La Iglesia ha dedicado el mes de mayo a María, a la dulce Reina de nuestras vidas, es por eso que comenzando con una simple oración le regalamos nuestro corazón:

Oh María, oh dulcísima, oh dueña mía!. Vengo a entregarte lo
poco que poseo yo, pues sólo tuyo soy para que lo pongas en oblación ante el
Trono de nuestro Señor. Te doy mi voluntad, para que no exista más y sea
siempre la Voluntad del Padre Celestial.
Cada día del mes de mayo tiene que ser una flor para María. Por eso le
regalaremos en cada jornada de su mes una meditación, una oración, una decena
del Santo Rosario y una florecilla. De este modo iremos formando un ramo de
flores para nuestra Reina del Cielo que nuestros ángeles custodios le llevarán
en actitud de veneración.
Flor del 20 de mayo: María Corredentora
Meditación: Llegaron los días del Calvario para el Hijo,
el Cristo…y también para la Madre. Cristo se entrega, María se entrega y
entrega al Cordero de Dios en oblación de amor. ¡Qué dolor!. La Madre sigue el
rastro de la Santa Sangre en la calle de la amargura, el Gólgota. Busca en su
Dulce Jesús la preciosa mirada del Niño que alguna vez acunaba. El Cristo, su
Cristo es una sola Llaga…y la miraba…su Corazón traspasado, también Sangre
derramaba al ver la tragedia Sagrada, veía los Clavos como taladraban aquellas
Manos que un día la acariciaban…y aquellos Pies que tanto caminaron sanando y
santificando la tierra seca fruto del pecado. Ella que escuchó Sus primeras
Palabras también las últimas escuchaba…y Su última mirada…a Su Madre amada sólo
Amor confesaba…Su último latido, el de su Niño que había perdido. El Padre le
pidió lo que Abraham ofreció, pero Ello tomó ese cáliz y lo bebió hasta el
final. Perdón María porque sola te dejamos, porque no queremos nuestro pequeño
calvario, perdón por preferir sólo vivir para mí, lleno de egoísmos y de vacíos,
perdón por decir que mi cruz es pesada, si tú por mí haz sido también
clavada…clavada espiritualmente la Madre, clavado en Su Cruz el Hijo, y todos
esos Clavos debieron ser míos.
Oración: ¡Oh María Dolorosa, Oh Madre Corredentora!. Hazme un
alma piadosa que esté junto a tí en el Calvario y permíteme participar del
dolor de la Cruz para ser como tú, para asemejarme al Rey, y así poderlo ver.
Amén.
Decena del Santo Rosario (Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria).
Florecilla para este día: Meditar sobre nuestro destino de
corredención junto a la Madre, que nos enseña el camino de la Cruz y nos invita
a recorrerlo junto a Su Hijo, Jesús, como Ella lo hizo.
Tags: Mes de MARIA