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El Papa se encuentra ante dos piezas de un rompecabezas
que no cuadran entre sí.
Las cosas que han sucedido en la Legión de Cristo desde hace
dos años, no terminan de cuadrar en el privilegiadísimo cerebro de Joseph
Ratzinger, hoy jefe Supremo de la Iglesia católica.
Hay algo
absolutamente contradictorio en el asunto. Y él, con su mente aguda y luminosa,
acostumbrado a hallar siempre la concordancia perfecta entre la fe y la razón,
no ha podido encontrar la explicación.
Lo expresa consternado en su
última entrevista, plasmada en el libro "La luz del mundo". Cuando Seewald le
pregunta acerca del caso Maciel, él responde:
"Para mí, Marcial Maciel
sigue siendo una figura enigmática."
¡Pobre Papa! Por un lado,
alguien de su absoluta confianza (no sabemos quién) le muestra en el año 2000
(no antes) "testimonios inequívocos" (no sabemos de quién) de que Marcial
Maciel tuvo "una vida de aventuras, disipada, extraviada".
Para su
mente racional y extraordinariamente lúcida, el silogismo era obvio: Si el árbol
está podrido, los frutos lo estarán también.
Jesucristo lo ha dicho con
absoluta certeza: "Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de
los espinos o higos de los abrojos? No hay árbol bueno que pueda dar frutos
malos, ni árbol malo que pueda dar frutos buenos. " (Mt 15,20)
Y el
mismo Card. Ratzinger, siendo aún prefecto de la Congregación para la Doctrina
de la fe, lo había afirmado con total convicción cuando Seewald le preguntó, en
el 2002, acerca de la manera de distinguir a los falsos profetas (esta
entrevista está publicada en el libro "Dios y el mundo"). El cardenal, en ese
momento, responde sin dudar: "¿Qué frutos produce él y su círculo? Analiza
esto y verás a qué conduce." [...] "Los frutos son la norma y esto es válido
siempre"
"Esto es válido siempre" es una afirmación seria y
contundente (y aún más cuando es dicha por el Prefecto de la Congregación para
la Doctrina de la Fe), así que para el cerebro del Card. Ratzinger no existía
duda alguna: si le han demostrado con "testimonios inequívocos" que la
vida del P. Maciel (el árbol) fue una vida corrupta, no puede haber más que una
conclusión directa e ineludible: la Legión y el Regnum Christi (sus frutos)
estarán igual de corrompidos que el árbol que los engendró. No hay vuelta de
hoja, con toda seguridad habrá que disolverla.
Pero... su convicción se
derrumbó al recibir los informes de los visitadores apostólicos que nombró para
la Legión, hombres de su absoluta confianza, quienes, de manera unánime
atestiguaron "que han encontrado un gran número de religiosos ejemplares,
honestos, llenos de talento, muchos de los cuales jóvenes, que buscan a Cristo
con celo auténtico y que ofrecen toda su existencia a la difusión del Reino de
Dios." Y, en lugar de aconsejar al Papa disolver la Legión, le aconsejaron
justo lo contrario: preservar el núcleo del carisma (la Militia Christi) y
preservar el entusiasmo apostólico que encontraron. Aquí las palabras del
comunicado:
"La necesidad de redefinir el carisma de la congregación
de los Legionarios de Cristo, preservando el núcleo verdadero, el de la ´Militia
Christi´, que caracteriza la acción apostólica y misionera de la Iglesia y que
no se identifica con la eficiencia a toda costa." "La necesidad de preservar
el entusiasmo de la fe de los jóvenes, el celo misionero, el dinamismo
apostólico, por medio de una adecuada formación"
Me imagino la cara
de interrogación que habrá puesto el Papa ante este informe, que para colmo, ha
sido ratificado después por la experiencia positiva que ha tenido el Card.
Velasio de Paolis, Delegado Pontificio para la Legión y el Regnum Christi:
"agradecer al Señor por el don de la congregación de los Legionarios de
Cristo a la Iglesia. La Iglesia ha obtenido, a través de este don, a
anunciadores del Reino de Dios, o mejor, del Reino de Cristo" (homilía 4 de
enero del 2001)
Nuestro muy querido y admirado Benedicto XVI,
inteligente y sabio como pocas personas en el mundo, se encuentra ante dos
piezas de un rompecabezas que no pueden unirse entre sí. ¿Un árbol corrupto que
da frutos buenos? ¡Eso contradice a lo que su razón le dicta y contradice las
enseñanzas de Cristo!
El Papa ha tenido la confianza de hacernos
partícipes de esta confusión que siente en su interior, al responder a Seewald
(en La Luz del mundo) que lo verdaderamente notable del caso Maciel es LA
CONTRADICCIÖN.
"Este es el hecho notable, la contradicción: que, por
así decirlo, un falso profeta haya podido tener un efecto
positivo."
El Papa se encuentra ante un enigma que no ha podido
resolver y nosotros estamos con él en esta terrible interrogación que cuestiona
lo más íntimo de nuestra fe, pues sólo hay dos opciones: O Jesucristo fue un
mentiroso o, si no, forzosamente hay algo que no se ha descubierto aún en los
“testimonios inequívocos” que le mostraron al Papa.
¿Cómo
terminará esta historia? Todos lo sabemos: en el día del Juicio Final la verdad
saldrá a la luz y el cerebro del Papa podrá descansar. Mientras tanto no nos
queda más que orar y seguir siendo fieles en el lugar en el que Dios nos ha
puesto.
Hoy se cumplen tres años de la muerte del P. Maciel y los
legionarios lo estarán recordando, en todos los rincones del mundo, con una misa
penitencial.