Todos poseemos esa lámpara pero tal vez, no tiene aceite, está apagada, inservible. Está dentro de nosotros y hoy es el momento propicio para buscarla.
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Son tardes de lluvia, tardes de mayo, pero ha dejado de llover.
Miramos la calle y parece que se ha roto un gigantesco espejo y sus
pedazos, en el suelo, reflejan trozos de un cielo azul muy pálido. La
tarde tienen algo de magia que nos hace meditar.
Nos viene a la mente un cuento de la infancia en que un humilde
muchacho, llamado Aladino, tenía una lámpara que en un principio creyó
inservible pero cuando la hizo brillar surgió de ella un gran Genio que
le concedió todos sus deseos. Era la lámpara maravillosa y en muchas
ocasiones hemos deseado poseerla.
Pues bien, todos poseemos esa lámpara pero tal vez, como la del cuento, no tiene aceite, está apagada, inservible.
Está dentro de nosotros y hoy es el momento propicio para buscarla.
Ya la encontramos. ¿Por qué no le ponemos un poco de aceite? ¿Por qué no la encendemos? ¿Lo intentamos?
Cuando ella brille se nos cumplirán todos nuestros deseos.
Tal vez le falta el aceite de nuestra sonrisa. Sonriamos y veremos cómo brilla. Dicen que una sonrisa vale más que todo el oro del mundo...
O tal vez... le falte el aceite de la esperanza, ese aceite que hará que nuestra vida tenga un por qué.
Y...quién sabe si no logramos hacerla brillar porque el bálsamo o aceite del perdón ¡nos cuesta tanto!...¡nos resistimos a ponérselo! Encendámosla con él y un milagro se realizará en nuestras vidas.
Perdonemos aunque esté abierta la herida. Perdonemos aunque tengamos
sabor a hiel en la boca que nuestro corazón sabrá de la dulzura del
perdón. Perdonemos y la lámpara brillará y su luz dará calor a nuestra
existencia.
Tal vez nuestra lámpara necesite tan solo del aceite de la diligencia y alegría.
Si se lo ponemos nos levantaremos cada día optimistas y felices.
Trabajaremos de la mañana a la noche poniendo nuestro máximo esfuerzo en
lograr la excelencia. Tal vez esos trabajos no nos sean muy gratos pero
son nuestro deber, después buscaremos algo de nuestro gusto y le
daremos un lugarcito en el día para poder dedicarnos a ello.
No dejemos pasar las horas sin hacer algo.
Llenemos nuestros días y nuestra lámpara brillará con nuevos
destellos para nosotros y para los demás. Tenemos que hacer el esfuerzo
para vivir esa magia. Busquemos dentro de nosotros y sabremos qué es lo
que necesita nuestra lámpara para brillar y con su luz alcanzaremos a
ver y a encontrar muchas cosas que ahora nos están negadas.
Que el aceite del amor sea el principal ingrediente para que
su luz llene toda nuestra existencia y nuestros actos. Esa lámpara
maravillosa que Dios puso en nuestro corazón no la dejemos arrinconada y
sucia, si queremos que con ella se cumplan nuestros deseos la debemos
pulir y no dejar apagar su llama.
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