Recibir algo puede suponer realizar un acto de profunda humildad, puesto
que preferiríamos no recibir nada, para no tener que deber favores,
demostrar agradecimiento, admitir una humillación
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| La virtud de recibir aunque duela |
Duele recibir consejos, opiniones o ejemplos, pedidos o no, que
nos hagan pensar en nuestros defectos o errores. Suelen ser
llamadas de atención a la conciencia, para que reflexionemos y
obremos de otra manera. Sobre todo cuando al reflexionar aceptamos,
aunque sea internamente, que tienen razón. Algunas veces ese dolor
suele durar hasta que cambiamos de actitud, pues mientras no
lo hagamos, quedará pegado en nuestras mentes, como la arena
y el cemento cuando fraguan. Máxime si esos consejos se
reciben en las edades que nos creemos que lo sabemos
todo, adolescencia y vejez y si se han analizado y
sopesado bien y aún con todo, se insiste en no
cambiar el comportamiento, pues está presidido por terquedad, orgullo y
soberbia.
Duele recibir consejos si estos abren el entendimiento o la
conciencia, para cambiar algo de lo que cuesta hacer. Duele
más si los consejos recibidos no han sido pedidos, máxime
si el que los da, sabe que los necesitamos o
es una persona que no nos cae del todo bien,
porque nos fijamos más en los defectos del que da
el consejo, que en el consejo en si mismo. Preferimos
descalificar al mensajero, antes que analizar el mensaje.
Al recibir consejos,
muy pocas veces, nos suscitan un sentimiento de profundo agradecimiento,
hacia el que nos los da gratuitamente y en nuestro
propio beneficio. Al recibirlos deberíamos sentirnos más humildes y menos
engreídos. Nos duela o nos guste, todos debemos sentir que
necesitamos recibir de los demás, algún tipo de ayuda material
o espiritual, de lo contrario seríamos unos auténticos soberbios y
prepotentes, creyendo que lo tenemos o sabemos todo. Dicen: Del
viejo, el consejo.
Recibir consejos no duele, al contrario, alegran tontamente
cuando se paga a adivinos, brujos, charlatanes, echadores de cartas
y todo ese mundo exotérico, que con su parafernalia engañan
a los incautos e ignorantes clientes.
Necesitamos recibir de los demás,
nos duela o no. No podemos hacer todo solos, pues
el hombre es un ser social por naturaleza. Es imprescindible
dar y recibir amor, pues sin amor no podemos vivir.
Este amor suele estar reflejado también en consejos, opiniones y
ejemplos. Recibir amor de los demás, nos debe llenar de
inmensa alegría. Todos queremos que piensen en nosotros, se acuerden,
nos comprendan, etc. Y si el amor que recibimos, es
del todo desinteresado, aún nos llena más, aunque tengamos que
reconocer nuestro dolor, porque nos ha herido nuestra vanidad u
orgullo.
También duelen los consejos de los médicos, sacerdotes, pastores, rabinos,
imanes, asesores financieros, buenos amigos, etc. porque nos indican
lo que debemos o tenemos que hacer, en nuestro propio
beneficio o en de la familia o sociedad. Duelen porque
no queremos que nadie nos diga, lo que tenemos que
hacer.
Cuando nos dan un consejo, duela o no, tenemos que
sentir agradecimiento hacia el que nos lo ha dado, e
intentar corresponderle directa o indirectamente, con hechos o con palabras,
aunque nos cueste hacerlo. Decir muchas veces “gracias” con sinceridad,
es una manera de reconocer a esa persona, que estamos
apreciando el favor o servicio que nos ha prestado, aunque
nos haya dolido aceptarlo. Siempre cabe pagar con oraciones, a
aquellos que han sido generosos con nosotros. Además de las
oraciones, hay mil maneras de devolver a la comunidad los
favores recibidos, aunque desconozcamos quien nos la dado.
