Celebramos hoy, con toda la Iglesia, la gran solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. Posiblemente nada nos parece más razonable a los cristianos que esta proclamación solemne y pública, ante todo el mundo, que hacemos hoy. Queremos reafirmar de modo expreso --con el deseo de que suene nuestra voz hasta el último confín-- la realeza, el señorío, el poder, el dominio absoluto dél Hijo de Dios encarnado sobre todo cuanto existe. De la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue hecho.
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