Ignasi Bofarull

Videojuegos: retar a los hijos, ¿por qué no?
Lograr un tiempo libre que fortalezca los vínculos entre padres e hijos
se ha convertido en uno de los retos para la familia de hoy. Ante la
expansión espectacular de la industria de los videojuegos, algunos
padres han optado por unirse al enemigo: en lugar de prohibir las
consolas en casa, establecen unos tiempos de uso y juegan partidas en
red con sus hijos.
Ocio y tiempo libre: un reto para la familia
De entre todos los géneros de videojuegos posibles, la "aventura" es el
preferido por muchas familias estadounidenses. Los ejemplos más
populares son "World of Warcraft", "Guild Wars" y "City of Heroes".
Aunque algunos tienen contenidos violentos, en general están pensados
para que juegue en equipo toda la familia; según los expertos, el hecho
de que compartan una misión común evita el riesgo de aislamiento y
favorece la interacción entre los miembros del equipo.
En los videojuegos de este tipo, los padres suelen escoger a un
personaje que representa un rol parecido al que ellos desempeñan en la
vida real. Así, en "Guild Wars", las madres se identifican con el
personaje de la "healer", una mujer que emplea sus poderes mágicos para
curar a los heridos. Durante la partida los padres gestionan el dinero
de los demás jugadores, por lo que los hijos aprenden a gastar lo justo.
Las partidas en red son, además, una buena manera de acercar a los
miembros de una familia que se encuentran alejados por motivos
profesionales. Así lo explica Mike Musgrove en "Washington Post"
(20-04-2006): "Este tipo de juegos es, junto con las llamadas
telefónicas y los "e-mails", una oportunidad más de 'estar juntos'". A
su juicio, el hecho de jugar en red y de tener un objetivo común ayuda a
fortalecer los vínculos familiares.
Otro de los efectos positivos de los videojuegos en la familia es que
permiten conocer mejor algunos aspectos de los demás. Para Roger Founts,
profesor de psicología en Central Washington University, una partida en
red puede servir para revelar algunos rasgos de la personalidad de los
hijos y de los otros miembros de la familia. Por ejemplo, gracias a una
de estas partidas, Founts descubrió las buenas dotes organizativas de su
yerno, algo que hasta entonces había pasado inadvertido.
Divertirse con el cine clásico
Ver cine en familia es otra manera positiva de invertir en el ocio
familiar. Sobre todo, cuando se trata de películas clásicas que los
hijos no conocen. Daniel Akst cuenta en "The Wall Street Journal"
(14-04-2006) cuál fue su sorpresa cuando descubrió que sus hijos de seis
años lloraban de risa con "The Music Box" (1932), protagonizada por
Stan Laurel y Oliver Hardy, el gordo y el flaco. Después del éxito, Akst
probó suerte con los hermanos Marx. El resultado fue idéntico: varios
minutos de carcajadas inteligentes.
Aunque Akst no es de los que añoran "tiempos mejores", reconoce que la
industria cinematográfica se ha olvidado en gran parte de la familia y,
por eso, propone redescubrir a los clásicos. "Mientras que ahora las
mejores películas familiares son de dibujos animados como "Finding Nemo"
o "The Incredibles", antes –para bien o para mal– casi todas las
películas eran familiares. Lógicamente muchas de esas cintas se han
quedado desfasadas, pero gracias a los DVD podemos rescatar todo el
material bueno que hay en los archivos de Hollywood, y disfrutarlo
juntos sin preocuparnos por los desnudos, el lenguaje grosero o la
excesiva violencia".
Además de servir como ocasión de encuentro, ver cine en familia brinda
una oportunidad educativa. Akst celebra que sus hijos no se rebelen
contra él por las "nuevas" películas que trae a casa, pues está
convencido de que les sirven de provecho. A sus pocos años, ya cuentan
con una cultura cinematográfica envidiable. También han aprendido algo
acerca de la vida, la filosofía e incluso de los negocios. Por ejemplo,
dice, "Champagne for Caesar" (1950) les dio una visión actual sobre la
manera en que los negocios y la cultura se alimentan mutuamente.
De todos modos, advierte Akst, conviene conocer los gustos de los hijos,
pues no todo el cine clásico les entusiasma. "Como era de esperar
–bromea–, los míos no toleraron bien las películas románticas ni tampoco
los musicales".
Aceprensa
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