Juan Pablo II será declarado beato el próximo 1o de Mayo según anunció el Papa el pasado mes de Enero. Ante la noticia nadie ha quedado impávido, pero las reacciones han sido de lo más diversas dentro y fuera de la Iglesia.

LOS «NEGOCIANTES»
Estoy hablando aquí de Imprentas, Casas
Editoriales, Aerolíneas, Agencias de viajes, Hoteles y Fabricantes de souvenirs
y objetos promocionales y religiosos.
Este grupo recibió con gran alegría la
noticia de la beatificación (aunque la mayoría no tiene idea de lo que un beato
significa), por ver en ella una grandísima oportunidad para lucrar
económicamente con la devoción de las personas: sacaron de sus bodegas los
escritos ya empolvados de Juan Pablo II, para exhibirlos de nuevo, después de
cinco años de encierro, en los escaparates de las librerías; iniciaron la
producción en serie de estampitas, medallas, imágenes, banderolas, globos...
todos con la imagen de Juan Pablo II, para tener un buen stock a la venta en las
fechas próximas a la beatificación; bloquearon todos los vuelos a Roma y los
hoteles en esa ciudad, en esas fechas, para armar y vender “paquetes” para los
peregrinos que quieran asistir al magno evento y que puedan, claro, pagar el
sobreprecio.
Está bien, a mi juicio. Todos son negocios lícitos y, si usando
de pretexto algo bueno (muy bueno) como es la beatificación de Juan Pablo II, se
crean nuevas fuentes de empleo y se genera riqueza para las familias de los
comerciantes... está bien.
LOS «ENTUSIASTAS»
La
«Generación Juan Pablo II»... muchos millones de católicos que ahora tienen
entre 20 y 30 años. Nacieron y crecieron bajo su pontificado; vieron, en todos
los medios de comunicación, centenares de fotografías y escenas del «Papa
Viajero» abrazando a los niños, a los nativos, a los indígenas, a los enfermos y
ancianos. Lo vieron, con simpatía, en fotografías esquiando en los alpes suizos,
caminando por parajes hermosos con botas y mochila al hombro, poniéndose
sombreros típicos de los lugares que visitaba. Jamás leyeron un discurso, libro,
carta o encíclica de él (eran muy pequeños para hacerlo), pero todos gritaron
con entusiasmo, en algún momento, “Juan Pablo, segundo, te quiere todo el mundo”
al verlo pasar a lo lejos en el Papa-móvil o en algún evento multitudinario como
las Jornadas mundiales de la Juventud.
Esta generación está sensiblemente
emocionada con la beatificación. Se trata de «su Papa» al que todavía quieren,
extrañan y veneran, pues, aunque jamás leyeron nada de él, ni recuerdan una sola
palabra de sus discursos, su mera imagen les trae hermosos recuerdos de su
infancia.
No se han quedado quietos con la noticia. Gran parte de ellos está
ya organizando, en todos los rincones del planeta, Homenajes, Jornadas, Eventos,
para festejar la beatificación en grande y tener, sí, de nuevo, la oportunidad
de gritar emocionados “Juan Pablo, segundo, te quiere todo el mundo”. Ya han
reservado grandes escenarios, auditorios, estadios y cines y se encuentran
elaborando vídeos, himnos y canciones con los últimos avances tecnológicos y
sofisticadas escenografías para que en el festejo haya de todo: imágenes 3D,
sonido surround y efectos especiales que exalten el corazón de todo el
que asista.
A juicio de algunos, todo este entusiasmo juvenil, sus
esfuerzos y el dinero que se está invirtiendo en la organización de los magnos
eventos, sería mucho más fructífero para el Reino de Cristo si se invirtiera en
la evangelización y la formación de tantos católicos que no conocen su fe. No
sé... pudiera ser que tengan razón.
A mí en lo personal, más que la fiesta,
me cuestiona el hecho de que, si la beatificación autoriza sólo el culto local
(y no universal, que es permitido y obligado sólo después de la canonización),
tal como lo confirmó recientemente el Card Saravia aquí...
¿es lícito, canónicamente hablando, organizar y promover estos festejos
alrededor de la persona de Juan Pablo II fuera del lugar en donde será la
beatificación?
Dejo la pregunta al aire, pues no conozco la
respuesta.
