Aprender a dialogar es un arte

Hay quienes buscan una y otra vez la
discusión. Si uno intenta eludir el tema que lanzan al ruedo, empiezan entonces
a discutir que es necesario discutir.
El espíritu de amor a las discusiones surge desde
factores diferentes. Uno consiste en un anhelo irrenunciable que anida en todo
corazón humano: el deseo por encontrar la verdad.
A la verdad se accede de muchas maneras. Desde libros o
desde páginas de Internet, desde la radio o desde la televisión, desde
reflexiones personales o desde el diálogo ocasional o continuado con otras
personas.
Son muchos los caminos que pueden acercarnos a la verdad.
Como son muchos los caminos que nos alejan de ellas. Entre ellos, un camino
curiosamente erróneo en la búsqueda de la verdad consiste en discutir por
discutir.
¿Por qué es erróneo? ¿No es la discusión un ejercicio
saludable, un modo concreto para medir la propia capacidad de razonamientos y
la cultura adquirida a través del diálogo con quien piensa de otra manera?
El error no está en la discusión misma, sino en la
discusión por la discusión. Porque la discusión, como todo lo humano, sólo se
realiza de modo saludable si tiene un fin bueno, si se pone en práctica cuando
se dan circunstancias adecuadas, si se desarrolla desde actitudes buenas y
desde un mínimo de competencia sobre los argumentos tratados.
En cambio, si la discusión se convierte en un fin, en una
obsesión que aparta de lo importante, en una actividad que exalta las pasiones
y lleva a denigrar a los otros, en un juego dialéctico en el que importa sólo
vencer mientras queda de lado la verdad... entonces la discusión no sólo ha
dejado de ser buena, sino que se convierte en un camino hacia el mal, hacia la
injusticia, y, en ocasiones, incluso hacia la mentira o el engaño.
Aprender a dialogar es un arte. Discutir
sanamente, desde una apertura sincera a la verdad y sin dejar de lado el
cumplimiento de deberes importantes, enriquece a quienes entran en la “liza”.
Por eso, saber decir educadamente “no” a quien busca
discutir por discutir puede ser algo difícil, pero entonces nuestro
interlocutor recibirá una valiosa ayuda que le sirva para recapacitar. Tal vez
pronto podamos encontrarnos nuevamente, desde actitudes buenas y con un uso
adecuado del tiempo a disposición, para afrontar temas serios que nos interesan
apasionadamente y que nos permitirán una discusión útil, constructiva y
saludable.
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net
Tags: ¿Discutir por discutir?