La vida, de la que tanto se habla, es uno de los dones que más se pisotean. ¿Qué es para ti la vida y el tiempo?
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Nos vamos a fijar ahora en los efectos que produce la muerte.
Recordemos serenamente, fríamente lo que hace con nosotros la muerte.
En primer lugar, la muerte te separa de todo, es un adiós a los
honores, a la familia, a los amigos, amigas, a las riquezas, es un adiós
a todo. Por eso, si un día tengo que separarme a la fuerza de todo,
es absurdo apegarme desordenadamente a tantas cosas. Cuanto más
apegado estés, más doloroso será el desgarrón. El ideal es vivir tan
desprendido que, cuando llegue la muerte, tenga poco que hacer.
Pero lo más importante es que la muerte determina lo que será mi
eternidad. Como el fotógrafo fija un momento concreto en una placa, así
la muerte fija las posiciones del alma, y del lado que cayeres,
izquierdo o derecho, así permanecerás toda la eternidad. Ya no se
podrá cambiar nada.
Aunque hubiera una sola posibilidad entre cien de morir mal, habría que tener mucho cuidado.
Tratándose del asunto más importante de mi existencia, no puedo
andar con probabilidades, sino con certezas. La máximas seguridades son
pocas. Ninguno de nosotros está confirmado en gracia, ninguno de
nosotros puede afirmar que no se perderá eternamente, ningún santo
estuvo seguro de ello durante su vida. Mi situación a la hora de morir
quedará eternamente fija, no podrá ya cambiar: me salvé, no me salvé.
Será para siempre.
La muerte, en tercer lugar, cierra el tiempo de hacer méritos.
Después que el árbitro toca para finalizar el encuentro de fútbol, no
valen las jugadas ni los goles, se ganó o se perdió. Lo que señala el
marcador es lo que queda. Si a la hora de mi muerte he ganado pocos
méritos, con esos pocos méritos me quedaré para la eternidad. Quedará
solo el lamentarse por no haber aprovechado mejor la vida, la única vida
que tenía.
Tú te preparas para un examen, te arreglas para una fiesta. Para el
momento del cual depende toda tu eternidad...¿te preparas? ¿Estás
preparado en este momento? ¿Estás preparado siempre, o, al menos, casi
siempre? ¿Podría morirme tranquilamente este día? Si no, ¿por qué?
¿Me siento preparado para dar ese paso? es decir, ¿he llenado mí vida
hasta este momento?
Conviene no dejar pasar un solo día sin llenarlo de algo grande y
bueno, de méritos, porque, de la misma manera que se me han ido de la
mano tantos días vacíos o casi vacíos, se me irán en lo sucesivo, si es
que no pongo un remedio eficaz.
Pero, “hay tiempo todavía, no hay por qué preocuparse ahora”. Eso
parecería lógico, el no preocuparse, si se supiera el día y la hora.
Pero no lo sabes. ¿Quién te asegura que no anda lejos.?
“Ya me prepararé cuando llegue la hora...” Creo que esto es
absurdo, porque hay muertes fulminantes, imprevistas, como la de los
accidentes, las repentinas, etc. Hay muchas muertes en que el
interesado ni se da cuenta. Y, aunque me quedase mucha vida por
delante, y conociese el día de mí muerte, sería imperdonable y estúpido
vivir de cualquier manera, porque sería echar a perder esa vida. ¿Qué
caso tiene echar a perder toda la vida, menos los últimos días o
momentos? ¿La vida es para eso?
Tenemos una eternidad para descansar y una vida bien breve para
trabajar y hacer méritos. Anticipar las vacaciones no es bueno, porque
salimos perdiendo. Si la muerte cierra el tiempo de merecer, entonces,
mientras tenemos tiempo por delante, habrá que aprovecharlo y no
dejarlo ir de las manos. ¡Qué poco apreciamos la vida!. Nos damos
cuenta verdaderamente de lo que vale la vida en una enfermedad.
Dicen muchos que el tiempo es dinero. Que se queden con el dinero.
Que es placer. Que aprovechen. Para otros el tiempo es Reino de Dios,
es cielo, es eternidad feliz... ¿Qué escoges tú? ¿Qué es para ti la
vida y el tiempo?
La vida, de la que tanto se habla, es uno de los dones que más se
pisotean. Al ver cómo viven muchos hombres, uno debe creer que odian la
vida y prefieren la muerte.
Tags: La muerte, maestra de vid