LOS «RESENTIDOS»
Cuando mucho son una
decena de personas, eso sí, muy ruidosas, extremadamente ruidosas, que están
verdaderamente furiosas con la beatificación. En su momento le presentaron
peticiones a Juan Pablo II, éste no se las concedió y ahora, resentidos, buscan
la manera de vengarse de él tratando de difamarlo ante los medios, alegando que
fue encubridor, solapador y no sé cuántas cosas más. No hay quien los escuche,
pero seguramente seguirán gritando en los medios que se presten a difundir su
rencor.
LOS «CASTIGADOS»
Aquí hablo de esos pequeños
grupúsculos que, como los anteriores, también están resentidos en contra de Juan
Pablo II porque fue él quien los puso “en su lugar” y los amonestó, en público,
desenmascarando sus infidelidades. Acá están, entre otros, los teólogos de la
liberación, las feministas radicales, los homosexuales, los curas casados, los
promotores del sacerdocio femenino y de la abolición del celibato. Todos estos
rechazan la idea de la beatificación, tachando a Juan Pablo II de retrógrada e
intolerante. En fin... con sus quejas, groseras e irrespetuosas, sólo están
luciendo y confirmando lo mal que están.
LOS «CRITICOS»
Personas entre 45 y 60 años, buenos católicos (muy buenos) que
vivieron la transición Pío XII - Juan XXIII - Pablo VI - Juan Pablo II y
sufrieron con los desórdenes del post-concilio. Éstos, son de los que están
acostumbrados a buscar “el puntito negro en el arroz” con frases del tipo “Todo
muy bien, pero...”
La próxima beatificación de Juan Pablo II no ha sido la
excepción y los críticos han empezado a buscar y encontrar “los negritos”.
Siguieron de cerca a Juan Pablo II, escucharon con atención sus discursos,
leyeron sus cartas y encíclicas, lo admiran, lo quieren, saben que fue una
persona excepcional, pero...
- ¿Por qué besó el Corán en 1999?
- ¿Por qué
en el encuentro con la juventudes mahometanas los invitó “a vivir su fe también
en otros países”, en lugar de invitarles a convertirse al cristianismo?
-
¿Por qué, en México, aceptó recibir una “limpia” de manos de una bruja, durante
la ceremonia de canonización de San Juan Diego?
- ¿Por qué permitió que se
pusiera la imagen de un buda sobre el altar (reservado para la Eucaristía)
durante el encuentro en Asís y, en cambio, no permitió, ahí mismo, que se
entronizara la imagen de la Virgen de Fátima “por no herir la sensibilidad de
las otras creencias”?
- ¿Por qué permitió, en África, que una mujer
topless leyera las lecturas durante la Misa?
- ¿Por qué puso una
oración en el muro de los lamentos en Jerusalén, como si fuera judío?
- ¿Por
qué aumentó misterios al Rosario, siendo una oración “intocable” dictada por la
mismísima Virgen?
- ¿Por qué se rebajó a “orar” junto con brujos vudús
(abiertamente satánicos) en el encuentro de Asís?
- ¿Por qué...?
En
fin... estas personas no son malas (al revés). Quieren la beatificación de Juan
Pablo II, pero... sí... expresan, un poco consternados, que les hubiera gustado
que alguien les explicara si se revisaron, durante el proceso, estas acciones
“poco ortodoxas” (a su juicio) de Juan Pablo II.
Ignoro si la Santa Sede hará
público todo el estudio previo a la beatificación. Supongo que no. Así que estas
personas se quedarán con la duda y, estoy segura que en cuanto se declare beato
a Juan Pablo II, lo venerarán obedientemente, pues son personas fieles al Papa y
al Magisterio.
LOS «FANS DEL CARD. RATZINGER»
Éste es un
grupo bastante numeroso de excelentes católicos que aman profundamente a a la
Iglesia; conocen y defienden la Tradición y la Sagrada Liturgia y que, basándose
en las palabras del entonces Card Ratzinger en el Vía Crucis del 2005 (unos días
antes de la muerte de Juan Pablo II) se preguntan: “¿puede ser declarado beato
alguien que dejó la Iglesia en este estado tan deplorable?”
Aquí copio
algunos extractos de las palabras del Cardenal (*):
"Pero, ¿no
deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia?
¡Cuántas veces se abusa del santo sacramento de su presencia, en qué vacío y
maldad de corazón entra él con frecuencia! ¡Cuántas veces celebramos sólo
nosotros sin darnos cuenta siquiera de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa
de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías!