Recibir algo puede
suponer realizar un acto de profunda humildad, puesto que preferiríamos
no recibir nada, para no tener que deber favores, demostrar
agradecimiento, admitir una humillación, etc. Duele cuando hay que recibir
algo que nos humilla, que creemos que nos hace de
menos o que nos recuerda nuestras desgracias. Por eso
al dar algo, incluso con la mejor buena voluntad, hay
que ponerse siempre en el lugar del que lo recibe,
para no herirle nunca con lo que se da. Sean
cosas materiales o espirituales.
Aceptar lo que dan, puede suponer una
adhesión hacia el que lo da, conllevando posibles obligaciones comprometedoras,
como en el caso de los sobornos disimulados, que posteriormente
son reclamados o insinuados, para que se haga algo de
intenciones obscuras. Puede doler en el momento de recibir lo
ilegal, por lo que se intenta rápidamente olvidar la obligación
adquirida.
Los padres enseñan a los hijos a contestar “Gracias” cuando
les dan algo. Pero tienen que saber inculcarles, el que
no sea solamente un “da las gracias Pepito a este
señor” Porque desgraciadamente, esta frase es para muchos niños donde
empieza y termina la única educación que reciben sobre el
agradecimiento, al hacerlo por presión y no por convencimiento enseñado.
Los
padres tienen que enseñar a sus hijos a mostrarse agradecidos
y enseñarles, que tienen que devolver de alguna manera lo
que les han dado gratuitamente. Desde ese gracias educado, hasta
tener el propósito de compartir lo recibido con sus hermanos,
parientes o amistades. Si en el momento no lo pueden
compartir, deben tenerlo en cuenta, para cuando puedan hacerlo, pues
saben que cuando se recibe, hay que corresponder dando, cuando
sea, lo que sea e inmediatamente que se pueda.
Duele tener
que pedir favores económicos o sociales para familiares o amigos,
pues muchas veces, supone humillarse ante quien lo da, dejar
el orgullo y la soberbia aparcados, para conseguir que alguien
nos de algo.
Que dolor, pero cuanta satisfacción se siente, si
es que se puede clasificar así, cuando rechazamos algo que
nos dan, porque sabemos que no debemos recibirlo, pues no
es bueno para nuestra salud física, mental, religiosa, económica, legal
o social. Puede ser desde alguna comida que nos apetezca,
pero que no sea sana o sea muy cara, ropa
que no deberíamos ponernos, conversación para que continuemos con una
crítica, actividades que nos alejan de la moral o de
la religión o cosas que sean contrarias, a la práctica
de las virtudes y valores humanos. Cuando nos dan o
quieren darnos una propina o regalo económico, que nos puede
comprometer por acción u omisión contra nuestras personas, creencias o
leyes.
Pedir tiene sus técnicas, las cuales son utilizadas por los
profesionales pedigüeños. A éstos nos les duele recibir, al contrario,
tienen muchos trucos para saber alimentar el ego, orgullo o
incluso la avaricia, de los que quieren que les den.
Estimulan con sus palabras, gestos e invenciones, los más profundos
sentidos de la avidez humana, ya que prometen lo increíble,
para conseguir sus objetivos.
Recibir vacunas también duele, pero beneficia. Las
medicinas son amargas, pero curan. Recibir una reprimenda o castigo
duele, pero se puede aprovechar para aprender. Los consejos que
hacen cambiar las actitudes, también duelen, pero ayudan a triunfar.
Los golpes que da la vida, si los recibimos con
inteligencia, podemos aprovecharlos para sacarles buenos rendimientos. Para algunos duele
estudiar, porque dicen que es aburrido o no lo entienden,
pero hay que sacrificarse y dejar de disfrutar de lo
que apetece, pues siempre produce grandes satisfacciones. Recibir normas de
educación y cumplirlas también duele, pero sirven para mejorar las
relaciones con la familia, los amigos y la sociedad y
permiten portarse educadamente con los demás, aunque ellos no lo
hagan con uno. También duele recibir enfermedades, penurias, desgracias, sean
propias o ajenas, pero hay que recibirlas con conformidad y
aceptación.
