
Este domingo, que cierra la octava de Pascua, suele llamarse "in albis",
es decir, de las vestiduras blancas que habían llevado los nuevos
bautizados durante toda la semana. Todos cristianos de ayer o desde hace
mucho tiempo, somos de alguna manera "recién nacidos", tenemos la
necesidad de comprender mejor "que el bautismo nos ha purificado, que el
Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido", como
reza la Oración colecta de la Misa.
El relato de la aparición de Cristo a los diez apóstoles y luego a Santo
Tomás, muestra aquí su luz y su certeza, a la vez que expresa por boca
del mismo Tomás la fe de todas las generaciones cristianas: "Señor mío y
Dios mío". Debemos pensar que los cristianos muchas veces, como los
Apóstoles, estamos encerrados por el miedo a los hombres y unidos por la
muerte. Es necesario que venga y se aparezca Cristo, que abra puertas y
ventanas, para que salgamos a testimoniar la fe pascual, a proclamar
que con la resurrección el futuro se ha hecho presente.
Este futuro nuestro es cuestión de fe, no de evidencia. Por eso es
necesario superar un concepto táctil y comprobador de tener que meter
las manos para estar seguros de lo que creemos.
Andrés Pardo
www.mercaba.org
Tags: La Fe en el resucitado