¡Cuánta suciedad en la Iglesia y también entre los que, por su sacerdocio,
deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta
autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la reconciliación, en el
cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! [...]Señor,
frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace
agua por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos
abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los ensuciamos nosotros mismos.
Nosotros somos quienes te traicionamos[...]"
Este grupo está
erróneamente convencido de que Juan Pablo II se dedicó a viajar y a establecer
relaciones diplomáticas y descuidó, mientras tanto, el interior de la Iglesia y
el depósito de la fe.
La existencia de este grupo es lo que me impulsó a
escribir este artículo, pues estoy convencida de que están en el error.
Efectivamente, durante todo el pontificado de Juan Pablo II, los medios se
dedicaron a publicar sólo sus viajes apostólicos y diplomáticos y sus hermosas
fotografías con gobernantes y personas con trajes folclóricos. Pero... hubo una
parte muy importante en el pontificado de Juan Pablo II que los medios dejaron
en la más completa obscuridad. No le hicieron la más mínima promoción, no sé si
por ignorancia u omisión voluntaria. Es el «lado obscuro» del pontificado de
Juan Pablo II, no porque sea tenebroso, sino porque se quedó en la obscuridad de
los archivos vaticanos.
Para este grupo, quise hacer una lista (de
ninguna manera exhaustiva) de algunas cosas que se hicieron durante el
pontificado de Juan Pablo II para defender la fe y disciplina dentro de la
Iglesia.
Pensaba ponerla aquí mismo, pero al hacerla resultó ser una
lista demasiado larga para dejarla en el cuerpo del artículo, así que la pongo
en un artículo aparte, al que pueden acceder aquí:
1978-2005:
aspectos menos conocidos en los 27 años del Pontificado de Juan Pablo
II
Confío en que, al verla, este grupo reflexionará y se dará cuenta
del gran trabajo que hizo (también hacia dentro) Juan Pablo II.
LOS
QUE MEJOR SABEN DEL TEMA
Acá están, por supuesto, el Papa y todo el
equipo que colaboró directamente en el proceso de beatificación: Mons. Slawomir
Oder, postulador de la causa, abierta formalmente el 28 de junio del 2005; los
vicepostuladores, los miembros del Tribunal Rogatorial en Cracovia, los censores
teólogos (encargados de analizar todos sus escritos), los testigos de visu y
ex auditu que declararon; el promotor de justicia (antes llamado "el abogado
del diablo"); el miembro del Colegio de Relatores que habrá presentado la
ponencia a la Comisión de teólogos y éstos, que con su voto positivo la pasaron
a los Obispos y Cardenales miembros de la Congregación para las causas de los
Santos.
Estas personas sí saben del asunto pues estudiaron a fondo (muy
a fondo) la vida y obra de Juan Pablo II y presentaron su voto a favor para que
Benedicto XVI lo declarara Venerable, junto con Pío XII, el 19 de diciembre del
2009, confirmando formal y públicamente su vivencia heroica de las
virtudes.
En este grupo también está el grupo de médicos, encabezados por
el Dr. Patrizio Polisca que llevaron a cabo, después, las investigaciones
alrededor de la veracidad del milagro presentado (la curación inexplicable e
inmediata de la monja francesa Marie Simon-Pierre, enfermera de profesión, quien
sufría la enfermedad de Parkinson) y que es el que, al haber sido confirmado,
permite que el Papa declare la beatitud de Juan Pablo II.
Yo, junto con
la grandísima mayoría de los católicos, me uno de corazón a este grupo. Si el
Papa, en su sabiduría y bondad y de acuerdo con todos los estudios que le han
presentado, ha decidido declarar beato a Juan Pablo II, a mí no me queda duda
alguna; me uno a su alegría confiando plenamente en que todo el proceso se llevó
a cabo de manera meticulosa y exigente tal como el mismo Benedicto XVI dejó
establecido en la instrucción sobre el procedimiento en las causas de los
santos, Sanctorum Mater
No queda más que dar gracias a Dios por
la beatificación próxima y por el fecundo y prolongado pontificado de Juan Pablo
II con el que Dios ha enriquecido, bendecido y fortalecido a su Iglesia y al
mundo entero.
¡Que viva Juan Pablo II! y que Dios les llene de
bendiciones a todos ustedes.
Lucrecia Rego de
Planas
Dirección
http://es.catholic.net
Comentarios al autor: lplanas@catholic.net
Tags: Juan Pablo II