Se ha convertido en una de las etapas más temidas para los padres. Es como si de repente nuestros hijos se convirtieran en unos extraños cuya conducta no entendemos. La adolescencia comienza más o menos de los 12 a los 13 años y termina un poco antes o un poco después de los 20
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Entre las quejas más habituales solemos comentar que nuestros hijos mienten, contestan, no quieren ayudar en casa, visten y hablan raro, solo quieren estar con sus amigos, se pasan horas con el ordenador etc..
El primer paso para poder sobrevivir a la adolescencia es comprender que nuestros hijos están pasando por una etapa de transformación tanto a nivel física (el cambio hormonal entre otros efectos produce irritabilidad y cambios de humor) como de una búsqueda de identidad y de convertirse en las personas que serán de adultos. Es importante que los padres tengan en cuenta unas pautas claras de actuación:
Ambos deben estar de acuerdo, no desautorizarse delante de sus hijos ya que los adolescentes aprovechan esos “huecos” para conseguir cosas. Cuando no se está de acuerdo en cómo resolvió la situación nuestra pareja, es mejor comentarlo después en privado y llegar a un acuerdo sobre la línea de actuación en futuras ocasiones.
Hay que tener unas normas aunque los adolescentes protesten. Estas normas deben ser claras y aplicadas de forma consistente (es mejor tener menos reglas y cumplirlas que muchas y que los adolescentes acaben por no cumplir ninguna). También hay que diferenciar que alguna norma puede negociarse y que además deberán irse flexibilizándose a medida que la persona va madurando como por ejemplo la hora de llegada.
Hay que respetar su intimidad y espacio. Llamar antes de entrar en su habitación, entender que van a pasar mucho tiempo en ella o en el cuarto de baño, necesitan tiempo para estar solos y debemos proporcionárselo.
Es importante fomentar la comunicación. Para ello, hay que escucharles con atención y buena predisposición aunque no entiendas lo que te digan o no te parezca relevante, para ellos sí lo es. No los juzgues demasiado rápido ni te rías de ellos. Cuando el adolescente de forma espontánea intente hablar contigo no aproveches esa situación para reprenderle por algo, debes enviarle el mensaje de que vas a estar siempre dispuesto a escucharle. También es importante que siempre intentes hablar con ellos aunque parezca que no te escuchan o no te responden, algunas veces no lo hacen pero otras si.
Reforzarle cualquier buen comportamiento, sobre todo con palabras. Hay que tener en cuenta que aunque parece que sus padres son sus enemigos también necesitan sentirse queridos, apoyados y que ocupan un lugar en la familia. Cuando les elogiamos por algo, mejoramos su autoestima y les enseñamos qué comportamientos son buenos. Será importante para ellos aunque no te lo demuestren.
Cuando te dirijas a un adolescente es importante estar tranquilo y no alzar la voz. No dejes que te confunda, te desestabilice o te irrite. Es importante el control emocional y repetir nuestro mensaje con paciencia, sin ordenar ni amenazar.
Cuando surja un conflicto será complicado resolverlo en el momento así que hay que intentar hablar con ellos después de que todo haya pasado e intentar razonar cuando todo está más tranquilo. No esperes que vayan a reconocer verbalmente que se han equivocado así que intenta ver muestras en su conducta de que saben que lo han hecho mal o que se han pasado.
Los castigos funcionan mejor si son establecidas con anterioridad a la infracción, es decir, si el adolescente conoce la norma. Es mejor aplicarlo de forma inmediata a la realización de la conducta. Un castigo debe aplicarse siempre que aparece el comportamiento, si lo hacemos a veces el mensaje que estamos enviando es contradictorio. Es mejor no decir nada que amenazar con un castigo y no cumplirlo ya que perderemos autoridad. El castigo debe ser siempre de la misma intensidad y no depender del estado emocional que tenemos ese día.
Fomentar su autonomía. A veces los padres siguen viendo a sus hijos como unos niños que necesitan toda su protección. Hay que dejarlos libertad, que salgan con amigos, prueben actividades nuevas y se vayan distanciando gradualmente de su familia. A veces este paso produce miedo a los padres pero hay que asumir los riesgos y dejarles que vayan probando hasta que encuentren su camino, que vayan resolviendo sus problemas y no hacérselo todo nosotros o no les dejaremos crecer.
Fuente: http://www.iniciapsicologia.es
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