Recibir consejos de los médicos puede doler, porque algunas veces
limitan nuestras apetencias, por ejemplo: Comer demasiado o determinadas cosas
que nos hacen daño, tomar bebidas alcohólicas, fumar, mantenerse sin
hacer ejercicio, etc. Pero aunque duelan, debemos hacer caso a
lo que nos dicen.
Incluso duele recibir, cuando vemos que otras
personas que nos quieren, sufren por cuidarnos o consolarnos. Sufrimos
por hacer sufrir. Máxime si nos están dando su cariño
hasta límites insospechados, ocasionándonos un fuerte dolor al ver la
situación que, voluntaria o voluntariamente hemos producido y los esfuerzos
que hacen para mitigárnosla. Recibir el cuidado, consuelo y cariño
de familiares, enfermeros, sacerdotes, pastores, rabinos e imanes y comprobar
como sufren al darlo, duele internamente. Algunas personas prefieren no
permitirles que les ayuden, para no verles sufrir. Es una
gran virtud recibir el sufrimiento con resignación, aunque duela.
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Sentencias sobre recibir, aunque duela:
1.
Abandonarse al dolor sin resistir, es abandonar el campo
de batalla sin haber luchado.
2.
Algunos piensan que el dolor sólo se combate con
la medicina. Sin embargo, hay dolores que se curan con
el amor.
3. Allí donde
está el dolor, está también lo que lo salva.
4.
Amado, bendito, glorificado y santificado
sea el dolor propio, si se emplea en beneficio propio
o de los demás.
5.
Bien poco enseñó la vida, a aquellos a los que
no enseñó a soportar el dolor.
6.
Dad palabra al dolor: el dolor que no
habla, gime en el corazón hasta que lo rompe.
7.
Donde hay mucho sentimiento, hay
mucho dolor.
8. El dolor
lleva a buscar las causas de las cosas, mientras que
el bienestar induce a la pasividad y a no volver
la mirada atrás.
9. El
dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran
maestro.
10. El dolor es para el alma, un
alimento fecundo.
11. El dolor es por sí mismo
una medicina.
12. El dolor no es malo, a
menos que nos supere.
13. El dolor que se
calla, es más doloroso.
14. El dolor es para
el alma un alimento fecundo.
15. El dolor tiene
un gran poder educativo: nos hace mejores, más misericordiosos, nos
vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta
vida no es un juego, sino un deber.
16.
El verdadero dolor, es el que se sufre sin testigos.
17.
El hombre a quien el dolor no educó,
siempre será un niño.
18. En huir del dolor,
nunca hay victoria.
19. Es un alivio llorar; las
penas se desahogan y son arrastradas por las lágrimas, el
dolor es la sal de nuestra vida.
20. No
hay grito de dolor, que en lo futuro no tenga
al fin por eco, una alegría.
21. No se
puede edificar felicidad sobre el dolor de nadie.
22.
Nunca se olvidan las lecciones aprendidas en el dolor.
23.
Para comprender el dolor, no hay inteligencia como el
dolor mismo.
24. Para superar el dolor, hay que
aceptarlo.
25. Si no está en tus manos, cambiar
una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la
actitud, con la que afrontes ese sufrimiento.
26. Quien
recibe lo que no merece, pocas veces lo agradece.
27.
Si tu afán es recibir, aprende a ser generoso.
Recibir
aunque duela, para algunos puede ser un problema, grande o
pequeño. Si es grande, es que es una serie de
pequeños problemas sin resolver, que han dejado pasar, por estar
ocupados o preocupados con otros asuntos.
Artículo realizado con la colaboración
de Doña Marisa Ruiz de la Torre, de Valencia, España.
Consulta
también: Las virtudes de dar hasta que duela
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