viernes, 24 de junio de 2011

Mientras en la democracia se predica la igualdad de la sociedad entera, ¿por qué el ciudadano debe ganarse la vida con un salario normal cuando para la clase política el sueldo es sólo uno de los beneficios?

  

Hay una constante que se repite sin importar credo, nacionalidad o ideología dominante en un país. Cuando un gobierno insta a sus ciudadanos al ahorro, el ejemplo nunca empieza por casa

La convocatoria se orienta a un pueblo que ya con los bolsillos flacos, no puede gastar menos de lo que gasta. Pero, ¿qué pasaría si sucede al revés? Si la clase política, presidentes, ministros, gobernadores, intendentes, diputados, senadores y funcionarios públicos excluyeran de sus rutinas diarias todo aquello que implica millones de dólares y en lugar de aportarse a la ciudadanía sólo llega a sus propios bolsillos.

Ser político tiene demasiados privilegios, y hasta ahora ninguno de ellos ha tenido la coherencia para decir y hacer lo que se predica en campaña. ¿ Existe ejemplo de un funcionario estatal que haya renunciado absolutamente a los privilegios que le brinda el poder? ¿Cuáles son estos privilegios? ¿Cuánto gasta el Estado en los beneficios para sus miembros?

Mientras en la democracia se predica la igualdad de la sociedad entera, ¿por qué el ciudadano debe ganarse la vida con un salario normal cuando para la clase política el sueldo es sólo uno de los beneficios? ¿Somos todos los ciudadanos iguales frente al poder ?

La desigualdad entre ostentar un cargo público y ser un individuo normal, es inconmensurable. En este contexto, la crisis española es un buen ejemplo de que pertenecer al Estado, tiene sus privilegios. El caso de las pensiones vitalicias es la mejor muestra: mientras un ciudadano español tiene una pensión 'máxima' de 32.000 euros, un político tiene derecho a cobrar pensiones vitalicias con montos muy superiores, como de 74 mil euros.

Pero, no sólo eso. Cuando un individuo debe trabajar al menos 35 años para poder cobrar su jubilación un diputado o un senador sólo deberá permanecer 7 años en un cargo para optar por una pensión máxima.

Pero, lamentablemente la desigualdad no es española. En la Argentina, el gobierno gasta el 22 por ciento de su presupuesto en 'gastos públicos' ¿Cuánto dinero no se le devuelve a la comunidad? Unos 21.544 millones de pesos se gastan en subsidios. Jamás habría que olvidarse que la fuente de esa cifra proviene del sacrificio de los ciudadanos de un país.

Además, si a ese monto se le suman los fondos fiduciarios y algunos fondos que se gastan sin ingresar al presupuesto oficial, la cifra aumenta al 30 por ciento del presupuesto. Para decirlo de otra manera, 3 de cada 10 pesos que tiene un argentino el Gobierno los utiliza para gastarlos en subsidios.

Entonces, si a un ciudadano se le pide que ajuste su presupuesto, ¿será posible pedir que parte del dinero que le quita el Estado vuelva dónde corresponde? Una respuesta positiva es una utopía allá a lo lejos.

La grandilocuencia del gasto público también se exhibe en excentricidades. Por ejemplo, el presidente español José Luis Zapatero es el único presidente de la Unión Europea que carga sus gastos vacacionales a los presupuestos estatales y viaja con 100 personas durante tres semanas. Y por su parte, los diputados pueden utilizar cuando quieran, y a cargo del Estado, aviones o trenes para realizar sus viajes. El gasto de este placer es de 5 millones de euros al año.

Pero no sólo de viajes de placer se trata. También hay regalos para ellos. Uno de los despilfarros es el dinero destinado a los obsequios navideños, para los que se otorgan cada año 160.000 euros a los funcionarios públicos españoles.

Los viajes austeros tampoco existen en la Argentina. El uso del presupuesto nacional para hospedarse en lujosos hoteles y darse todos los gustos, es un beneficio de ser presidente. Por ejemplo, la primera mandataria argentina Cristina Fernández llegó a pagar en el hotel austríaco Sacher, 4.100 euros la noche. A pocos días de anunciar su candidatura. Habrá que estar atento también al origen de los fondos para la campaña presidencial.

Resumiendo:

• No deben trabajar 35 años para jubilarse,

• con sólo transitar por un cargo se lees otorga una pensión, para nada despreciable, se habilitará en sus cuentas;

• no tienen gastos de trasporte de ningún tipo, ni para llegar a sus puestos de trabajo o para viajar por placer;

también tienen cubiertos sus gastos telefónicos; poseen una caja 'chica' para gastos a su antojo y hasta les compran sus regalos para navidad.

• Entonces, con gran parte de su vida absolutamente gratis, el resto quedará para darle más placer a sus vidas.

• La gran mayoría vuela en clase ejecutiva o Primera. Casi nadie en clase económica.

• El los controles migratorios tienen privilegios de acceso que no tiene el ciudadano común.

¿Qué le pasa al ciudadano común?

Debe trabajar 35 años a fuerza de sacrificio en un contexto de crisis económicas, con retenciones del Estado y procesos inflacionarios sin aumentos de sueldo, para luego poder recibir una pensión que no alcanza.

Ser político o funcionario debería entenderse como una 'Carga Publica'. Por vocación. Con un salario normal de mercado, sin privilegios, sin autos con chofer, sin viáticos alarmantes. Los ciudadanos comunes', manejamos nuestro auto, viajamos en bus, colectivo, nos pagamos las comidas y hacemos cola para cualquier trámite .

La desigualdad es ostentosa. La relación entre el Estado y el ciudadano, en este sentido, parece la de un amo y un esclavo, en donde uno trabaja para abastecer al otro.

Eugenia Plano - www.vidapositiva.com

 




Tags: ciudadanos iguales

Publicado por saavedragoffins102 @ 8:30
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