido creada a tu imagen. Pero para ser reflejo de Ti, tengo que dejar de ser yo mismo.
![]() |
Hoy Señor, no estás oculto tras la puerta del Sagrario, no,
estás expuesto en el Altar en una hermosa Custodia. Ahí te ha puesto el
sacerdote para que nuestros ojos te vean y te adoremos.
El alma se arrodilla ante ti, ¡Oh, Señor de la Historia, Rey de reyes, Dios de misericordia!
Y llega la pregunta: - “¿Qué tanto conozco yo a este Cristo, a
este Jesús, que está oculto en esa Sagrada Hostia? ¿Eres para mí algo
lejano, algo distante, eres alguien a quien tengo que tratar de usted?
O, ¿eres mi amigo y tengo contigo una relación cordial y amorosa? ¿Eres
algo así como mi padre, mi madre, mi hermano, mi mejor amigo? ¿Qué
respuesta puedo darte, Señor?
Solo sé que te amo. Porque he sido creada a tu imagen. A
imagen de Dios. Y siendo imagen tuya, sé que cuando llegue la hora de
presentarme ante Ti, me abrazarás y me pondrás a tu lado. Pero para ser
reflejo de Ti, tengo que dejar de ser yo misma y empezar a juzgar a los
demás como juzgas tú, como amas tu a todo los seres, como haces tú con
esta enfermedad, con esta soledad, con esta ancianidad, con esta
juventud, con este matrimonio, con estos hijos, con estos nietos, con
este trabajo duro y cansado, o con esta falta de él. Y como haces tú con
mi miedo, con mi angustia. Y sentir como tú sientes, para perdonar o
para pedir perdón.
¿Qué tanto me parezco a ti, Señor?
Tú lo hiciste todo por amor. Esa es tu gran enseñanza, esa es
tu gran verdad. Pero los actos de amor no son siempre para ratos
bonitos, a veces es algo que duele, que cuesta, porque no está en las
palabras sino en los actos y a veces esos actos son de sacrificio, de
renuncia, de aceptación, de tolerancia, de entrega: eso es amor.
¿Y cómo lograremos todo esto? ORANDO. Orar es tener un
trato personal con Dios. No solo rezar cuando hay dificultades. Y
tampoco la oración se concreta, como ahora, que estoy en la Capilla y Tú
estás expuesto para ser adorado y que brote ante Ti, una oración. No,
todo nuestro día puede convertirse en oración, en rezo, si te involucro
en todo mi diario vivir, los buenos ratos, los malos, los alegres, los
tristes… el día completo, con sus horas y minutos, el descanso de la
noche y el amanecer del nuevo día… todo eso es orar.
Unido a esa forma de vivir puedo poco a poco irme pareciendo a
Ti, Señor. Tu ayuda y apoyo será mi mayor fuerza para dar testimonio de
QUE A TU IMAGEN NOS CREASTE, SEÑOR.
Tags: A Tu imagen nos creaste,